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La épica de Springsteen


por Salva Trepat

A pesar de su reluctancia a participar en actos de carácter político, Bruce Springsteen aceptó formar parte de los conciertos No Nukes en 1979 tras la insistencia de su amigo Jackson Browne, uno de los fundadores de M.U.S.E., la organización anti-nuclear formada por varios músicos.

En medio de las sesiones de grabación del que sería su álbum The River un año después, Springsteen se tomó un respiro para dar sendas actuaciones en el Madison Square Garden de Nueva York los días 21 y 22 de septiembre, acompañado de la E Street Band. Hacía sólo nueve meses que había terminado la gira Darkness on the Edge of Town, probablemente la más celebrada de su carrera, con conciertos apoteósicos de tres horas de duración que marcaron época. Las expectativas eran enormes.

Ambos conciertos fueron filmados por un equipo profesional de cine dotado de 6 cámaras estratégicamente situadas alrededor del escenario, tres de ellas justo delante de la zona central del mismo, donde Bruce entraba en contacto directo con los fans, y dos de ellas en los laterales (cerca de Danny y Roy), además de una cámara en el lado opuesto del pabellón que ofrecía un plano general del escenario y el público del Garden. Es precisamente la situación de esas cámaras la que nos ofrece una visión privilegiada de los conciertos, y nos lo hace vivir como si fuéramos espectadores situados justo en la primera fila, con la oportunidad de ver cada detalle de los movimientos de Bruce y su banda.

El sonido, estupendamente remezclado por Bob Clearmountain de las cintas multi-pistas originales, añade más contundencia al visionado. Tras un recibimiento clamoroso, Bruce arranca con la impetuosa «Prove it All Night» y lo primero que adivinamos es que la voz de esa gira ’78 sigue intacta, con Bruce dejándose la garganta en cada estribillo y sonando con la misma fuerza que en esa gira. El solo final de la primera canción así lo demuestra: incendiario. Max, esa bestia de la batería, aporrea como si no hubiera mañana y Bruce no para ni un segundo.

Dos segundos de pausa y el aullido «One, Two…» nos lleva a «Badlands». Son cinco minutos de intensidad creciente, con un énfasis vocal endiablado, Roy marcando con fuerza los clásicos acordes de piano y Max, de nuevo, redoblando con más fuerza que nunca. El apogeo llega con el solo de guitarra y los movimientos alocados a lo Pete Townsend (todo visto desde los poquísimos centímetros que separan la cámara del cuerpo de Bruce), enlazando con esa otra fuerza de la naturaleza que era Clarence Clemons, en un solo de una furia incontenible mientras Bruce salta sobre la tarima. No hay pasado ni diez minutos y el Madison es ya un delirio. Parece increíble que tras una versión como esta le quede ni un ápice de voz.

«The Promised Land», con intro de doble armónica, supone la primera toma de contacto con las primeras filas. Bruce se pasea por ambos lados del escenario y la zona frontal mientas aulla «blow away the dreams that break your heart», levanta el puño y siente el palpitar de sus seguidores más excitados justo delante de él. Acaba la canción y encontramos el primer incidente de la noche (hasta ahora todo lo visto es del concierto del día 22): un fan le entrega un pastel de cumpleaños. «¡No me lo recuerdes!» grita un Springsteen algo ofuscado pero medio sonriente. A continuación  lanza el pastel hacia el público y dice «Enviadme la factura de la lavandería». Un gesto innecesario en una noche en que tenía los nervios a flor de piel.

Inmediatamente arranca con una versión de «The River» memorable, me atrevería a decir que la mejor que haya interpretado nunca (la que conocíamos hasta ahora era de la primera noche). Bruce la borda. Siente cada palabra que recita, susurra o grita. Pocas veces le veremos tan emocionado (y casi con lágrimas en los ojos) cantando una canción. Eran otras épocas. Danny y Roy se muestran magníficos en sus instrumentos, junto a un hábil Garry Tallent bordando estupendas melodías al bajo.

Para romper la tensión creada, y pidiendo disculpas por el incidente anterior («Ya no puedo fiarme de mí mismo», afirma), llega la festiva «Sherry Darling», de nuevo en su versión original de 1978. Eufórica, excitante, de ritmo contagioso. Los juegos y carreras con Clarence provocan el entusiasmo general, y tras un largo solo de saxo, ambos corren hacía la parte trasera del escenario, para sorpresa de un público ya sobreexcitado que los recibe con entusiasmo. La guitarra de Bruce se desconecta (no había aun tecnología inalámbrica fiable en esa época) y los esfuerzos de su técnico Mike Batlan por re-enchufarla se convierten en una alocada y divertida persecución por el escenario hasta el fin de la canción.

Aquí es donde la película da un salto y nos encontramos ahora en el primer concierto, el del 21 de septiembre, con una espléndida versión de «Thunder Road» (de nuevo, y seguramente adrede, esta versión no es la misma que ya teníamos en la película original No Nukes, que era del día 22). Emocionante, intrépida y bellísima versión culminada, de nuevo, con un extraordinario arranque de Clarence, encaramándose con Bruce a las tarimas situadas detrás de Max, quien sonriente y eufórico golpea con fuerza en el tramo final del tema, mientras el jefe toma carrerilla y se desliza de rodillas por el escenario hasta los pies de Clemons.

Seguimos en el día 21 con la inmensa «Jungleland», y me hace un nudo en la garganta ese largo y memorable instrumental de saxo al final de la misma. Es impresionante, aquí y en todo el concierto, ver la extraordinaria agilidad y fuerza del imponente Clarence Clemons, su complicidad con Bruce en todas las canciones, sus juegos constantes, las carreras, los guiños, la potencia bestial con la que emprendía cada solo hasta llevar cada canción a un estado superior.

La recta final del concierto (recordemos: son sólo 10 canciones y tres bises) es tremenda: «Rosalita» (precedida de una breve introducción con «Stagger Lee») en su versión más acelerada, con presentación de la banda incluida, repleta de momentos de complicidad con su compinche Miami Steve Van Zandt, con quien canta a duo los estribillos. Bruce salta sobre el piano, corre como un poseso hacia los laterales, sube de nuevo a las tarimas y monitores y se lanza sobre la primera fila al acabar la canción. Tremendo. Sin pausa enlaza con la épica «Born to Run», poniendo el cierre a un concierto superlativo.

Foto: Lawrence Kirsch

Una de las cosas más destacadas de estos conciertos es ver a una E Street Band absolutamente compenetrada, una máquina musical arrolladora, contundente y totalmente eficiente, respondiendo a la perfección a cualquier signo o guiño de su líder. Una banda en su máximo apogeo (entonces sí, diga Bruce lo que diga año tras año, gira tras gira), en el periodo intermedio entre sus dos mejores giras: Darkness on the Edge of Town (1978-79) y The River (1980-81).

Y si creíamos que tras tal derroche de energía ya poca cosa quedaría en la reserva, llega la tanda de bises y asistimos con asombro a una exhibición de fuerza, sudor, energía y vigor que nos deja perplejos. Incluso desde el sofá de casa es agotador seguir el intenso ritmo que marca Bruce desde el inicio. Y no, no me refiero a la intensidad de la gira 78, pues allí había pausas y diversas baladas que permitían un respiro (al público, a la banda y al propio Bruce). Es la misma intensidad de esa mítica gira multiplicada por dos, sin pausas y concentrada en 90 minutos arrasadores.

Vuelven al escenario con sorpresas: Jackson Browne, Rosemary Butler y… ¡Tom Petty! (y aquí es cuando uno no puede contenerse y asoma la primera lágrima). «Stay» (día 22 de nuevo), popularizada por Browne en los 70, abre la tanda de bises. La cantan Jackson, Rosemary, Bruce y Tom, una estrofa cada uno. El momento Petty, ¡tremendo!, seguido de un solo de saxo marca de la casa y los cuatro cantando al unísono en el estribillo final. Sin pausa enlaza, con la magia de la edición, con el «Detroit Medley» del día 21. Una apisonadora de rock’n’roll, incluyendo el gag del «aviso de emergencia» habitual en sus conciertos en los 70 (no diré más, hay que verlo).

De regreso al día 22 siguen los bises con «Quarter to Three», un verdadero tour de force donde todo explota: Bruce, literalmente, enloquece y casi vierte más energía en una sola canción que en el resto del concierto. Sencillamente descomunal (¡y agotador!). ¡Qué derroche¡ ¡Qué vitalidad! ¡Este sí que es teatro del bueno!

La tijera del editor se deja ver de nuevo: «Quarter to Three» no está íntegra, ya que se ha eliminado (minuto 1:20:21) el segundo momento embarazoso de la noche, cuando Bruce, con cara de mala leche, bajó a las primeras filas al ver a su ex-novia, la fotógrafa Lynn Goldsmith (con quien había roto un año antes), le agarra el brazo, suben al escenario y Bruce anuncia al público atónito «esta es mi EX-novia!», y la lleva al lateral del escenario para que sea expulsada del pabellón. Un momento bajo para Bruce, ya que le gustara o no, Lynn era la fotógrafa oficial y autorizada de los conciertos No Nukes.

Ignorado el incidente, vemos el final apoteósico de la canción, con Bruce simulando un desmayo, para revivir a continuación tras la asistencia de los «enfermeros» Clarence y Steve, y finalizar el tema con un vigor y una épica como pocas veces se ha visto, con unos minutos de delirio y descontrol absoluto.

Mientras se inician los créditos, y con el público pidiendo más, la acción vuelve al escenario para el que fue el último bis del día 21: una hiper-acelerada versión de «Rave On» de Buddy Holly. ¡Adrenalina en vena para despedirse!

Se acaba la película y estamos exhaustos ante tan descomunal actuación. Un concierto arrebatador que te deja en estado de shock. De visionado obligatorio, The Legendary 1979 No Nukes Concerts es ya mi película favorita de Bruce Springsteen, superando con creces las expectativas y todo lo publicado hasta este momento.

Acabo con las palabras de Jon Landau en la nota de prensa (¡por una vez la hipérbole de un comunicado oficial es real!):

«Los años 70 fueron un periodo dorado en la historia de Bruce Springsteen y la E Street Band, y The Legendary 1979 No Nukes Concerts es el mejor documento de esa era que nunca tendremos. Es un espectáculo puro de rock de principio a fin, el nivel de energía es trascendente y el dominio del arte y el oficio de la música rock es sobrecogedor».

Todo lo que el cielo permitirá

por Asier Miner

Comenzamos a ver la luz al final del túnel. Poco a poco, aún con un fututo absolutamente incierto, pero con la sensación de que el peor momento lo hemos dejado atrás. En el caso de los amantes de la música, al menos hemos disfrutado de una compañera de viaje imprescindible a lo largo de este nefasto año. Gracias a la presencia de nuestros artistas inseparables, con el sonido de los discos y canciones que han marcado nuestras vidas, la soledad y el miedo han dolido menos, provocando que el día a día haya sido mucho más luminoso. No obstante, todavía tenemos una espina clavada: los conciertos. Cuánto se echan de menos y qué cantidad de noches habremos pasado fantaseando sobre el próximo directo mágico al lado de la mejor compañía posible.

Si eres fan de Bruce Springsteen, la agonía estará siendo incluso mayor. El de Nueva Jersey, junto a su inseparable E Street Band, llevan décadas ejemplificando los mejores valores del rock and roll. Su músculo interpretativo es tan sobrecogedor que, al presenciarlo, es prácticamente imposible no caer rendido a sus pies, especialmente al hacerlo por primera vez. Además, a la pasión desatada, desbordante energía y especial comunión que Springsteen contagia a sus aficionados, se le une otro factor igual de fundamental: el repertorio. Los casi cincuenta años de trayectoria musical del boss han dado como resultado un cancionero rico en matices, absolutamente esplendoroso. Bruce es capaz de llevarte a cualquier lugar. Su música explora territorios diversos, así como estados emocionales diametralmente opuestos. Por eso, estés triste o feliz, melancólico o rabioso, aterrado o esperanzado, su obra siempre es un camino reconfortante al que dirigirse. Siempre te sentirás comprendido por él, independientemente del estado vital en el que te encuentres.

Regresando a los conciertos, pensar que, si las condiciones lo hubiesen permitido, en 2020 Springsteen habría salido de gira debido a la publicación de su último álbum, Letter to You, provoca una sensación extraña, de oportunidad perdida. Es evidente que el tiempo pasa. Pese a su magnífica salud, los miembros de la E Street Band no son eternos. Parece mentira cuando los observas en escena, todavía pletóricos, vigentes, vertiginosos, transmitiendo un amor por su oficio envidiable. Aun así, nadie es inmune al transcurso de los años, y no tener certezas sobre el fin de la pandemia deja muchas preguntas en el aire. Está claro cuál es la principal de todas, la que merodea por la mente de los fans de Bruce: ¿Volveremos a verle?

La respuesta depende del desarrollo de la pandemia. Los conciertos regresarán cuando ésta se haya esfumado, más aún eventos tan multitudinarios como los que propicia el norteamericano. No cabe duda de que hay señales que invitan al optimismo, pero en casos como el actual la prudencia siempre es necesaria. No obstante, lo que salta a la luz es que la carretera es el territorio natural de la E Street Band. Los directos son su gasolina, la vitamina que mantiene la llama de la banda encendida. Tienen mucho que decir, no solamente por la espectacular calidad artística que siguen atesorando, sino también por el deseo por mantenerse activos que demuestran de forma constante.

Asimismo, es importante destacar el gran momento compositivo en el que se encuentra Bruce. Sus dos últimos discos, Western Stars y Letter to You, ponen de manifiesto que su inspiración le está acompañando. Mención especial merece la segunda obra, grabada con el grupo en tan solo cinco días. Un proceso que alumbró uno de los discos más sólidos y emocionantes de Bruce desde la entrada del siglo XXI, donde intérprete y banda se unieron como la familia que siempre han sido para remar en la misma dirección, con las habilidades y la ambición intactas, ayudados por el mismo fervor con el que dieron sus primeros pasos. Precisamente, esa es la sensación que prevalece después de ver el documental que acompañó a Letter to You: Springsteen no tiene una banda de apoyo, sino una familia que cree en él y continuará su estela hasta el final del trayecto.


Quizás por este motivo los conciertos de Springsteen son únicos. Porque ves pasar tu vida delante de tus ojos. Los momentos que han definido tu existencia. Tus amores y desamores, caídas y victorias, sueños cumplidos y rotos. Cuando le ves, empapado en sudor, exultante frente al micrófono, da igual la edad que tengas. Vuelves a ser el adolescente que dio su primer beso o aquel joven que daría lo que fuese por conducir toda la noche con su chica ideal. Con Springsteen te das cuenta de que todo es posible. Quién sabe todo lo que el cielo permitirá.

Barcelona 1981 – 40 años – Parte 7 (y última)


«EL CONCIERTO DEL SIGLO: Siete mil almas no daban crédito a lo que veían y oían en Barcelona» (El Gran Musical)


Foto: Ferran Sendra

Cerramos la serie con algunas de las entrevistas y crónicas del concierto publicadas en revistas mensuales como El Gran Musical, Vibraciones, Popster y Popular 1.


El Gran Musical – Mayo 1981 – Julián Ruiz y Joaquín Luqui (entrevista)

«Bruce Springsteen no es el futuro, ni el pasado, nu el presente del rock. Es, sencillamente, el rock».

«Hacía años que el público no veia o nosotros no veíamos un concierto como el de Bruce Springsteen. Hay que apuntar la fecha, porque es todo un acontecimiento. Todo el que estuvo el 21 de abril, martes, en el Palacio de Deportes de Barcelona tardará en olvidar o quizá no lo hará nunca, el maravilloso, quizá asombroso concierto que Bruce Springsteen dio a unos 7.000 aficionados que tal vez no daban crédito a las vibraciones que recibieron».

«Para todos los que vivimos esa noche, el concierto de Bruce Springsteen queda ya como uno de los momentos imborrables de nuestra vida musical».

«Yo no había visto nunca a una estrella de ese tamaño ser bueno, buena persona, educado, amabilísimo y que tras hora y media de conversación, tras la paliza de tres horas que se había dado encima de un escenario, aparezca como contento de la conversación y dispuesto a no darla por terminada como nosotros no quisiéramos».

«Sí, claro que estoy cansado. Pero, ¿qué voy a hacer? Ves a esa gente que está entregada a ti, que ha pagado, que te quiere ver en acción. Y, entonces, yo pienso que no puedo fallarla, de ni ninguna manera, que tengo que estar con ella. Y volcarme y matarme por ella. Es lo menos que puedo hacer. Pero es maravilloso responder a esa audiencia, yo me siento muy feliz, increíblemente feliz«.

«Soy perfeccionista, pero tengo que serlo. Tengo que ser honesto conmigo mismo. Cuando vaya a tocar en un escenario las canciones que he grabado,  necesito me gusten y que esté convencido de ellas«.

«Me ha influido mucho Elvis Presley, todo lo que hacía cuando subía a un escenario y era maravilloso. También me ha influido poderosamente una película como Las Uvas de la Ira; en realidad, yo no he leído mucho todavía. Me queda mucho por aprender, por leer y soy consciente de ello, porque trato de comprender el presente«.


Vibraciones – Mayo 1981 – Ignacio Julià y Jordi Beltrán

«Han pasado ya más de veinticuatro horas y todavía me cuesta creerlo. Bruce Springsteen ha estado aquí, en Barcelona, y se ha llevado de calle los corazones hambrientos de todos los rockeros españoles. (…) Todos nos hemos quedado secos ante las tres horas de vitalidad total y absoluta que nos ofreció la E Street Band. La gente salió del Palacio de los Deportes exhausta, terriblemente cansada y satisfecha».

«Los músicos estaban realizando la prueba de sonido. (…) Bruce se paseaba por toda la sala comprobando el sonido desde primera fila hasta la última grada. Quería estar seguro de que hasta el último espectador iba a escucharle a la perfección. En un mundo tan inhumano como el del rock, un acto así se convierte en la más grande prueba de valor y humanidad, en el reflejo de un alma predispuesta a comunicarse y darse por completo a todos y cada uno de los componentes de su audiencia».

«Con Prove it all Night el escenario explotó en una descarga de luz y electricidad. Absolutamente todo el mundo está brincando y bailando al ritmo de la banda de Asbury Park. (…) Después vendrán, inteligentemente estructurados, bloques de canciones hiper-eléctricas combinados con otros de baladas desgarradoramente románticas».

«Un espectáculo inolvidable y tan variado y real como la vida misma».


Popular 1 – Junio 1981 – Entrevista de Julián Ruiz e Ignacio Comas

«El muchacho todavía no da crédito a que sus canciones se corearan en el Palacio de los Deportes de Barcelona, que la gente hubiera respondido con una naturalidad asombrosa, como si fuera un elemento más de la familia, como si en realidad estuviera en casa».

«Bruce Springsteen es un genio aunque no es Elvis ni los Beatles ni siquiera Dylan, pero tiene un poco de los tres, aunque no sea original ni revolucionario ni sabiamente nuevo y sólo sea un maravilloso actor del rock, que interpreta como nadie el papel de número uno, como si cada noche en el teatro de un escenario de rock tuviera que demostrarlo».

«Esto es de lo que se trató, un concierto de rock, directo y con fuerza, sin trabas escenográficas ni ideologías que desviasen o interviniesen en la atención y apreciación de la música. (…) Clarence Clemons, con esa presencia humana importante y unos arranques espléndidos con su instrumento, hacía llegar a la música a esas cimas de fuerza, garra e impacto en el ánimo excitado del público, que los buenos saxofonistas saben conseguir como nadie».

«Apoya los codos en los brazos de su asiento, junta las mano, a veces esconde la cabeza y habla: Sí, claro que estaba cansado y me canso cuando salgo a escena. Pero veo esa gente, que ha pagado, que se emociona conmigo, vibra y, entonces comprendo que me tengo que volcar yo mismo, que tengo que sudar las canciones, que tengo que proporcionarles esa energía que ellos también están poniendo. Yo no creo en el futuro. Vivo del presente y de los momentos presentes. Siempre he pensado que me tomo un concierto como si en realidad fuera de verdad el último de mi vida. Es así. Ellos han pagado y se merecen lo mejor de mi parte«.

«Algunas de mis canciones pueden parecer básicamente autobiográficas, dan esa impresión, pero en muchas ocasiones no lo son. La verdad es que no todas tratan de mí. Algunas veces, simplemente me fijo en lo que tengo a mi lado y saco historias, historias que a mí me puedan convencer de verdad, que hasta cierto punto sean verdaderas«.

«No se puede definir el rock. ¿Para qué? Yo no quiero intentarlo. Pero el rock es como la vida. El rock es vida, es la vida. Se sufre, se es feliz con él, se siente, se manifiesta«.

«Hay algo peculiar en Springsteen y es que no habla mal de nadie. Toda persona que nombra siempre es para ponerla bien. No encuentra frases despectivas para nadie. Llegamos poco a poco al tema español: Pues sí, me ha sorprendido el público español. Pero me he dado cuenta de que en todos lados las reacciones de la gente son las mismas, que tenemos una misma comunión de ideas, unos mismos sentimientos. Y eso es maravilloso«.


Vibraciones – Junio 1981 – Ignacio Julià y Jordi Beltrán (entrevista)

«De todas las horas que pasé cerca de él, lo que mejor le define no es la energía feroz con que interpretó Backstreets, ni el arte y el sentimiento que puso en Point Blank, sino una anécdota que a muchos les parecerá idiota, pero le retrata a la perfección. Cuando a las cuatro de la madrugada terminó la entrevista, Bruce se despidió dándome un fuerte abrazo, y su gesto desbordó honestidad y simpatía, no tuvo nada de hipócrita. Muchos lo han intentado, pero él ha sido el único en convencerme -con su música y su persona- de que las cosas están muy mal, pero ¡qué demonios!, saldremos adelante. Ahora o nunca».

«Después de largas horas de espera, nos conseguimos el privilegio de entrar en el camerino de Bruce Springsteen. Son las dos y media de la madrugada, estaremos ahí hasta las cuatro. nada de fotografías, nada de mini-cassettes, CBS cuida muy bien a su cachorro predilecto. Bruce nos está esperando».

«¿Cómo puedes hacer un show como el que acabamos de presenciar y seguir vivo? Me lo han preguntado muchas veces… Existe una energía dentro de cada persona que aparece en el momento en que el cansancio parece estar acabando contigo. Esa energía llega en el mismo momento en que tu resistencia termina, pero tú sigues adelante, casi sin sentir tu propio cuerpo«.

«Nunca vi sonreir a mi padre, nunca. Puedes imaginarte lo que esto significó para mi. Nunca nos entendimos, pero ahora sé que había grandes cosas dentro de él, es solo que no supo comunicármelas, como yo no super comunicarle las mías«.

«Mi vida fuera de la música fue muy vulgar hasta que un día alguien me recomendó ‘Las uvas de la ira’, una película de John Ford que pasaban aquella noche por la tele. En América, cuando pasan por la tele una película en blanco y negro, todo el mundo automáticamente cambian de canal. Yo mismo había cambiado de canal varias veces al principio de ‘Las uvas de la ira’, pero aquella noche la vi. Y esa película despertó mi curiosidad por enterarme de las cosas, por leer libros, ver películas. Comencé a ver todas las películas de John Ford, que pude, los westerns y todo eso, y me enseñaron mucho más sobre la historia de mi país que todos mis años de escuela juntos«.

«Darkness es un disco con un único punto de vista, y con The River quise conseguir algo más parecido a la realidad, a la vida misma. En la vida hay momentos tristes y momento de reflexión, pero también hay momentos de alegría y, bueno, está muy bien salir el sábado por la tarde con los amigos y entrar en un bar con ganas de juerga. Creo que uno de los puntos más importantes de la música pop es que ha sido capaz de producir, en el mismo momento, cosas como Like a Rolling Stone de Bob Dylan y What’s Goin’ on de Marvin Gaye. Por esto en mi disco hay piezas festivas como Sherry Darling y Hungry Heart, y temas de reflexión como Point Blank«.

«¿Para cuando ese prometido disco en directo? Bueno, yo soy el primero que estoy interesado en grabar un disco en vivo, porque creo que mis canciones suenan mucho mejor en directo que en estudio. Pero ahora mismo estoy de gira y ya empiezo a tener ideas nuevas, y me muero de ganas de volver a casa para encerrarme unos días en unos estudios y empezar a trabajarlas- Pero supongo que ese disco en vivo saldrá algún día«.


Popster – Julio 1981 – Especial Bruce Springsteen – Ignacio Julià y Francesc Fàbregas (fotos)

Popster dedicó un número especial a Springsteen, repasando su carrera y con multitud de fotos del concierto de Barcelona del 21 de abril de 1981.

«Un nombre mágico. Para algunos la maravilla de New Jersey. Para otros el nuevo mesías del rock’n’roll. (…) Para mí, bueno, para mí Bruce Springsteen es la única superestrella digna de admiración, el último rocker, alguien que todavía es capaz de hacer maravillosas canciones, originales pero repletas de resonancias: Elvis, el rythm & blues, Sam & Dave, el poder de la música rock, Van Morrison, la música negra, América y todas sus contradicciones…».

«El doble álbum que ha vuelto a encumbrar a Bruce Springsteen, esta vez de forma universal, es seguramente la obra más importante, a todos los niveles, que un artista del rock ha realizado en lo que va de año. Es más, estoy seguro de que 1981 finalizará haciendo todavía más grande y torrencial ese caudal de canciones, conceptos y posturas vitales que Bruce nos ofrece. Veinte canciones que se combinan para crear una obra única e irrepetible, un documento de lo que es o debería ser el rock y, por extensión, la vida misma. Música vital y fresca con la que se puede bailar y beber los fines de semana, pero también música realista y comprometida con la realidad que nos hace pensar e incluso replantear la existencia cotidiana a cada uno de los que nos hemos enamorado perdidamente de The River«.

«Puedes aprenderte todos los discos de Bruce Springsteen de memoria, incluidos los piratas, y seguirás sin saber nada acerca de él hasta que le veas subido a un escenario. Su intensidad escénica es casi legendaria. La E Street Band es una de las formaciones rockeras más calientes y afinadas del mundo, y sabe apoyar en todo momento a un Bruce Springsteen que durante tres horas da todo lo que tiene y mucho más en un espectáculo tremendo en donde la comunicación total y absoluta con el público es lo más importante. Bruce hacer bailar a su público, le hace vibrar hasta el infinito, y le obliga prácticamente a vivir una experiencia única aprovechándose de una energía interpretativa feroz e increíble. Se ha dicho otras veces, pero debo repetirlo. Bruce Springsteen y la E Street Band en directo son ‘el mayor espectáculo del mundo’. Su única actuación española -el 21 de abril de este año en Barcelona- fue un acontecimiento histórico para el rock de este país».

Barcelona 1981 – 40 años – Parte 6


Añadimos unas últimas crónicas de periódicos, junto a las de las revistas musicales del momento, que se volcaron también en elogios. Tras el concierto, media docena de periodistas pudieron entrevistar al artista, en dos tandas, en los camerinos del pabellón, pasadas las dos de la madrugada.


El Correo Catalán 23 abril 1981 – Angel Casas

«No quisiera dejarme llevar por la vehemencia de una impresión tan reciente pero déjenme que opine del concierto del martes por la noche en Montjuïc, el que nos trajo por primera vez hasta esta latitud a uno de los hombres más importantes del panorama americano de estos tiempos, Bruce Springsteen, ha sido -¿pongamos uno de los 10 mejores para no caer en la trampa de la inmediatez?- que he presenciado en mi vida, que ya es larga y me ha propiciado la asistencia a infinidad de actos musicales».

«Springsteen con o sin guitarra, añadiendo la armónica en los momentos precisos, fue un huracán que arrasó con cualquier prejuicio o postura previa. Demostró la larga vida del rock americano y nos dejó con las manos dolidas de tanto aplaudir. Tres horas largas del mejor rock: el de toda la vida».


ABC 23 abril 1981 – Tomás Cuesta

«Es como si un toro te cogiese así, entre sus cuernos y te llevase así, como en volandas ,y te arrebatase el aliento sin herirte y se te tensases, de pronto, todas las fibras de la espalda».

«Con ustedes, Bruce Springsteen, el único héroe que ha parido el rock desde que Hendrix murió y los Beatles se divorciaron. El heredero del trono que dejó vacante Elvis. El más intenso de los compositores, el más transido de los cantantes. El más ingenuo, ergo el más libre. El menos mental, ergo el más sabio».

«Demuéstralo toda la noche, «prove it all night», a la segunda canción, Springsteen tiene a su público enhebrado. Después son tres horas y media de montaña rusa (…), de subir hasta que la sangre se hace música, ahí, en tus sienes, y se convierte en un golpeteo acompasado».


El País 25 abril 1981 – Entrevista de J.M. Costa

«Casi una hora después del concierto, y salvando la presencia poco agradable de unos guardaespaldas tamaño king size, unos cuantos periodistas circulan entre las frías baldosas de un pasillo. Todavía reciente el tremendo concierto, el encontrarse frente a quien lo ha personalizado produce un efecto raro, como de incredulidad teñida de agradecimiento».

«Aunque físicamente estés agotado, por dentro te sientes vivo y esa energía te hace olvidar el resto. Quiero que la gente reciba algo por lo que paga; pero es que, además, cuando entras en contacto con esa gente son dos fuerzas que chocan. Es maravilloso. Y así comienza a hablar. Con una parsimoniosa dificultad para articular lo que piensa cuando se mete en profundidades».

«Lo que más ha influido en mí han sido películas como Las Uvas de la Ira o gente del rock como Elvis Presley. Pero no he leído demasiado, aún me queda mucho por delante«.

«A todo esto, Bruce se levanta de cuando en cuando para acallar el follón del pasillo, vuelve a sentarse con un sonrisa de disculpa, piensa mucho cada respuesta y luego se lanza por los cerros de sus propias preocupaciones. Preguntado sobre lo que es el rock, su respuesta es simple: No tengo definiciones particulares. El rock es vida. No tengo una ideología, me gusta la vida«.

«Cuando hablo de la gente que sale de la fábrica con la muerte en sus ojos no estoy haciéndolo en abstracto. Yo no guardo ninguna imagen de mi padre riendo. Es eso. Y eso crea en el vestuario un punto de solidaridad que impresiona tanto como la brevedad, lo afilado y el sentido de sus palabras. Puede parecer absurdamente tierno. No lo es».


Cambio 16 – 4 mayo 1981 – Entrevista de José Luís Rubio

«La semana pasada Bruce Springsteen dio un concierto en Barcelona, única parada de una gira por varios países europeos. Fue un verdadero maratón -duró casi tres horas-, pero dejó más exhausto al público que al cantante».

«Mis canciones no son particularmente autobiográficas -explica-. No tienen por qué tratar expresamente de mí, pero sí tratan de mis emociones. Hay muchos detalles de ‘Racing in the Street’, por ejemplo, que son imaginarios, pero el núcleo, el corazón de la canción, es auténtico«.

«El director Martin Scorsese me puso su película Malas Calles para ver si me interesaba. Luego, las cosas no salieron adelante«.

«El rock ya no es necesariamente una música para adolescentes -precisa-. Atrae a gente joven y a gente mayor. Para mí el rock sólo tiene una definición: vida. Y se queda pensativo, como si le fuera difícil comprender su propio pensamiento, de rocker salvaje convertido a la civilización, que se estruja la cabeza durante el día y escapa por la noche de la jaula para prenderle fuego a los coches, a la carretera, a los jóvenes enamorados y a toda la música».


Disco Actualidad – Mayo 1981 – Gonzalo de la Figuera

«Con una puntualidad inusitada, allí estaba él. Y la E Street Band al completo. El mejor concierto de rock que se haya visto en España (no podía ser de otra manera), acababa de comenzar. Resulta difícil resumir en unas líneas el cúmulo de sensaciones que vivimos la noche del 21 de abril. Toda la pasión, la fuerza y la universalidad del idioma rocanrolero se dieron cita durante más de tres horas, tres inolvidables horas en las que se puso de manifiesto que Springsteen es la representación más visceralmente viva del espíritu del rock».

«El público se sabía todas las canciones y cantaba a grito pelado, Bruce dejaba de cantar, dirigiendo el micro hacia la gente, y un inmenso coro continuaba por él».

«Se subió por el piano, por los bafles, se recorrió el escenario de rodillas acompañado de Clarence Clemons (¡qué fantástico negrazo!) y se lanzó prácticamente encima de los espectadores de las primeras filas, guitarra en ristre, acercándose a ellos lo más posible, haciendo de aquello un acto de comunión entre músicos y público de una emotividad acongojante».

«La E Street Band funcionó a las mil maravillas, y especialmente en las baladas Roy Bittan y Danny Federici demostraron su excepcional clase. Point Blank y Racing in the Street sonaron a sobrecogedora música celestial. La versión de Because the Night fue también soberbia. Y Thunder Road, y Rosalita, y Out in the Street, y Cadillac Ranch, hasta llegar al primer bis con el clásico Born to Run«.

«Tres horas de Springsteen en directo valen por mil elepés de lo que tú quieras».


Mañana: los entusiásticos reportajes de Vibraciones, El Gran Musical y Popular 1.

Barcelona 1981 – 40 años – Parte 5


La noche del 21 de abril dejó una huella imborrable, como atestiguan las crónicas publicadas tras el concierto.


Diario Ya 28 abril 1981 – Antonio G. de Oteiza

«No sé que conciertos nos deparará este 1981, pero casi doy por seguro que hemos presenciado el mejor concierto del año o por lo menos el más intenso y arrasador.»

«La inundación llegó a sus niveles más altos con dos apoteósicos bises; un avasallador ‘Born to run’ y una auténtica declaración de principios, ‘Rockin’ all Over the World'».


Diario de Barcelona 23 abril 1981 – Noam Ciusqui

«El festival que ofreció el martes por la noche el señor, y nunca tan bien apropiado lo de señor, Bruce Springsteen fue todo un acontecimiento que a pesar de ser anunciado como tal asombró a grandes y chicos provocando la caída de la baba y el mayor estupor posible».

«Bruce se nos mostró arrasador y dejándose llevar por la gente se lanzó a ella a través de su música, coreada un sinfín de veces por todo el público. Bruce notó una conexión, una imparable ola que le envolvió con sus voces, brincos y gritos».

«Este muchacho que lleva a América en sus venas, que dejó un día la escuela porque tenía la necesidad de aprender de la vida, pasó por Barcelona dejando, repetimos, una profunda huella. Sin lugar a dudas calificaríamos a este concierto del martes por la noche como el mejor en lo que va de año y en lo que nuestras mentes pueden recordar».


El Periódico 23 abril 1981 – Gabriel Jaraba

«El concierto que el martes dio Bruce Springsteen en el Palacio de los Deportes de Barcelona ha sido, sin duda alguna, el mejor espectáculo rock que se ha visto en Barcelona en los últimos años».

«Una voz fuera de serie, una vitalidad en escena, una clarividencia en la selección del repertorio, una poesía en su interpretación y una fuerza imparable en la banda que le acompaña son sus poderes, a los que el público barcelonés se rindió por completo».

«Springsteen y su conjunto entusiasmaron al público barcelonés como hacía años no se había visto por aquí. Escuchando a Springsteen uno piensa en los buenos tiempos y se hincha de ánimo pensando en que si alguien es capaz de cantar así, puede que vuelva de nuevo».


El País 23 abril 1981 – Jose Manuel Costa

«De cuando en cuando, cada mucho tiempo en música, se dan aconteceres que rebasan cualquier capacidad de asombro, hechos frente a los cuales la lógica no sirve de nada, ni siquiera la comprensión. Así fue lo de Bruce Springsteen».

«Intentar describir lo que sucedió el pasado martes en el Palacio de Deportes de Montjuich es casi una locura, uno se siente pequeño y casi absurdo intentando hacerlo, porque lo único que apetece decir es algo así como qué bello, qué grande, qué bello».

«Clarence Clemons, un saxo negro vestido de verde y luego de rojo, que sonreía a todos cuando tocaba la pandereta, para luego soltar unos riffs que cortaban el aliento. Es una de las mejores bandas que corren por los escenarios, un prodigio a la altura del jefe».

«Luego subió a una amable espectadora hasta el escenario y se pone a bailar con ella, salta sobre el piano, corre por aquí y por allá, provoca la respuesta de la gente, sus coros. Rie con todos y grita con todos: se le ve disfrutar y nunca se cansa».

«La gente, apabullada desde un principio por la intensidad y la marcha del héroe, pasaba ahora a alucinar con su resistencia física. Aquello parecía no tener fin, pero lo tuvo. El otro día no sé lo que vimos, pero sí lo que vivimos: la verdad del rock and roll».


El Alcázar 23 abril 1981 – José Manuel Cuéllar

«Hay conciertos en los que el tiempo parece interminable y otros en los que las horas parecen segundos. El de Bruce Springsteen, a pesar de durar dos horas y cincuenta minutos, con un descanso de media hora, pareció un soplo de vida sobre la decaída y gélida noche barcelonesa».

«Tras una formidable versión del ‘Because the night’ en el que la banda mostró un altísimo nivel de compenetración y la gente casi tapa la voz del americano con su propio canto, llegó lo más increíble de la noche… Se apagaron las luces y las notas del piano de Roy Bittan cruzaron la noche barcelonesa como un relámpago hiriendo los corazones de los allí reunidos y haciendo enmudecer cerca de ocho mil gargantas. Empezaban los compases de una alucinante versión del ‘Point Blank’, que ponía los pelos de punta al personal. Springsteen cantaba ya a pleno pulmón, su voz atronaba el pabellón barcelonés y el ‘A quemarropa’ hacía llorar a los incondicionales».

«Springsteen sudaba por todos los poros de su cuerpo. Pero cuando creíamos que se derrumbaba, volvía a renacer como el Ave Fénix para conquistar de nuevo al público. Salió dos veces más y sólo su formidable potencia física le permitió aguantar la paliza».


Mañana: más prensa diaria, las crónicas de las revistas y las entrevistas post-concierto con Springsteen.

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