2 julio, 2013

París

Una de las características de esta gira Wrecking Ball es lo imprevisible de su repertorio. Springsteen sólo mantiene 4 ó 5 canciones fijas y el resto varía cada noche. Hay una serie de canciones estándar que, sin ser fijas, son bastante frecuentes, junto a una larguísima lista de temas ocasionales de todas las épocas. Algunas de esas canciones las programa el propio Bruce, otras son a petición del público. El resultado final es un setlist variado y equilibrado por épocas y estilos, mezclando rarezas con grandes éxitos, medios tiempos con baladas, rock con soul o pop, consiguiendo contentar a su parroquia de forma generalizada.

No fue así en París. Fue un concierto anómalo, pues ese equilibrio se rompió en favor de lo grandes éxitos y sus canciones más populares y repetidas. El hecho de elegir interpretar el disco Born in the U.S.A. al completo decantó la balanza y las canciones pre y post-disco acabaron de conformar un setlist previsible donde sólo mostró su faceta más popular y autocomplaciente. Cuando recuperó temas de épocas pre-1984 se agarró sólo a estándares repetidos hasta la saciedad. «Cadillac Ranch» fue lo más extravagante y arriesgado de la noche, junto al estreno de «Lucille», ese trepidante rock de Little Richard que pidieron desde las primeras filas. El resto, los sempiternos clásicos, dando la sensación de que todo el concierto fue un bis de más de tres horas.

Cadillac

La variadísima paleta de emociones que Springsteen ofrece noche tras noche de manera inteligente se redujo al mínimo en el desangelado Stade de France de París. Bruce salió triunfante del escenario, pues es obvio que una mayoría de los asistentes a las giras de estadios conocen poca cosa más allá de los grandes éxitos. Bailaron y corearon, mucho, en una megafiesta para 70.000 personas. La magia habitual se quedó en Gijón.

Lo más interesante fue verle salir al escenario antes de las seis de la tarde, de forma imprevista, para un pequeño concierto acústico de tres canciones, en un gesto de agradecimiento a los fans más puntuales. «This Hard Land», «Burning Love» y «Growin’ Up» fueron las tres únicas concesiones para los que fueron a ver algo más que una fiesta.

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