Desde New Jersey a Bilbao

por Salvador Trepat

San Mamés, Bilbao 26.07.2009

De vez en cuando, como por arte de magia, llega una noche en la que Bruce Springsteen no da un concierto excelente (lo habitual en él), sino que se transforma, reaparece el hombre que forjó la leyenda en los años 70, y da un concierto memorable. Ese concierto fue el de Bilbao. Como el año pasado en St. Louis, apareció la versión de Bruce más espectacular, sin tanto truco fácil de estadios y más centrado en la música, en la esencia de su repertorio.

Sorprendió de entrada su voz: en plena forma, sin rastro de la afonía y las carencias contempladas en los conciertos de las últimas semanas. Además, esa magnífica E Street Band se mostró pletórica, una auténtica apisonadora de rock, eficaz y compenetrada, al 100% de su rendimiento. La selección de canciones fue impecable, combinando temas nuevos con joyas eternas, clásicos y alguna rareza inesperada, aunque la clave de todo fueron las perfectas interpretaciones (a todos los niveles) que hizo de cada una de esas canciones. No se detectó rutina, ni cansancia, ni repetición memorizada de gestos y movimientos. Fue una de esas noches donde aparece el Springsteen más centrado, intenso y entregado a su música, sus canciones, cantando con ganas cada una de las frases, recreándose en el fraseo, en los punteos de guitarra o los guiños de complicidad con el público (los justos, sin circo ni excesos absurdos de carreras por las pasarelas). Fue un Springsteen entregado y dedicado a su arte con total convicción.

Salió Nils con su acordeón e interpretó la clásica «Desde Santurce a Bilbao», y el público quedó ya rendido y encantado. Casi inmediatamente atacaron una inmensa «The Ties That Bind», seguida de «Badlands» y «Hungry Heart», claras indicaciones, por su fuerza, de que aquello iba a ser especial.

Hubo momentos de titubeo (esa «Outlaw Pete» que no acaba de cuajar. «Jungleland» ya está escrita y cualquier intento de hacer algo similar palidece al compararlas), como «Working on a Dream» o «Working on the Highway», que parecían indicar que iría por la senda de los éxitos fáciles.

Pero inmediatamente borró cualquier duda con el trio formado por «Murder Incorporated» (sonando mejor que nunca, con explosivos solos de guitarra al fina), «Johnny 99» y «Because the Night», donde Nils estuvo inconmensurable, con una largo, creciente y delirante solo de guitarra que hizo temblar el estadio. Le siguió la primera sorpresa: «Factory», en una versión de gran belleza, empezando en solitario y acabando con toda la banda tras la primera estrofa, al estilo de la gira de 1978. El aroma country prosiguió con la excelente «This Hard Land», en una versión más próxima a la origianal de 1982 que no a la de 1995.

A continuación «Raise Your Hand» fue uno de los momentos álgidos de la noche. La que suele ser un simple momento instrumental para recoger carteles del público se convirtió (tras la recogida de numerosos carteles con peticiones) en una desbordante orgía soul, con Bruce sobre el piano, mostrando esa convicción que entusiasma y hace creíble cualquier actuación. Un 10. Tras ella llegó el turno a las peticiones. La primera fue sorprendente: la navideña «Santa Claus is Coming to town», en pleno verano, tocada a ritmo galopante, y seguida de una versión de «Thunder Road» cantada (que no recitada) al ritmo original, sonando fresca y épica. Para la siguiente retrocedió a 1973, era «Does this Bus Stop at 82nd Street?», de su primer álbum. Una gozada para los más veteranos. Sin apenas descanso, Max inició «My Love Will Not Let You Down», una fabulosa pieza de rock que los tres guitarristas atacaron con furia. Otro momento memorable que debería repetirse en cada concierto. Siguieron «Waitin’ on a Sunny Day», «The Promised Land», piezas estándar en la gira, junto a una delicada versión de «The River», culminada con un emocionante final en falsetto.

A estas alturas, la emoción rebosaba en San Mamés y Bruce y la E Street Band iban desbocados, sin freno, lanzados en un frenesí de rock imparable con «Radio Nowhere» (con un Max espectacular), «Lonesome Day», «The Rising» y «Born to Run».

Casi sin abandonar el escenario, Bruce recoge un nuevo cartel y toca «You Never Can Tell», de Chuck Berry. Un momento especial que no se repetía desde la última vez que tocó esta canción en directo con la E Street Band… ¡en 1974!

Los bises continuaron con «Jungleland», la mítica pieza que cierra el álbum Born to Run. Clarence Clemons estuvo sobresaliente en su solo de saxo, aliñado con una lección magistral de piano a cargo de Roy Bittan. La diversión llegó con «American Land» y la imponente «Rosalita», presentada por Bruce en castellano. La versión acelerada de «Dancing in the Dark», y una contundente versión de «Twist and Shout» (al estilo de Buenos Aires 88), pusieron fin a una lección magistral de 3 horas y 6 minutos.

Photos Bilbao: copyright 2009 Mamen Iturralde
Photo hotel in San Sebastián: copyright 2009 Eider Arzak

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