Concierto: Joe Grushecky & The Houserockers, Bilborock, Bilbao 22.2.2007

por Pablo Surja

Joe Grushecky no es Springsteen, pero nadie lo es. De hecho, en estos días, ni siquiera Bruce Springsteen es Bruce Springsteen. Fui al concierto de Grushecky pensando que me iba a encontrar con una especie de Springsteen de palo, una especie de imitador, aunque no sé de dónde saqué esa idea porque a decir verdad, sólo conocía «Code of Silence». Qué equivocado estaba…

Grushecky es una fuerza de la naturaleza capaz de sonar en su telecaster como un camión de esos de 18 ruedas, con mucho peso, llevando ese rugido atronador a un punto en el que funcionan igual de bien sus rock and rolles de estilo más clásico con sus interminables rondas de solos blueseros, como sus preciosas baladas rockeras con riffs tremendamente sencillos, pero a la vez poderosos.

Y el tío no sólo suena bien, en estos tiempos que corren en los que no hay una canción decente, las de Joe me parecieron estupendas.

Los músicos, impresionantes, dan la sensación de tener ese rodaje que tienen los adultos que llevan haciendo esto mismo todos los martes de su vida, incluyendo a nuestro Jorge Otero, al que tampoco había visto nunca en directo, y que me sorprendió de la misma manera.

Estuve en Santander viendo al abuelo, y cada vez tengo más claro que estamos todos locos. Las comparaciones no son odiosas, son crueles. Incluso aunque estemos hablando de cosas muy diferentes musicalmente hablando, y muy válidas las dos, la forma masiva en que se presenta el producto es un desastre, no sé por qué seguimos yendo a esos saraos. Es una pena que Bruce no pueda hacer lo mismo que Joe, seguro que tiene mucha envidia de él, que no necesita despejar su cabeza de tanta tontería tocando el banjo, y puede seguir presentando su música con la misma autenticidad que ambos tenían hace 20 años.

Al acabar el concierto me sentí afortunado de pertenecer a esos 200 chalados que fueron a ver a un tipo que no sale en la tele, pero que encarna hasta el último pelo todo aquello que nos gustaba de esta historia: el rock.

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