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Badalona 14.05.2006 en imágenes

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21 de abril de 1981, veinticinco años de un día histórico

por Salvador Trepat

Hoy hace 25 años que Bruce Springsteen (con sólo 31 años) actuó por primera vez en España. Fue un martes, 21 de abril de 1981, cuando más de 6.000 personas tuvieron la suerte de presenciar el mejor concierto que Springsteen y la E Street Band han dado en Barcelona y en España. Un recuerdo inborrable de una actuación pletórica de un artista en apogeo, antes de la transformación por el éxito masivo unos años después con la explosión de Born in the USA. De hecho ni siquiera se agotaron las 8.000 entradas disponibles para ese concierto, algo impensable hoy en día. Cuando llegó aquí acababa de editar un doble álbum magistral, The River, y estaba triunfando en su primera gran gira por Europa (en 1975 hizo una minigira de presentación con sólo cuatro conciertos, en Inglaterra, Holanda y Suecia). Lo de Barcelona fue prácticamente una «escapada», entre medio de los conciertos en Francia (dos en Paris, el 18 y 19 de abril, y uno en Lyon el 24 de abril).

Ese mes de abril sonaba «Sherry Darling» por la radio, el segundo single extraído del álbum (hablamos de singles de vinilo, de dos canciones. En la cara B aparecía la entonces inédita «Be True», todo un regalo) y España aún se despertaba del susto del intento de golpe de estado del 23-F. El día del concierto la zona aparecía repleta de «grises» (como se conocía a los policías en esa época, por su traje gris), lloviznaba, y los primeros fans en llegar a los accesos del viejo pabellón a media tarde tuvieron la suerte de poder entrar por una de las puertas (por error de algún portero) y contemplar con sus propios ojos como Springsteen se paseaba por las gradas comprobando personalmente el sonido mientras la banda tocaba «Hungry Heart» en el escenario.

Ya de noche, el torbellino eléctrico creado por la E Street Band en el escenario tuvo su adecuada respuesta desde la pista. Bruce (que venía de Alemania y Francia, de tocar ante un público bastante tranquilo, sino frio) descubrió el entusiasmo del público local, encendido y extasiado con los sonidos y las vibraciones que llegaban desde el escenario. El feedback, la comunicación y la complicidad fueron totales, acabando en éxtasis absoluto casi tres horas después mientras la E Street Band repetía las últimas notas de «Rockin’ All Over The World», ante casi siete mil voces que hacían casi más ruido que los instrumentos de los músicos. Springsteen quedó impresionado con este público y empezó su particular relación con la ciudad y, en general, con el público español (no hay que olvidar que una buena parte de aficionados se desplazaron desde Madrid en diversos buses organizados por tiendas de discos. Springsteen era poco conocido entonces a nivel popular, pero era un auténtico mito americano entre los aficionados españoles al rock).

El entusiasmo fue tal que practicamente toda la prensa diaria dedicó artículos sobre el concierto, todos elogiosos, muchos contagiados por el indiscutible éxito de la actuación del americano. Incluso el Telediario de la época dedicó una mención al concierto, aunque sin imágenes.

(foto derecha: F.Fábregas/Vibraciones 1981, Danny, Clarence y Bruce en pleno éxtasis en el Palau d’Esports de Barcelona)

La revista Disco Actualidad, editada en Zaragoza, en su número de Mayo de 1981 calificaba el concierto de «Una noche para el recuerdo». Gonzalo de la Figuera describía así el concierto:

«Con una puntualidad inusitada, allí estaba él. El mejor concierto de rock que se haya visto en España (no podía ser de otra manera) acababa de comenzar. Resulta difícil resumir en unas líneas el cúmulo de sensaciones que vivimos aquella histórica noche del 21 de abril. La pasión, la fuerza y la universalidad del idioma rocanrolero se dieron cita durante más de tres horas, tres inolvidables horas en las que se puso de manifiesto que Springsteen es la representación más visceralmente viva del espíritu del rock. (…)

El Boss posee el secreto de hacer de lo más sencillo un arte difícilmente superable: le basta con su sinceridad, su entrega absoluta y su aspecto de tipo corriente y simpático para transmitir unas emociones y vivencias que son suyas pero que también son de todos nosotros. El público sabía todas las canciones y cantaba a grito pelado, Bruce dejaba cantar, dirigiendo el micro hacia la gente, y un inmenso coro continuaba por él. Se subió por el piano, por los baffles, se recorrió el escenario de rodillas acompañado de Clarence Clemons (¡que fantástico negrazo!) y se lanzó prácticamente encima de los espectadores de las primeras filas, guitarra en ristre, acercándose a ellos lo más posible, haciendo de aquello un acto de comunión entre músicos y público de una emotividad acongojante. Incluso hizo subir a bailar con él a una afortunada muchacha, que le abrazaba y le besaba, mientras Bruce no dejaba de bailar y sonreir satisfecho.

La E Street Band funcionó a las mil maravillas, y especialmente en las baladas Roy Bittan y Danny Federici demostraron su excepcional clase. «Point Blank» y «Racing in the Street» sonaron a sobrecogedora música celestial. La versión de «Because the Night» fue también soberbia. Y «Thunder Road», y «Rosalita», y «Out in the Street», y «Cadillac Ranch», hasta llegar al primer bis con el clásico «Born to Run»; el segundo encore fue «Rockin’ All Over The World», definitiva síntesis de todo lo que es Springsteen.

(foto arriba, izquierda: F.Fábregas/Vibraciones 1981)

Bruce Springsteen, él solito, te hace creer en el rock and roll, te devuelve las ganas de vivir y de sonreir. Es un colosal antídoto contra la depresión y la tristeza. Tres horas de Springsteen en directo valen por mil elepés de lo que tú quieras».

Otros periodistas musicales no escatimaron en elogios. Diego Manrique comentaba: «Lo que más me ha agradado es ver cómo Springsteen asimilaba todos los años en bares y clubs y cómo el tío no lo ha superado sino que lo ha integrado al espectáculo. Todos esos shows son típicos de gente como James Brown o los músicos negros. Era divertido ver como Springsteen entraba en esa tradición. (…) Yo le he visto con mucho entusiasmo aunque casi la estrella es el chulo-negro que tiene una parte absolutamente alucinante».

En la revista El Gran Musical, Joaquín Luqui consideraba el show de Springsteen como «El concierto del Siglo».

Ignacio Julià y Jordi Beltrán calificaban el concierto de «Inolvidable» en el nº de Mayo de la revista Vibraciones. Julià describía así la experiencia: «Han pasado ya más de veinticuatro horas y todavía me cuesta creerlo. Bruce Springsteen ha estado aquí, en Barcelona, y se ha llevado de calle los corazones hambrientos de todos los rockeros españoles. Su único show ha sido recibido por igual en todos los medios de comunicación y comprendido por un público totalmente compenetrado con la maravilla de New Jersey. Todos nos quedamos secos ante las tres horas de vitalidad total y absoluta que nos ofreció la E Street Band. (…) Cuando las luces se apagaron, un inmenso clamor recibió a Bruce y su banda. La ténue iluminación marcó el inicio de «Factory». (…) El público admitió con silencio un primer tema lento y poético hasta que la banda empalmó directamente con «Prove it all night» y el escenario explotó en una descarga de luz y electricidad. (…) Bruce vive a tope su música y desgarra sus vísceras en cada canción, en cada aullido estremecedor, en cada solo de guitarra, porque además es un guitarrista feroz y genial».

Foto izquierda: el poster que anunciaba la actuación.

Tras el concierto Springsteen concedió algunas entrevistas que fueron publicadas en las revistas Popular 1, Vibraciones y El Gran Musical.

Como recuerdo del concierto quedan las fotos, (impactantes en especial las de Francesc Fábregas publicadas en las revistas Vibraciones y Popster), alguna grabación pirata con sonido deficiente y, sorprendentemente, una filmación (ver los vídeos) de 25 minutos hecha por un atrevido fan desde la grada (ver foto, abajo a la derecha), único testimonio de una noche memorable y ciertamente irrepetible.

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Repertorio del concierto:

*Primera Parte*
FACTORY
PROVE IT ALL NIGHT
OUT IN THE STREET
THE TIES THAT BIND
DARKNESS ON THE EDGE OF TOWN
INDEPENDENCE DAY
WHO’LL STOP THE RAIN (John Fogerty)
TWO HEARTS
THE PROMISED LAND
THIS LAND IS YOUR LAND (Woody Guthrie)
THE RIVER
BADLANDS
THUNDER ROAD

*Segunda parte*
CADILLAC RANCH
SHERRY DARLING
HUNGRY HEART
BECAUSE THE NIGHT
YOU CAN LOOK (BUT YOU BETTER NOT TOUCH)
POINT BLANK
RACING IN THE STREET
BACKSTREETS
RAMROD
ROSALITA (COME OUT TONIGHT)

*Primer bis*
BORN TO RUN
DEVIL WITH THE BLUE DRESS MEDLEY

*Segundo bis*
ROCKIN’ ALL OVER THE WORLD (John Fogerty)

GALERÍA DE FOTOS

Autores de las fotos (desde arriba hacia abajo):
(1) Ramón Hortoneda
(2) José Luís Álvarez
(3) José Luís Álvarez
(4) Emilio C.
(5) Emilio C.
(6) CBS
(7) Flowers







We Shall Overcome: paseo desenfrenado por la música americana

por Jesús Jerónimo

Llevo todo el fin de semana escuchando por fin el nuevo álbum de Springsteen: We Shall Overcome – The Seeger Sessions. Cuando se anunció un nuevo disco folkie del de New Jersey basado en los temas de Pete Seeger (una leyenda del folk y no menos de la izquierda americana), muchos nos esperamos una nueva entrega de guitarras de palo e intimismo. Porque hacía muchos años que Bruce no se relajaba: parecía que todo tenía que ser serio y reflexivo, que el mensaje iba antes que la música.

Pues bien, todo ello está dentro de este Seeger Sessions, pero por fortuna, Bruce esta vez se ha decidido por un formato mucho mas variado en lo musical. Armado de un puñado de temas cuyo origen se hunde en la noche de los tiempos (recomendable leer el interesantísimo ensayo de Dave Marsh sobre cada tema en la página oficial de Springsteen) y de una banda de desconocidos veteranos de esto de la música americana, Springsteen ha conseguido dar salida a sus obsesiones y de paso crear un disco para la historia. Banjos, violines, trombones y trompetas reinan, y de qué manera, en este disco de versiones de Springsteen.

WSO (We Shall Overcome, Venceremos!) sale directamente de las húmedas y cuasi-olvidadas ruinas de New Orleans, bebe de la frustración de sus abandonados habitantes y nos lleva de paseo por esa verdadera música americana que salió de las tripas de la ciudad de Lousiana. Imposible obviar las múltiples referencias a canales e inundaciones que pueblan un disco lleno de rabia contenida, sí, pero sobre todo de esperanza. Significativas en ese sentido son «Oh, Mary Don’t You Weep» y «Erie Canal». El bardo americano plantea su crítica al neoliberalismo de la administración Bush y su olvido de los débiles utilizando argumentos realmente antiguos: un puñado de temas provenientes de aquellos lejanos tiempos cuando América era una promesa, donde todo el mundo tenía su oportunidad (o eso nos ha contado) en lugar del arrabal de seres humanos rotos en que el capitalismo salvaje a ultranza ha convertido a toda una nación.

Musicalmente, es un disco variado, irreprochable y absolutamente vertiginoso. Jazz, bluegrass, gospel, blues. Springsteen toma como punto de partida un cancionero conocido y lo transporta a otra dimensión, llevando al oyente de la mano a un paseo desenfrenado por la música americana. Sólo Bob Dylan con su Love & Theft había llegado tan lejos. Es difícil destacar momentos en concreto, quizá el desenfreno de «Oh, Mary Don’t You Weep», cruce de caminos donde se encuentran preciosos coros gospel con el jazz, o la serena grandeza de «Shenandoah», con unos metales finales que erizan el cuero cabelludo. Son los mejores ejemplos de la naturalidad de este apasionante álbum.

En otros temas Springsteen recorre una parte del camino ya transitado por Tom Waits, particularmente en «Erie Canal» y «Eyes On The Prize» (el mejor tema del disco, y mira que es díficil quedarse con uno) donde el sonido seco del banjo con un contrapunto de metales nos coloca directamente en la América profunda de los desolados y los freaks.

En resumen, un disco inmenso y que estaremos escuchando con admiración dentro de muchos años.

El mito sigue creciendo.

We Shall Overcome: canción a canción

por Miguel Martínez

Como siempre, las primeras escuchas se rozan con el juicio precipitado, con el ansia que provoca lo nuevo y, en fin, con esa incertidumbre de contestar correctamente, con temple de adivino, a la pregunta de “¿es esto bueno, regular, malo?”. Aquí estamos una vez más, con las antenas tiesas ante un nuevo disco de Bruce Springsteen. Lo digo ya: me está gustando mucho. Pero que mucho. También avanzo que “We Shall Overcome: The Seeger Sessions” va de una música y de una, digamos, cosmovisión con la que comulgo desde hace años. Pero eso no basta para justificar el subidón que me provoca enfrentarme a esta grabación una y otra vez (y ya llevo unas cuantas, y varias en el coche y a buen volumen, que es casi como la música mejor te devora): porque esta grabación supura una celebración de la vida a borbotones y a chorros, es un grito de agua sin cloro y, qué diablos, te empapa a gusto. Si el rock’n’roll, como a veces alguien ha escrito, ha existido siempre será porque estaba en canciones como éstas, sobre todo en canciones como éstas pero interpretadas como aquí se tocan y se cantan. Sin darle respiro al artificio, sin ensayos, sin cortarse un pelo. Espirituales, swing, Kansas City y Nueva Orleans, Irlanda, oh Irlanda, marineros y estibadores, pendencieros y plegarias. Un álbum magnífico.

Old Dan Tucker
Esta canción ya era famosa en 1843. Juegos de palabras que recuerdan al Dylan de mediados de los 60 y a “Blinded By The Light” (todo eso nos lo dice Dave Marsh en los excelentes créditos del libreto). El banjo marca el paso y la voz de Bruce entra arrasando. Folk-rock montañés.

Jesse James
Como la “Seeds” acústica, ¿recordáis, pero con todo el atrezo del Lejano Oeste, ampliada, aireada. Siéntense en el saloon y escuchen la historia del bandido Jesse James, aquel cabrón al que la leyenda popular pintó como un Robin Hood. La canción cabalga sobre un caballo trotón.

Mrs. McGrath
Si hay un país que sobrevuela el disco, ése es Irlanda. Pues aquí está una balada antibélica irlandesa por excelencia. Allá por 1815 ya circulaba por Dublín. Los violines se hacen con el mando. Parece que en cualquier momento vaya a aparecer Shane MacGowan, de The Pogues.

Oh, Mary Don’t You Weep
Hay tres espirituales negros en el álbum y éste es el primero que suena. Es como si un grupo de esclavos fuese en procesión por la calle y Springsteen, al frente, les instase a cantar con orgullo sobre la esperanza en la liberación. La cosa va de brodas and sistas y es bien emocionante.

John Henry
Una de las canciones donde la garganta de Bruce se tensa más. Es la vieja historia del hombre contra la máquina, que acabó con un héroe (John Henry) muerto pero con la rebeldía intacta. El tema va cogiendo calor y se convierte en un tour de force entre Texas, los trenes y el cajun.

Erie Canal
Seguimos con Irlanda, ni que sea en el espíritu. Otro himno de bar para una canción sobre un canal que significó mucho para Nueva York durante el siglo XIX. El banjo y el acordeón se reparten los más destacados papeles secundarios, el principal recae en un Bruce melancólico.

Jacob’s Ladder
Segundo espiritual. Un in crescendo como no se le escuchaba desde ¿”Backstreets”? Es decir: vamos de más a más, y subiendo. Los coros se inflan, él se lo toma a pecho y les coge la delantera y así estrofa tras estrofa. ¿Dónde ocurre todo esto? Se diría que por Nueva Orleans.

My Oklahoma Home
Otra que, como Jesse James, va sobre un caballo, sólo que éste camina más tranquilo, disfrutando de paisajes lejanos. No en vano es una composición sobre la nostalgia. Está cantada con ese tono cercano, de recién levantado, que pone cuando quiere incitarnos a la morriña.

Eyes On The Prize
Un himno sagrado. Mucho más recogido y lento que los dos anteriores, es un rezo que nos llega más desde la habitación que a través del altar. Un violín subraya la tristeza. La Biblia (Viejo y Nuevo Testamento) inspiran sus palabras. La trompeta la hace bailar con sentimiento.

Shenandoah
¿Alguien dijo Ennio Morricone? Pues pensemos que está sentado en una taberna, sí, otra vez una taberna y otra vez irlandesa, que llueve fuera, que se acuerda de algún río lejano, el Missouri por ejemplo, y que ayer reescuchó a Van Morrison y eso le ronda por la cabeza.

Pay My Money Down
Será uno de los highlights de los directos de la gira. Muy negro, aunque esto no va de iglesias sino de calpyso y de estibadores portuarios reclamando su salario. Si se quieren similitudes estamos ante el “Waiting On A Sunny Day” del Springsteen folky. ¡Te he dicho que me pagues!

We Shall Overcome
Es la misma versión que grabó en 1998 para el disco de homenaje a Pete Seeger,pero se ha añadido algún mínimo retoque (ahora no tengo delante aquella toma). Ya sabéis: un lento vals de reafirmación en el poder del “la unión hace la fuerza”.

Froggie Went-A-Courtin’
Empezábamos con aire montañero y así acabamos. Baja el telón una canción infantil (igual que “Pony Boy” cerraba “Human Touch” y la nana agridulce pero adulta de “My Best Was Never Good Enough” hacía lo propio en “The Ghost Of Tom Joad”). La armónica da la última nota.

The Seeger Sessions: a flor de piel

por Miguel Martínez

La casualidad ayuda. Motivos laborales le llevaron a uno al festival South By Southwest de Austin y resultó que en su programa de actos estaba la primera listening party oficial del disco We Shall Overcome: The Seeger Sessions. Era 17 de marzo y tuvo lugar en la tienda Waterloo Records, que repetía primicia: también ahí, en el marco del South By Southwest de 2005, debutaron las listening parties de Devils & Dust.

No somos ni un centenar de personas las que hemos acudido al local para escuchar a Springsteen cantar en la encrucijada donde se encuentran los ríos del folk. Me esperaba más. Dice el dueño que hace un año aquello estaba hasta los topes. Hay gente que ha ido con sus hijos pequeños y los hay que caminan por la tienda bebiendo cervezas. Los unos y los otros aciertan: estamos a punto de disfrutar de música apta para todos los públicos (o así debería ser) y que incita a mojarse los labios, sobre todo porque (como vamos a comprobar) ha sido grabada en satisfactorio estado de casi embriaguez.

Primero se nos pasa el DVD en una pantalla de generosas dimensiones. Muestra el proceso de elaboración del disco, muy en plan cinema verité. Parece que no se hayan editado las imágenes, que aquello estuviese en crudo. Bruce silbándole a Soozy Tyrell como quiere que suene el violín, Bruce diciéndole a los músicos que beban, ¡qué beban!, Bruce tocando el acordeón (imaginario) al aire, Bruce alzando vasos pequeños y vasos grandes… ¡Bruce everywhere! El casi centenar de asistentes ríe y flipa: nuestro hombre, sí, parece un poco proetílico, o algo parecido, en más de un momento, y no sólo no lo disimula sino que lo enfatiza. ¡Y anima a su banda a que lo imite! Dice que quiere un sonido salvaje, en plan cervecero o borracho de whisky. ¿Estamos ante Shane McGowan de The Pogues? Vemos como lo lleva a la práctica. Primero escuchamos la grabación de John Henry, después Pay Me My Money Down. La primera parece folk-rock de antes del folk-rock, con mucha bravura; la segunda, cajun para bailar en la iglesia de unos braceros en paro. Sí, es un disco para bailar y/o llevar el ritmo con la suela del zapato, pisando fuerte el suelo, martilleándolo. Es efusivo, es un brindis. Springsteen está conectado, enchufado, a las canciones. Les pone nervio y el grupo tiene la cancha que necesita. Se graba con todos sentados en círculo, muy en directo. Todos menos la sección de viento, situada en lo que parece el pasillo. La escena del crimen es una habitación de madera llena de micrófonos y cables, nos recuerda lo leído y visto sobre The Basement Tapes. The Band y Bob Dylan circa 1967 nos sobrevuelan.

Bruce aparece también sentado con un sombrero en plan “mafioso en su finca”. Podría salir así en Los Soprano y daría el pego. Con esas pintas habla de la música folk y de su verdad. De que no necesita electricidad y puede ser tocada en cualquier lugar. A continuación lo vemos con la banda en el jardín, interpretando todos a pelo Buffalo Gals. De la teoría pasan a la práctica. Y de ese jardín al interior de la casa con O, Mary, Don’t You Weep, que nos remite al gospel campesino negro. Escenas de camaradería, de hermandad. Patti y su marido hombro a hombro, la cámara siguiéndola. Ella tiene protagonismo: en los créditos su nombre es el segundo en leerse, tras el de Bruce. Él sigue fiel a su camisa de cuadros azules. ¿Cuántos años hace que la tiene, más de diez?

Después del (fabuloso) DVD llega la hora de escuchar las canciones del CD. La selección empieza con Old Dan Tucker, con el acordeón y el banjo fogosos y Bruce estrujando su garganta. Jesse James no se queda atrás. Estamos ante la E Street Jug Band, viajamos en un circo con Kitty (recordad: Kitty’s Back) tarareando los dos volúmenes de Mermaid Avenue (recordad: esos en que Billy Bragg y Wilco recuperan a Woody Guthrie), seguimos la estela de una hipotética Asbury Thunder Review. Percibimos mucho aroma irlandés. De taberna irlandesa. De un tiempo al margen de los relojes. El disco no suena nostálgico ni fuera de época. Harán falta más escuchas, claro está, para llegarle al tuétano, pero tiene toda la pinta de que va a tocar la fibra de los seguidores abiertos a desafíos: al que no esté preparado para algo así le parecerá un disco feísimo, tal vez, tan feísimo como pueda parecerle escuchar los muy bellos y dolidos blues de Skip James o los vudús de Nueva Orleans del hechicero Dr. John. En Waterloo Records los padres acabaron bailando con sus hijos, y la versión de We Shall Overcome (muy parecida a la de 1998, tanto que dudé si era la misma) pintó caras de emoción. Con eso quiero decir: la música atravesó la piel. Que es de lo que se trata.

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