23 noviembre, 2005

ARTÍCULO: «Born to Run»


por Jesús Jerónimo

Hace ya muchos, muchisimos años, un adolescente de 15 años entró en una pequeña tienda de discos en Ávila y pidió Born To Run de Bruce Springsteen. En la tienda no lo tenían en stock (ni en esa ni en ninguna otra de toda la ciudad), así que lo tuvieron que solicitar a la discográfica. El disco tardó en llegar unas tres semanas (así eran las cosas por entonces), y creo que ese adolescente fue al menos 10 veces a la tienda a preguntar si ya estaba allí, volviendo siempre con las manos vacías. Un buen día, tras preguntar por el álbum en la tienda de nuevo, el dependiente sacó una gloriosa carpeta, y sí, por fin allí estaba. Así que cogió el álbum y salió poco menos que corriendo de la tienda, para llegar a casa y poner el disco en su querida cadena musical. Sé que suena exagerado y tópico, pero no por más que se haya repetido un millón de veces deja de ser cierto: aquel torrente de voces, acordes y melodías cambiaron la vida de aquel adolescente para siempre. El tal Springsteen era alguien a quien se le salía la vida por la boca a borbotones. De repente todos mis sueños románticos (sí, aquel adolescente era yo mismo) se encarnaron en disco con portada en B/N. ¿Como era posible que aquel tipo de tan lejos supiera tan bien como me sentía en mi ciudad de orígen? ¿Como podía conocer mis sueños y mis preocupaciones a la perfección? La vida despues de aquello no fue ya lo mismo: desde el momento en que terminé de escucharlo por primera vez, traduciendo las letras con mi chapucero inglés, supe que tenía que escapar de mi pueblo y huir, huir, huir, quizá para siempre. Desde entonces, han pasado muchos años y muchas más cosas en mi vida. Algunas fueron como había soñado y otras se han transformado en pesadillas de las que no puedo despertar. Pero Bruce ha vuelto a estar allí, a mi lado, como tantas otras veces en donde pensé que sólo me quedaba él. Y anoche puse la nueva y flamante edición de Born To Run (que incluye dos impresionantes DVDs: uno en directo y otro con un gran documental) y de nuevo, como dijo Jon Landau, me sentí como si estuviese escuchando música por primera vez. De nuevo las calles llenas de héroes rotos, una vez mas la Chica Descalza bebía cerveza tibia sentada en el capó de un Dodge. Bruce le pedía a Mary que viajase con él, que no era demasiado tarde, que aún podían hacerlo si se daban prisa. Le decía a su amigo Terry que nunca caminarían como los héroes que pensaban que iban a ser. Yo allí sentado en la oscuridad en casa, anoche me sentí como si tuviese de nuevo 15 años y necesitase comerme el mundo. Tuve ganas de bailar, de gritar, de VIVIR. Quise estar escuchando aquellas canciones tan poéticas para siempre. Y no era fácil, creedme. La noche era oscura y los pensamientos dentro de mí negros. Pero él siempre supo como sacarme del agujero. Y por supuesto, la noche explotó en bandas de rock’n’roll. Así que una vez más tuve que gritar eso de esto es un pueblo de perdedores y me largo para poder ganar. Y me largué de ese pueblo oscuro y frío. Quizá para siempre, quizá sólo por cinco minutos. Ni lo sé, ni me importa. Lo importante es que me largué. Gracias, Bruce, por salvar mi vida una vez mas. Te debo una, colega.