28 julio, 2009

Artículo: Desde New Jersey a Bilbao

De vez en cuando, como por arte de magia, llega una noche en la que Bruce Springsteen no da un concierto excelente (lo habitual en él), sino que se transforma, reaparece el hombre que forjó la leyenda en los años 70, y da un concierto memorable. Ese concierto fue el de Bilbao. Como el año pasado en St. Louis, apareció la versión de Bruce más espectacular, sin tanto truco fácil de estadios y más centrado en la música, en la esencia de su repertorio.

Sorprendió de entrada su voz: en plena forma, sin rastro de la afonía y las carencias contempladas en los conciertos de las últimas semanas. Además, esa magnífica E Street Band se mostró pletórica, una auténtica apisonadora de rock, eficaz y compenetrada, al 100% de su rendimiento. La selección de canciones fue impecable, combinando temas nuevos con joyas eternas, clásicos y alguna rareza inesperada, aunque la clave de todo fueron las perfectas interpretaciones (a todos los niveles) que hizo de cada una de esas canciones. No se detectó rutina, ni cansancia, ni repetición memorizada de gestos y movimientos. Fue una de esas noches donde aparece el Springsteen más centrado, intenso y entregado a su música, sus canciones, cantando con ganas cada una de las frases, recreándose en el fraseo, en los punteos de guitarra o los guiños de complicidad con el público (los justos, sin circo ni excesos absurdos de carreras por las pasarelas). Fue un Springsteen entregado y dedicado a su arte con total convicción.

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Crónica de Mikel Bao en Rodeado de Papel:

Mientras termino de repasar esta crónica, nada imparcial por supuesto, suena Jungleland en el Ipod… y pienso en el niño a quien Bruce invitó a cantar el estribillo de Waiting on a Sunny Day, en un celebrado momento del concierto. El chaval estuvo todo el concierto en las primeras filas frente a una pantalla de doce metros de altura. Desde su estatura, y con la descomunal pantalla, debió de parecerle colosal, gigantesca, la figura del de New Jersey. Y eso es exactamente lo que vimos todos, no solo el chaval: todos quienes tuvimos la suerte de disfrutar con Bruce vimos a un gigante, a alguien realmente grande, haciendo lo que mejor sabe hacer.

Lo que Bruce Springsteen y la E Street Band hicieron la otra noche en San Mamés puede tener muchos calificativos. Pero todos ellos se pueden resumir en una sola palabra: entrega. La conexión con el público fue completa desde el primer instante hasta el último.
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Foto Bilbao: copyright 2009 Mamen Iturralde

vídeo: The Ties That Bind / Badlands / Outlaw Pete