Todo lo que el cielo permitirá
por Asier Miner
Comenzamos a ver la luz al final del túnel. Poco a poco, aún con un fututo absolutamente incierto, pero con la sensación de que el peor momento lo hemos dejado atrás. En el caso de los amantes de la música, al menos hemos disfrutado de una compañera de viaje imprescindible a lo largo de este nefasto año. Gracias a la presencia de nuestros artistas inseparables, con el sonido de los discos y canciones que han marcado nuestras vidas, la soledad y el miedo han dolido menos, provocando que el día a día haya sido mucho más luminoso. No obstante, todavía tenemos una espina clavada: los conciertos. Cuánto se echan de menos y qué cantidad de noches habremos pasado fantaseando sobre el próximo directo mágico al lado de la mejor compañía posible.
Si eres fan de Bruce Springsteen, la agonía estará siendo incluso mayor. El de Nueva Jersey, junto a su inseparable E Street Band, llevan décadas ejemplificando los mejores valores del rock and roll. Su músculo interpretativo es tan sobrecogedor que, al presenciarlo, es prácticamente imposible no caer rendido a sus pies, especialmente al hacerlo por primera vez. Además, a la pasión desatada, desbordante energía y especial comunión que Springsteen contagia a sus aficionados, se le une otro factor igual de fundamental: el repertorio. Los casi cincuenta años de trayectoria musical del boss han dado como resultado un cancionero rico en matices, absolutamente esplendoroso. Bruce es capaz de llevarte a cualquier lugar. Su música explora territorios diversos, así como estados emocionales diametralmente opuestos. Por eso, estés triste o feliz, melancólico o rabioso, aterrado o esperanzado, su obra siempre es un camino reconfortante al que dirigirse. Siempre te sentirás comprendido por él, independientemente del estado vital en el que te encuentres.
Regresando a los conciertos, pensar que, si las condiciones lo hubiesen permitido, en 2020 Springsteen habría salido de gira debido a la publicación de su último álbum, Letter to You, provoca una sensación extraña, de oportunidad perdida. Es evidente que el tiempo pasa. Pese a su magnífica salud, los miembros de la E Street Band no son eternos. Parece mentira cuando los observas en escena, todavía pletóricos, vigentes, vertiginosos, transmitiendo un amor por su oficio envidiable. Aun así, nadie es inmune al transcurso de los años, y no tener certezas sobre el fin de la pandemia deja muchas preguntas en el aire. Está claro cuál es la principal de todas, la que merodea por la mente de los fans de Bruce: ¿Volveremos a verle?
La respuesta depende del desarrollo de la pandemia. Los conciertos regresarán cuando ésta se haya esfumado, más aún eventos tan multitudinarios como los que propicia el norteamericano. No cabe duda de que hay señales que invitan al optimismo, pero en casos como el actual la prudencia siempre es necesaria. No obstante, lo que salta a la luz es que la carretera es el territorio natural de la E Street Band. Los directos son su gasolina, la vitamina que mantiene la llama de la banda encendida. Tienen mucho que decir, no solamente por la espectacular calidad artística que siguen atesorando, sino también por el deseo por mantenerse activos que demuestran de forma constante.
Asimismo, es importante destacar el gran momento compositivo en el que se encuentra Bruce. Sus dos últimos discos, Western Stars y Letter to You, ponen de manifiesto que su inspiración le está acompañando. Mención especial merece la segunda obra, grabada con el grupo en tan solo cinco días. Un proceso que alumbró uno de los discos más sólidos y emocionantes de Bruce desde la entrada del siglo XXI, donde intérprete y banda se unieron como la familia que siempre han sido para remar en la misma dirección, con las habilidades y la ambición intactas, ayudados por el mismo fervor con el que dieron sus primeros pasos. Precisamente, esa es la sensación que prevalece después de ver el documental que acompañó a Letter to You: Springsteen no tiene una banda de apoyo, sino una familia que cree en él y continuará su estela hasta el final del trayecto.

Quizás por este motivo los conciertos de Springsteen son únicos. Porque ves pasar tu vida delante de tus ojos. Los momentos que han definido tu existencia. Tus amores y desamores, caídas y victorias, sueños cumplidos y rotos. Cuando le ves, empapado en sudor, exultante frente al micrófono, da igual la edad que tengas. Vuelves a ser el adolescente que dio su primer beso o aquel joven que daría lo que fuese por conducir toda la noche con su chica ideal. Con Springsteen te das cuenta de que todo es posible. Quién sabe todo lo que el cielo permitirá.
por Cris Magdaleno
“¡Hola Barcelona! ¡Hola Catalunya!” y a partir de ahí… éxtasis absoluto. El concierto que anoche abrió la gira es toda una declaración de intenciones por parte de Bruce, que encadenó éxito tras éxito haciendo vibrar desde las primeras filas del pit hasta la Grada Nord del estadio. Badlands, No Surrender, My Love Will Not Let You Down y The Ties That Bind, con un espectacular Max Weinberg relampagueando y haciendo trizas su batería, marcando el ritmo de la noche, casi sin parpadear y chorreando sudor desde la primera nota. Una tras otra, sin medias tintas, sin mediar palabra: no hacía falta decir absolutamente nada. The Ties That Bind inició la veda para que Springsteen nos adentrase en el río.
Las posibilidades de Bruce Springsteen, con un repertorio tan amplio, son infinitas. Sus conciertos, de manera general bastante imprevisibles, dejan gratas sorpresas que difícilmente olvidas. Los conciertos de Bruce son catárticos y liberadores, pero también cuenta con partes profundas y un tanto oscuras que estremecen. La voz desgarrada de Bruce dejó sin aliento a sus fans durante el tramo en el que tocó I Wanna Marry You (la intro con Here She Comes es sumamente bella y perfecta), The River, Atlantic City (que aunque no pertenezca al disco que da nombre a la gira, su temática encaja muy bien con las demás piezas) y Point Blank. La crudeza de la vida. Por eso The River es nosotros. Porque hay momentos de alegría (Sherry Darling, Out in the Street…), o de amor (Drive All Night), pero también hay lágrimas, decepciones y fracasos. Fue difícil no tener escalofríos mientras los dedos de Roy Bittan acariciaban las primeras notas dePoint Blank.
Mucho se ha comentado sobre los posibles problemas de salud del Boss. “Tiene dolores en la espalda”. “Está un poco más viejo”. “Ya no corre por el escenario como antes y está más lento”. Vi muy poco de eso ayer en Barcelona. Lo que vi fue a un Springsteen enérgico, con ganas de entregarse, como es habitual, muy a gusto sobre el escenario y aparentemente contento. La E Street Band toca como nunca. O como siempre, según se vea.