Noticias e información en castellano sobre Bruce Springsteen

junio 2011

El Rey del Mundo

por Julio Valdeón Blanco (New York)

Clarence Clemons hubiera gozado con el espectáculo. Entiéndase, no con la visión de familiares, colaboradores y amigos desolados, sino corroborando que su paso por la Tierra tuvo la altura mítica exigida. Portadas en el New York Times, USA Today, Chicago Tribune, etc. Especiales de 24 horas en tv. Homenajes espontáneos en decenas de bares.

Tanta importancia concedió a la leyenda, bien alimentada por un Springsteen juguetón y entrañable, que sus memorias, publicadas hace dos años, incluían dos tipos de capítulos: los de páginas de fondo blanco, donde supuestamente mentía lo normal, lo que uno miente en ese tipo de artefactos, y las de color gris, dedicadas a contar sus improbables, aunque no descartables, correrías con Groucho Marx o Norman Mailer. La cuestión fiction/faction que tanto ha estudiado Arcadi Espada, resuelta a la brava.

A Clemons, qué duda cabe, le interesaba cultivar una imagen, un personaje que, como explicó Francisco Umbral, tracendiera nuestras chuscas limitaciones. Lo suyo fue un fogonazo que cegaba. Un volcán de raso y cuero que volaba supersónico. Viéndole olvidabas que incluso el más poderoso de los hombres acaba alimentando gusanos. Parecía inmortal. Destinado a sobrevivirnos como mascarón de proa del galeón de una juventud airada. Mitad chulazo mitad superhéroe de Marvel cruzado con pirata, ejercía de polo necesario para que el aceite hirviendo de Springsteen no pusiera todo perdido. Daba réplica al torbellino. Sabía manejarse junto a la fiera rayada. Provocarla y corretear con ella.

Aliviaba en parte la brutal tensión psíquica necesaria para sostener semejantes tormentas, bautizos de fuego imposibles de transitar en ausencia de cómplices. Articulaba, además, la historia de amistad que siempre alentó la E Street Band. El grupo, así, era mucho más que un conjunto de intérpretes ejecutando música. E incluso que una provechosa asociación creativa. Era, es, la pandilla juvenil que trabajaba canina y bebía cerveza. Que perseguía la estela de un cometa cuyas fluorescentes barbas cabalgaban borrachas de velocidad. Envejecieron del brazo a medida que discos, giras, peleas, celebraciones, divorcios y hospitales mordían su armadura de caballeros con tirachinas en vez de espada y guitarra, batería y micrófono en lugar de escudo.

El directo es magia. Espejo donde contemplarnos. Mirador para escapar hacia brillantes desfiladeros, callejones color cerveza, veranos suspendidos, desiertos en exasperado technicolor. En eso, en multiplicar las posibilidades expresivas de una música de por sí rica en matices, asociaciones y hechizo, la dupla Clarence & Bruce no conoció rival. Contemplarlos en los días de gloria, durante las giras del 75, 78 y 80/81, antes del inevitable amaneramiento que trajó el Born in the USA, e incluso hoy, cuando las putas articulaciones impedían aquellos despliegues físicos, pero ya curados del espanto ochentero, sobrios e inteligentes, equivalía a sumergirse en un ritual que hacía buenas las ensoñaciones del rock and roll como blindada camaradería de eternos Peter Pan frente al acantilado. Y aportó más.

Cuando Clarence Clemons se unió a la E Street Band la sangre de Martin Luther King y otros príncipes de los derechos civiles centelleaba fresca. Una banda mestiza llegaba para socavar las repugnantes tiranías de la raza. Explicitaba, de paso, que el rock, y aún más el de Springsteen, era hijo del crisol. Heredero de Elvis Presley y Sam Cooke. Escucha el imprescindible directo del Harlem Square Club, las imprecaciones al público de un Cook poseído, y encontrarás claves. Poco después el soul de Stax, nacido del trabajo, inspiración y valentía de chavales blancos y negros en un antiguo cine de Memphis, había musicado un movimiento liberador que en los discos de Springsteen, y en su puesta en escena, hallaba natural heredero. El beso que ambos, Bruce y Clarence, se daban, era una dentellada incruenta pero explícita contra tanta y tan penosa mierda acumulada en siglos de impostura y odio. Una declaración política, incluso ideológica, sin necesidad de manifiestos. En el segundo que duró quedaba clara la obviedad de que los hombres, por encima de cualquier diferencia, son sustancialmente iguales, hermanos cuyos anhelos musicaban.

En artículo para el Daily News David Hinckley explica que las notas más importantes de Clarence no eran las del saxofón. Ciertamente había siempre algo más en juego, un viaje al fondo de la música que trascendía su contenido. Ese carisma fue su gran arma. Aunque no, ni de lejos, la única. Oh, ya, su digitación quedaba lejos de la de un Charlie Parker o un Coltrane. Carecía de su precisión, de su supertodada técnica. Bueno, jamás pretendió emularles. Lo suyo fue el rock and roll. Tampoco «Be My Baby» debe de compararse, en términos de pura y bruta musculatura mental, con «A Love Supreme». Ni las rancheras de José Alfredo Jiménez con los discos de Miles Davis. Su territorio es otro.

Quien abjura del rock y demás hierbas silvestres por simples, aquel que las contempla con la mirada del cazador de verbosidades, está perdido. Si se dice, vamos a escuchar algo, mmm, popular, en vez de Adriana Valera, Doc Pomus, Leiber & Stoller, los Stones, la Bernarda de Utrera o Chavela Vargas, o Bruce Springsteen & The E Street Band, optará por el jazz-rock y otras acomplejadas melopeas. Entre el tai-chi de Lou Reed, los recitales poéticos de Lou Reed y el «Heroin» de Lou Reed la elección es obvia, pero el sector cool, incluido el actual Lou Reed, no lo entiende. Springsteen y Clarence sí. Sabían cuál fue su combustible y emblema. No se desviaron.

Volviendo a las disquisiciones sobre Coltrane, la técnica, etc. Lo sustancial, lo que importa, es que en la historia del rock and roll nadie ha firmado más solos memorables de saxo que Clarence Clemons. Tenemos al imperial King Curtis, primera y gran influencia. O a Steve Douglas, que acompañó entre otros a Elvis y fue contratado por Bob Dylan cuando no tenía claro como afrontar su siguiente reinvención. Pero lo de Clarence apabulla: «Born to Run», «Rosalita», «Spirit in the Night», «Jungleland», «Prove it all Night», «The Promised Land», «Badlands», «Sherry Darling», «Independence Day», «I Wanna Marry You», «Fade Away», «Drive all Night», «Bobby Jean», «Blood Brothers», «Secret Garden» o «Back in Your Arms» serían impensables sin su aportación.

No es poco para alguien más alabado por su presencia, simpatía y bla bla bla que por su talento. Si se fijan, el listado de clásicos con Clarence de coprotagonista decrece a medida que pasan los años. A finales de los ochenta el sonido del saxo era una herencia del rhythm & blues a la que Springsteen encontraba difícil acomodo. Su escritura, orientada por cuestiones de madurez hacia los tonos sepia y la herencia de Hank Williams, comenzaba a abandonarle. En discos a mi juicio inferiores a los del período clásico, como The rising, Clemons logró reinventarse con una presencia sutil, tal y como señala Luke Lewis en una pieza de NME con la que comparto parte de este argumento. Ya no disparaba aquellos salvajes pasajes marca de la casa, como puede comprobarse escuchando, por ejemplo, el directo del 75 en el Main Point. Se limitaba a dar un paso al frente para clavar el correspondiente solo. Muchas veces calcado del original. Todavía fuerte, poderoso, abrasador o melancólico, a pesar de que la ligereza, la imaginación, no eran las mismas. Para evitar que el ritual se fosilizara ya estaba Springsteen. La misión de Clarence era la del custodio del pasado. Conectaba con el embrujo de una época que rugía, perfumada de vida, mientras tocase.

Creo que con la reciente publicación de The promise Springsteen quiso homenajear la faceta de la E Street Band que auspiciaba Clarence, la que hija de los Four Tops, Sam & Dave o Martha & The Vandellas abrazaba las tapicerías de una América golpeada pero pujante. Recuerdo la última vez que le vi, en el Madison Square Garden, la noche en la que tocaron The river entero. El mejor concierto que les he visto. También estuve la noche anterior, pero fue entonces, con «Fade Away», «The Price You Pay», «The Ties That Bind», etc, con Clarence empujando la carrocería de aquellas canciones que tanto han vivido y tanto nos han vivido, cuando mejor recordé hasta qué punto su sonido, incluso con las inevitables abolladuras, era el sonido del rock and roll que amo. Había que contemplarle levantándose del trono, de la silla eléctrica, de las muletas y aparatajes que disimulaban sus dolores, para creer en milagros. Con un bramido suspendía el tiempo. Con dos minutos por delante te lanzaba a las estrellas. Nadie como él supo acunar los miedos de un público que bajo su sombra volvía a la adolescencia. A apredear farolas. A besar bajo la luz de un candil a la pebeta rubia que ya era dolorido ayer o señora cana. A creer en la mística del coche como vehículo espacial santificado por Chuck Berry que a trompicones, entre saguaros, corre hacia la tierra prometida.

No añadiré que al morir Clarence muere la música, porque es una conclusión necia. Pero sí que, unida a otras muertes privadas y cercanas, el que se va muriendo poco a poco soy yo, mausoleo contra mi voluntad de tantas canciones que me hicieron y que al desaparecer sus hacedores me van dejando solo. Cada día un poco más solo y más triste. Eso sí, mientras duró, apilados en aquel coche desvencijado, desencajados de tanto reírnos, con las ventanillas bajadas, el viento aullando como una llamarada, fue un viaje memorable.

Clarence Clemons: en la prensa y en la red / in the press & internet


Route 61:
The Edge of Glory, by Ermano Labianca
Do the Math:
Clarence Clemons, by Brandford Marsalis
Virtual Dave Marsh:
Clarence and Bruce, Friendship and Race, by Dave Marsh
NJ.com:
Steven Van Zandt: ‘We will continue to make music and perform, by Jay Lustig
NJ.com:
After Clarence Clemons’ death, what’s next for the E Street Band?, by Jay Lustig
The New York Times:
Bromance with the Big Man, by Timothy Egan
The Footy Almanac (Australia):
The Passing of a musical inspiration, by Peter Baulderstone
Beyond The Boss:
Beef and the Big Man, by Neil van Harte
Huffington Post:
Why Clarence Clemons matters to race relations, by Ben Mankiewicz
The Guardian: Clarence Clemons obituary, by Adam Sweeting
NJ.com:
A tour of Clarence Clemons’ legacy at the Jersey shore, by Stan Goldstein
On Point:
Remembering Clarence Clemons
The Promised Land:
El tesoro que nos dejó el gran hombre, con Juan Martín Nogueira
CBC Radio:
Interview with Clarence Clemons, by Q Magazine
The Daily:
Big Man on Campus, by Kevin B. Blackistone
The New Yorker:
Bloodbrother Clarence Clemons, by David Remnick
Matt Orel:
King of the entire known universe
Bruceoke.com:
Instrumental Jungleland, tribute to Clarence, by Pablo Surja
The Telegraph UK:
The Devil’s horn always plays the best tunes, by William Langley
Salon:
Teardops on the city, by Wallace Stroby
Variety:
My moment with Clarence, by Stuart Levine
The Asbury Park Press:
Clemons integrated rock scene, by Chris Jordan
USA Today:
E Street Band sax player Clarence Clemons dies, by Edna Gundersen
Nightly News:
Brian Williams remembers Clarence
Southside Johnny:
Message from Johnny
The Second Disc:
We remember Clarence, by Joe Marchese
The Lefsetz letter:
Clarence Clemons, by Bob Lefsetz
Examiner.com:
A love note to the Big Man, by Jane Murphy
Jersey Style Photography:
Remembering the Big Man, by Mark Krajnak
A Deeper Shade of Soul:
Notes on the Big Man, by Ben Lazar
Backstreets Magazine:
Clarence Clemons 1942-2011
The Virginian Pilot:
Clarence Clemons: A big man by every definition, by Rashod Ollison
NME:
Clarence Clemons’ Five Best Springsten Sax Solos, by Luke Lewis
The Syracuse Post-Standard:
Clemons and Springsteen: An iconic rock photo, in their image, by Sean Kirst
New York Daily News:
With Clarence Clemons, the notes that mattered the most weren’t on the saxophone, by David Hinckley
The New York Times:
Grieving, from Asbury Park, by Nate Schweber
Life Magazine:
Remembering Clarence Clemons (Photo Gallery)
The Claw:
Remembering the Big Man, by BW Clausen
New Black Man:
RIP Clarence Clemons, by Bob Davis
Paul Schattel:
On the death of Clarence Clemons
Blogness on the Edge of Town:
Clarence Clemons, An Appreciation, by Pete Chianca
Scott Kemper:
On Clarence Clemons
The Screen Door:
Clarence Clemons: Cross the river to the other side, by Anthony Kuzminski
El Periódico
: Muere Clarence Clemons, el saxofonista de la E Street Band, por Jordi Bianciotto.
El País: Muere Clarence Clemons, el saxofonista de Bruce Springsteen, por Fernando Navarro.
ABC
: Clarence Clemons, el saxofón de Eolo, por Manuel de la Fuente.
Blog ‘Esa Canción Me Suena’: El día que la música murió, por Chema Doménech.
Público
: Fallece Clarence Clemons, alma de la E Street Band de Bruce Springsteen, por Guillermo Rodríguez
The New York Times: The Big Man, much more than Springsteen’s sideman, by Jon Pareles.
The New York Times: Clarence Clemons, Springsteen’s Soulful Sideman, Dies at 69, by Ben Sisario.
The Star-Ledger: RIP: Clarence Clemons, most essential voice in Springsteen’s E Street Band, by Jon Bream.
The Oakland Press: Clarence Clemons’ death mourned by Springsteen, others, by Gary Graff
The Star-Ledger: Clarence Clemons dies of complications from stroke, by Tris McCall
NJ.com: Clarence Clemons: Some special memories from over the years, by Stan Goldstein
L.A. Times: Photo Gallery
Washington Post: Springsteen sax man Clarence Clemons, 69, dies, by Terence MacArdle
The Asbury Park Press: Clarence Clemons Guest Book
Yahoo News:At NJ haunt, big tears for Springsteen’s Big Man, by Josh Lederman

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Clarence Clemons 1942-2011

The Big Man, Clarence Clemons, the legendary E Street Band’s sax player, passed away Saturday evening, June 18th, at age 69, in Florida, as a result of complications from the stroke he suffered last June 12th. His family and friends, including Bruce Springsteen, have spent the last days with him.

BruceSpringsteen.net posted the following statement last night:

It is with overwhelming sadness that we inform our friends and fans that at 7:00 tonight, Saturday, June 18, our beloved friend and bandmate, Clarence Clemons passed away. The cause was complications from his stroke of last Sunday, June 12th.

Bruce Springsteen said of Clarence: Clarence lived a wonderful life. He carried within him a love of people that made them love him. He created a wondrous and extended family. He loved the saxophone, loved our fans and gave everything he had every night he stepped on stage. His loss is immeasurable and we are honored and thankful to have known him and had the opportunity to stand beside him for nearly forty years. He was my great friend, my partner, and with Clarence at my side, my band and I were able to tell a story far deeper than those simply contained in our music. His life, his memory, and his love will live on in that story and in our band.

Clarence Clemons 1942-2011

Clarence Clemons, saxofonista de la E Street Band y mano derecha de Bruce Springsteen, falleció la noche del sábado en Florida, a los 69 años, a consecuencia de las secuelas del derrame cerebral que sufrió el pasado 12 de junio. Su familia y amigos, incluyendo a Springsteen, han pasado los últimos días junto a él. Con él acaba una era y se hace difícil imaginar ahora una E Street Band sin él.

Bruce Springsteen ha dicho, en un comunicado en su web: Clarence tuvo una vida maravillosa. Creó una familia amplia y extraordinaria. Llevó con él un amor por la gente que hizo que la gente le amara. Quiso a su saxofón, quiso a nuestros fans y dio todo lo que tenía cada noche que subió al escenario. Su pérdida es inconmensurable y estamos honrados y agradecidos de haberle conocido y tener la oportunidad de estar junto a él durante casi cuarenta años. Fue mi gran amigo y compañero, y con Clarence a mi lado, mi banda y yo conseguimos contar una historia mucho más profunda que la que simplemente contenía nuestra música. Su vida, su recuerdo y su amor continuarán viviendo en esa historia y en nuestra banda.

Momentos inolvidables: «Rosalita» (1978)