19 abril, 2006

We Shall Overcome: canción a canción

por Miguel Martínez

Como siempre, las primeras escuchas se rozan con el juicio precipitado, con el ansia que provoca lo nuevo y, en fin, con esa incertidumbre de contestar correctamente, con temple de adivino, a la pregunta de “¿es esto bueno, regular, malo?”. Aquí estamos una vez más, con las antenas tiesas ante un nuevo disco de Bruce Springsteen. Lo digo ya: me está gustando mucho. Pero que mucho. También avanzo que “We Shall Overcome: The Seeger Sessions” va de una música y de una, digamos, cosmovisión con la que comulgo desde hace años. Pero eso no basta para justificar el subidón que me provoca enfrentarme a esta grabación una y otra vez (y ya llevo unas cuantas, y varias en el coche y a buen volumen, que es casi como la música mejor te devora): porque esta grabación supura una celebración de la vida a borbotones y a chorros, es un grito de agua sin cloro y, qué diablos, te empapa a gusto. Si el rock’n’roll, como a veces alguien ha escrito, ha existido siempre será porque estaba en canciones como éstas, sobre todo en canciones como éstas pero interpretadas como aquí se tocan y se cantan. Sin darle respiro al artificio, sin ensayos, sin cortarse un pelo. Espirituales, swing, Kansas City y Nueva Orleans, Irlanda, oh Irlanda, marineros y estibadores, pendencieros y plegarias. Un álbum magnífico.

Old Dan Tucker
Esta canción ya era famosa en 1843. Juegos de palabras que recuerdan al Dylan de mediados de los 60 y a “Blinded By The Light” (todo eso nos lo dice Dave Marsh en los excelentes créditos del libreto). El banjo marca el paso y la voz de Bruce entra arrasando. Folk-rock montañés.

Jesse James
Como la “Seeds” acústica, ¿recordáis, pero con todo el atrezo del Lejano Oeste, ampliada, aireada. Siéntense en el saloon y escuchen la historia del bandido Jesse James, aquel cabrón al que la leyenda popular pintó como un Robin Hood. La canción cabalga sobre un caballo trotón.

Mrs. McGrath
Si hay un país que sobrevuela el disco, ése es Irlanda. Pues aquí está una balada antibélica irlandesa por excelencia. Allá por 1815 ya circulaba por Dublín. Los violines se hacen con el mando. Parece que en cualquier momento vaya a aparecer Shane MacGowan, de The Pogues.

Oh, Mary Don’t You Weep
Hay tres espirituales negros en el álbum y éste es el primero que suena. Es como si un grupo de esclavos fuese en procesión por la calle y Springsteen, al frente, les instase a cantar con orgullo sobre la esperanza en la liberación. La cosa va de brodas and sistas y es bien emocionante.

John Henry
Una de las canciones donde la garganta de Bruce se tensa más. Es la vieja historia del hombre contra la máquina, que acabó con un héroe (John Henry) muerto pero con la rebeldía intacta. El tema va cogiendo calor y se convierte en un tour de force entre Texas, los trenes y el cajun.

Erie Canal
Seguimos con Irlanda, ni que sea en el espíritu. Otro himno de bar para una canción sobre un canal que significó mucho para Nueva York durante el siglo XIX. El banjo y el acordeón se reparten los más destacados papeles secundarios, el principal recae en un Bruce melancólico.

Jacob’s Ladder
Segundo espiritual. Un in crescendo como no se le escuchaba desde ¿”Backstreets”? Es decir: vamos de más a más, y subiendo. Los coros se inflan, él se lo toma a pecho y les coge la delantera y así estrofa tras estrofa. ¿Dónde ocurre todo esto? Se diría que por Nueva Orleans.

My Oklahoma Home
Otra que, como Jesse James, va sobre un caballo, sólo que éste camina más tranquilo, disfrutando de paisajes lejanos. No en vano es una composición sobre la nostalgia. Está cantada con ese tono cercano, de recién levantado, que pone cuando quiere incitarnos a la morriña.

Eyes On The Prize
Un himno sagrado. Mucho más recogido y lento que los dos anteriores, es un rezo que nos llega más desde la habitación que a través del altar. Un violín subraya la tristeza. La Biblia (Viejo y Nuevo Testamento) inspiran sus palabras. La trompeta la hace bailar con sentimiento.

Shenandoah
¿Alguien dijo Ennio Morricone? Pues pensemos que está sentado en una taberna, sí, otra vez una taberna y otra vez irlandesa, que llueve fuera, que se acuerda de algún río lejano, el Missouri por ejemplo, y que ayer reescuchó a Van Morrison y eso le ronda por la cabeza.

Pay My Money Down
Será uno de los highlights de los directos de la gira. Muy negro, aunque esto no va de iglesias sino de calpyso y de estibadores portuarios reclamando su salario. Si se quieren similitudes estamos ante el “Waiting On A Sunny Day” del Springsteen folky. ¡Te he dicho que me pagues!

We Shall Overcome
Es la misma versión que grabó en 1998 para el disco de homenaje a Pete Seeger,pero se ha añadido algún mínimo retoque (ahora no tengo delante aquella toma). Ya sabéis: un lento vals de reafirmación en el poder del “la unión hace la fuerza”.

Froggie Went-A-Courtin’
Empezábamos con aire montañero y así acabamos. Baja el telón una canción infantil (igual que “Pony Boy” cerraba “Human Touch” y la nana agridulce pero adulta de “My Best Was Never Good Enough” hacía lo propio en “The Ghost Of Tom Joad”). La armónica da la última nota.