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Springsteen y el Roxy: 44 años de un mito

por Asier Miner

Darkness on The Edge of Town. La obra que consagró definitivamente los poderes de Bruce Springsteen.

Un disco oscuro, sincero, donde la realidad de la vida se impone. Los sueños presentes en su anterior entrega, Born to Run, la certidumbre de que un futuro mejor aguarda al final del camino, se diluyen en Darkness. Bruce ha madurado y ha sufrido, ha saboreado las mieles del éxito y, también, la decepción tras un amargo juicio con Mike Appel, mánager y amigo que se aprovechó de su ingenuidad cuando se unieron sus caminos.

El de Nueva Jersey estuvo dos años sin pisar un estudio de grabación. Por razones contractuales, debía tener el permiso de Appel para hacerlo. Tampoco era el dueño de sus canciones, en manos de su entonces mánager. El juicio supuso la única alternativa posible para recuperar el control de su obra, la libertad artística y, también, para dejar atrás la precariedad económica a la que estaba sometido, con Appel recibiendo el doble de ingresos.

Una vez superado el litigio, alzándose vencedor, llegó la hora de cocinar Darkness on The Edge Of Town. Su gestación estuvo claramente marcada por la frustración previa, la incertidumbre, la posibilidad de que su trayectoria se fuese al garete, el golpe de realidad al ver que las promesas pueden ser rotas con la fragilidad de una copa de cristal. Los personajes del disco deben hacer frente a vidas vacías, sin mayor ilusión que la de tratar de evadirse, como les sucede a los protagonistas de “Racing in The Street”. Mientras algunas personas mueren poco a poco, minuto a minuto, sin nada por lo que luchar, en esta perfecta composición él y ella prefieren hacer carreras a medianoche para limpiar sus pecados, para no dejar que la crueldad del día a día los devore.

En general, el disco sigue por esta estela de desasosiego, pero siempre con una pequeña luz de esperanza en el horizonte, transmitiendo el mensaje de que, pese a los reveses de la vida, la evaporación de los sueños, las desilusiones generadas por la traición, las certezas ahora convertidas en dolorosas dudas, siempre vale la pena luchar, rendirse no es una opción.

Épica gira por Estados Unidos con parada en el Roxy de L.A

A la publicación del disco le siguió una gira por Estados Unidos, considerada como la más incandescente y épica ofrecida por Springsteen en toda su trayectoria. Entre los conciertos más recordados se encuentra el acaecido en el Roxy de Los Ángeles, un pequeño recinto con capacidad para apenas 500 personas, donde la intimidad que se respiraba entre el artista y su público creó un aura mágica, cuya leyenda llega hasta nuestros días. Se celebró el 7 de julio de 1978, hace exactamente 44 años.

El directo fue ofrecido en primicia por una emisora FM, al igual que otros cuatro durante la gira. Así pues, el brutal impacto de aquellas noches no fue únicamente recibido por las personas que las disfrutaron en vivo, sino también por miles de oyentes que quedaron hechizados por la abrumadora electricidad que emergía de sus diales.

Bruce salió al escenario del Roxy palpablemente disgustado, ya que muchas de las entradas fueron repartidas por la compañía discográfica a unos pocos privilegiados de la industria musical, el caso de artistas, mánagers o periodistas. El resultado de aquella decisión fue que muchos seguidores se quedaron fuera tras horas de espera. Nada más pisar el escenario, este fue el discurso del protagonista de la velada: “Hola, ¿Qué tal lo lleváis? Bueno, primero, quiero daros las gracias por haber venido, agradecer a L.A por tratarnos tan bien, los últimos dos días en la ciudad han sido fantásticos. Sé que hay mucha gente que ha estado esperando ahí fuera, y muchos de ellos no han podido entrar por una u otra razón y quiero pedirles disculpas. Si pudiera, invitaría a toda la ciudad. Me gustaría decirles, a quienes no pudieron entrar o lo han pasado mal en la calle, que lo siento y que es culpa mía. Yo no estaba tratando de convertir esto en una fiesta privada porque ya no doy fiestas privadas. Así que dadme sonido en este micrófono, vamos a tocar un poco de rock and roll para vosotros…”.

El concierto arrancó con una versión de “Rave On”, de Buddy Holly. Acto seguido, la primera pieza de Darkness, “Badlands”, donde Bruce escupió fuego por la boca en una interpretación más vigorosa y electrizante que la registrada en el estudio. Las otras composiciones de la obra del 78 que figuraron en el Roxy fueron: “Darkness On The Edge Of Town”, “Candy’s Room”, “The Promised Land”, “Prove It All Night” y “Adam Raised a Cain”, alcanzando todas su máxima expresión, con un nivel de intensidad que pone los pelos de punta y dejó a los allí presentes extasiados. Y cómo olvidar “Racing in The Street”, colocada justo antes que “Thunder Road”, lo que se repitió durante toda la gira. Ambas canciones se complementan a la perfección, reflejando la cohesión existente en la obra del de Nueva Jersey.

Lo explica inmejorablemente Julio Valdeón en su ensayo American Madness, Bruce Springsteen y la creación de Darkness On The Edge Of Town: “La naturalidad con la que ambas canciones enlazan hace creer, aunque sabes que no es así, que nacieron juntas, que ya en la cabeza de Bruce habían germinado para ser compañeras. Racing toma la historia allí donde acabó Thunder Road, con los jóvenes amantes un poco más viejos y jodidos, pero, buen conocedor del pulso que necesitaba un concierto, de que el público acudía para soñar, les daba la vuelta, ofreciendo primero el bocado de amargura y más tarde la promesa”.

Uno de los múltiples hechos que hace de este concierto algo especial es que en él se estrenaron dos de sus temas más memorables, inéditos en ese momento, que serían publicados en su siguiente obra, The River. Hablamos de “Point Blank” e “Independence Day”. La primera ya hacía gala de su descomunal dramatismo y amenazadora oscuridad, mientras que la segunda fue interpretada con el piano como único acompañamiento a la voz de Springsteen, quien dedicó la canción a su padre: “Escribí esta canción hace mucho tiempo. Mi padre siempre me decía que debía hacer las cosas mejor que él. Esta es para él”. Precisamente, la letra aborda los problemas entre un hijo y su progenitor, la enorme distancia que hay entre ellos, la nula comprensión de una relación abocada al fracaso, una frialdad que obliga a que cada unotome su propio camino, sin rencor pero sin vuelta atrás.

No faltaron clásicos como “Born To Run”, “Spirit In The Night”, “She’s The One” o “Backstreets”. Tampoco descartes de Darkness como “Fire” o “Because The Night”, maravillas por las que cualquier otro artista daría un brazo. En total, 24 canciones y 147 minutos en los que regaló, indiscutiblemente, uno de los mejores conciertos de su carrera. El del Roxy no fue el único episodio glorioso de una gira plagada de ellos, de recitales que marcan y definen una trayectoria. Sirvan como ejemplo el directo del Passaic (Nueva Jersey) o la experiencia sobrecogedora vivida en Winterland (San Francisco).  Cada noche, Springsteen y su banda poseían una bola de partido para demostrar que no tenían rival sobre las tablas, que habían regresado para quedarse, que eran un huracán escénico inolvidable. Daba la sensación de que la vida de Bruce pendía de un hilo y que aquellos conciertos eran su único pasaporte hacia la salvación. En los años venideros facturó giras extraordinarias, pero nunca más volvió a estar al borde del precipicio, en un abismo del que se libró por los pelos. En el 78, luego de unos años previos atroces y convulsos, buscaba la redención.

Los directos eran su válvula de escape, el lugar donde exteriorizar sus demonios internos. Era alguien que había conocido los senderos del infierno y que ahora tenía la oportunidad de conquistar la tierra a base de canciones incontestables, interpretadas con pasión y, sobre todo, con una verdad que conmueve, que inspira y contagia, provoca el llanto o la alegría, melancolía u optimismo, pero nunca indiferencia, porque todas y cada una de las personas que fueron testigos de la gira vivieron, junto a él, unos sentimientos tan reales como imperecederos. Cada concierto representaba la vida misma condensada en tres horas.

Bruce & Macca de nuevo

Volvió a ocurrir el 25 de junio. Después de su actuación conjunta en New Jersey el día 16, Bruce sorprendió presentándose en el festival británico de Glastonbury para volver a tocar con Paul McCartney. Repitieron versiones de «Glory Days» , «I Wanna be Your Man» y «The End» ante un público atónico y entusiasta. Dave Grohl les acompañó en la última canción. La BBC transmitió el concierto completo.

Ladies & Gentlemen… Mr. Bruce Springsteen!

Dos veces se han oído estas palabras este mes. Ambas en el MetLife Stadium de East Rutherford en Nueva Jersey. La primera el 5 de junio cuando Chris Martin de Coldplay anunciaba la presencia de Bruce Springsteen en su concierto, quien se presentó con un «Hello, New Jersey!» antes de cantar «Working on a Dream» y «Dancing in the Dark», acapella en su parte inicial y mostrando una buena forma vocal, alternando estrofas con Chris Martin.

El 16 de junio repitió experiencia en el mismo estadio, esta vez como invitado de Paul McCartney, quien celebraba su 80 cumpleaños. En esta ocasión subió al escenario provisto de una guitarra eléctrica, para tocar «Glory Days» y «I Wanna Be You Man» a duo con el ex-Beatle. Dos leyendas compartiendo escenario, uno de esos momentos que perdurarán en el tiempo (capturado a la perfección por un fan provisto de una cámara 4K).

Bruce se unió a la jam de «The End» que cerró el concierto. Springsteen intercambió solos con los dos guitarristas de McCartney y formó parte, como uno más de la banda, del saludo final.

Wembley Arena June 5, 1981

Vuelve la gira 1981 a las Archive Series que Springsteen publica cada primer viernes de mes. De la mítica gira europea de 1981 sólo se grabaron de modo profesional algunos de los conciertos en el Wembley Arena de Londres. El último de ellos, del 5 de junio de 1981, se había publicado ya en agosto de 2018.

Ahora llega la noche anterior, del 4 de junio de 1981. Con bastantes variaciones respecto a la otra noche en Wembley, este concierto arranca con furia con «Prove it All Night», enlazada con «The Ties That Bind» y «Out in the Street», ante un público que reacciona con fervor, en la recta final de una larga y victoriosa gira por el Reino Unido, donde la E Street Band llegó en un momento álgido y de transición. El Springsteen maratoniano de 1980, con conciertos de casi cuatro horas, dio pasó a un artista más introspectivo y concienciado donde durante dos horas y cuarenta y cinco minutos condensaba todo su ser.

Fueron conciertos más íntimos (en muchas ciudades actuaban en pequeños pabellones y teatros de cuatro o cinco mil personas), y Bruce se permitió experimentar con nuevas canciones y versiones. Esa noche interpretó «Follow That Dream» (basada en un tema de Elvis) y «Johnny Bye-Bye», una canción propia basada también en Elvis Presley (y que en 1985 re-apareció con una versión distinta, como cara B del single «I’m on Fire»).

Tras un apoteósico «Jackson Cage» llegó la recién estrenada «Trapped», la versión del clásico de Jimmy Cliff que Bruce cambia completamente hasta convertirla en un himno de cosecha propia. La E Street Band es una máquina precisa y compacta, cada pieza cumpliendo su función en una gira donde más que nunca los nombres «Springsteen» y «E Street Band» comparten protagonismo en una simbiosis perfecta. ¡Qué grandes Clarence y Steve!

El arranque de la segunda parte del concierto, con la electricidad de «You Can Look» y «Cadillac Ranch», seguidas de las festivas «Sherry Darling» y «Hungry Heart», da paso a tres temas clave de la gira Darkness («Fire», «Because the Night» y la sublime «Racing in the Street»), el cierre siempre excitante que aportan «Ramrod» y «Rosalita» y una excepcional versión de «Jungleland» abriendo los bises, completando un grandísimo concierto con «Born to Run» y un delirante «Detroit Medley» de 15 minutos que incluye «Shake», «I Hear a Train» y «Sweet Soul Music».

Springsteen agota el papel

Tras el anuncio de la gira europea de 2023 se inició la venta de entradas por toda Europa. En Suecia las 200.000 entradas disponibles para los dos conciertos en Goteborg se agotaron en minutos. Tras agotar se añadió al instante un tercer concierto para el día 28 de junio, y una hora después se colgó en cartel de sold-out. Suecia es posiblemente el país donde, proporcionalmente a su población, más entradas vende Springsteen.

En Dublín la rapidez de la venta forzó otro nuevo concierto (9 de mayo de 2023). Lo mismo sucedió en París, Amsterdam y, por supuesto, Barcelona. Aquí la venta del concierto del 28 de abril no duró ni dos horas, y se anunció inmediatamente un segundo concierto para el 30 de abril, que se agotó la misma tarde. No parece que haya opción a un tercer concierto, al menos de momento, ya que los huecos que quedan entre ciudades serán posiblemente para ciudades y países pendientes de anunciar (como Reino Unido y Bélgica).

Un cuarto concierto en Alemania se añadió posteriormente, para el día 21 de julio de 2023 en Hockenheim. Queda pendiente también el anuncio de la gira americana de invierno (Febrero-Marzo de 2023). Se rumorea que arrancaría el 1 de febrero con un concierto en Florida.