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Bruce Springsteen: uno di noi

B__SS15912por Cris Magdaleno

Uno a veces se pregunta si es conveniente mitificar a ciertos seres humanos. Muchos señalarán la necesidad de tener referentes en esta vida para hacerla algo más llevadera, mientras que otros asegurarán que fabricar figuras a los que asociamos más con la providencia que con los mortales nos hace bastante más mal que bien.

¿Es o ha sido Bruce Springsteen un mito? No. La grandeza de este tipo de Jersey reside en que, viviendo en una mansión en los altos de no sé qué colina norteamericana, todavía puede seguir conectando con el público de cualquier ciudad y cualquier país del mundo. Ha sabido relatar las diferencias entre las expectativas y los sueños con lo que finalmente nos ha deparado la vida a cada uno de nosotros. Y lo hace sin paliativos. Durante casi cuatro horas de puro rock and roll. Con luces y sombras, sí. Pero como todo. De eso se trata.

Lo que Springsteen logra, y sigue logrando aún ahora, no tiene mucha ciencia, a pesar de que es verdad que no siempre está al alcance de todos. Bruce sube al escenario y es capaz de despiezarse a sí mismo a través de las canciones que ha escrito a lo largo de su vida. Presentándose con sus miedos e inseguridades. Con sus historias de amor y sus fracasos. Con sus disyuntivas existenciales y sus distintas fases vitales. Presentándose ante todos, al fin y al cabo, con lo que representa la vida. Construyendo un espejo en el que mirarnos y en el que compartir lo que hemos experimentado hasta ese preciso momento, en el que te reconcilias un poco con todo. No hay mejor disco para esta catarsis que el que fija el rumbo de esta gira: The River.

B__SS15876La segunda y última noche de Bruce Springsteen y la E Street Band en San Siro tuvo lugar este martes. Con sólo una parada más por delante en la agenda italiana de este tour (Roma) el Boss ofreció uno de los mejores conciertos de la parte europea de El Río.

Aunque con menos material de The River que el domingo, fue la primera vez en Europa que Bruce abrió con el outtake Meet Me In The City, demostrando que es un gran show opener capaz de levantar del asiento de igual manera que cualquier otro de sus grandes éxitos. Mención especial para Stevie Van Zandt, por cierto, que pareció disfrutar tocando la canción casi más que cualquiera de los que estábamos allí.

Tras una soberbia y potente Prove It All Night le siguió Roulette, tan cruda como siempre, con los italianos rugiendo cada vez que llegaba el turno de gritar el título de la canción. Hasta Fire, que nunca había sido tocada en San Siro, durante las 8 primeras canciones del espectáculo no hubo tiempo para reponerse. Una tras otra hasta Rosalita, que lamentablemente está siendo poco frecuente en suelo europeo.

Something in the Night estuvo perfectamente ejecutada y elevó la categoría del concierto hasta prácticamente un nivel etéreo. Incluso los clásicos bramidos de Bruce durante este tema fueron replicados por los fans en San Siro, que hacían honor a su fama de ser, según el propio Springsteen, el mejor público del mundo.

La velada del martes tuvo mucho del Darkness on the Edge of Town, con un Bruce apoteósico a la guitarra al más puro estilo 1978. Apareció también Racing in the Street y Streets of Fire, con una fantástica interpretación de Roy Bittan, el pianista, que no se cansa de demostrar noche tras noche que es absolutamente imprescindible. También en The Price You Pay jugó Bittan un papel sublime. La ausencia de esta joya en muchos conciertos de esta gira está injustificada. Al igual que el reciente olvido que Springsteen le procura a I Wanna Marry You con la intro Here She Comes, que demostró ser enormemente evocadora en la gira española, por ejemplo.

Tras Badlands, y el casi derrumbe de los cimientos del Giuseppe Meazza por culpa de la locura que genera esta pieza, comenzaron los bises. Si bien el domingo fue el turno de Jungleland, esta vez lo fue para otra epopeya de proporciones bíblicas recogida también en Born to Run. Una de esas joyas del Springsteen urbano y callejero: Backstreets, que puso la guinda a un concierto extraordinario y probó que Bruce es capaz de lo mejor aún cuando parece que algunos le cuestionan, a menudo con razón, su populismo y su claudicación ante las masas y los grandes éxitos. No hubo esta vez Waitin’ on a Sunny Day, aunque sí Darlington County. No nos libramos de ella ni repitiendo noche. Aún así, lo cierto es que el balance total de las dos noches fue muy positivo.

B__SS15872Born to Run sirvió de nuevo como eucaristía springsteeniana con la que redimirse de absolutamente todo, mientras los focos mostraban el brillo en los ojos de muchos de los que estábamos allí presenciando una noche irrepetible. Seven Nights to Rock puso la nota de color cincuentera y Shout y Bobby Jean finalizaron la fiesta. Aunque, como es ya habitual, Bruce volvió a salir portando cual escudo su guitarra acústica y su armónica. Antes de tocar, Springsteen dedicó unas palabras en italiano con las que mostraba al público su agradecimiento por las dos noches en San Siro: “Os amo, Milán. Os amo, San Siro”. This Hard Land fue el último tema.

Y tal como dice la canción, mientras veíamos al hombre que ha contado muchos de los episodios de nuestra vida, permanecimos fuertes, permanecimos hambrientos y permanecimos vivos. Es necesario hacerlo, sobre todo cuando, como a mí, ya no te quedan más conciertos de Springsteen en el horizonte. Cuando te tienes que marchar a lidiar con lo que algunos conocen como el Bruce’s blues (la depresión post-Bruce, por decirlo de alguna manera).

Si algo espero de las giras venideras es que Springsteen sea un poco más consciente de que ha llegado a una etapa vital en la que debería cuidar algo más su legado. Estos conciertos siempre sientan bien. Son fuente de adrenalina y satisfacción en grandes dosis. Pero siento que Bruce y la E Street Band hacen este tipo de espectáculos porque están apurando una máquina de hacer rock and roll que dentro de pocos años ya no será capaz de tocar así durante 4 horas. Y me parece bien. Pero creo que es posible, y necesario, tomar una nueva dirección. Reinventarse estará bien. Todos lo hemos hecho en algún momento de nuestra historia. Y, al final, creo que Springsteen también lo hará. ¿Sabéis por qué? Porque, aunque a veces no lo parezca, es uno di noi.

Fotos: René Van Diemen. Courtesy of Backstreets.

5.07.2016 Stadio Giuseppe Meazza (San Siro), Milano, Italia

Meet Me In The City
Prove It All Night
Roulette
The Ties That Bind
Sherry Darling

Spirit in the Night
Rosalita (Come Out Tonight)
Fire
Something In The Night
Hungry Heart
Out in the Street
Mary’s Place
Death to My Hometown
The River
Racing in the Street
Cadillac Ranch
The Promised Land
I’m a Rocker
Lonesome Day
Darlington County
The Price You Pay
Because the Night
Streets of Fire
The Rising
Badlands

Backstreets
Born to Run
Seven Nights to Rock
Dancing in the Dark
Tenth Avenue Freeze-out
Shout
Bobby Jean
This Hard Land (solo acoustic)

Milán: el río en la jungla

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por Cris Magdaleno

La primera parada de la gira de Springsteen en Italia llegó este domingo al estadio de San Siro, en Milán, templo consagrado del Brucismo en Europa. Bruce Springsteen y la E Street Band ofrecieron a más de 60.000 personas un repertorio con hasta 14 canciones de The River y algunas joyas como Lucille o Jungleland. Habrá un segundo asalto hoy martes, a pesar de que Bruce, en un lapsus, asegurase que la próxima cita sería el lunes.

Este domingo, las puertas del Giuseppe Meazza se abrieron para los primeros números del pit a las 15:00h. Bruce, que esta vez no realizó prueba de sonido, salió algo antes y premió a los primeros en entrar tocando una versión acústica de Growin’ Up.

La apertura del concierto ya auguraba una montaña rusa de emociones. Los fans milaneses habían preparado un enorme mosaico en la grada norte de San Siro que, en tonos azules, rezaba: “Our Dreams Are Alive Tonight”. Y vaya si lo estaban. Una sensacional Land of Hope and Dreams arrancaba como la antesala de lo que sería una más de las increíbles e innumerables noches de Springsteen en San Siro que comenzaron ya durante la gira del Born in the USA en 1985.

Quizá el setlist no refleje la intensidad del show del domingo, pero Bruce parecía enormemente cómodo y la conexión con los italianos era, como de costumbre, brutal. Habló en italiano varias veces, más de lo normal en países de lengua no inglesa. La entrega de ambas partes, banda y público, era total.

Con The Ties That Bind comenzaron a sonar las canciones recogidas en el doble álbum de The River, aunque, eso sí, de manera intermitente. Más de tres horas y media de puro rock and roll. Sin parar. Sin descanso. Llegó el turno también para Jackson Cage, vibrante, e Independence Day (no podía no aparecer con el 4 de julio tan cerca), con palabras en italiano explicando brevemente la temática de la canción. El río seguía fluyendo y, tras gritar “Milano, I have a crush on you!”, tocó la canción homónima.

Una pancarta hizo que Bruce se desviase del setlist previsto para interpretar la deliciosa versión de Little Richard, Lucille, con un Springsteen, vocalmente, en estado de gracia. Continuó con una rapidísima You Can Look y, quizá sabiendo lo muy sufrida que ha sido la crisis económica en el sur de Europa, interpretó Death To My Hometown, de su etapa más reciente.

Point Blank, siempre cruda y dolorosa, fue otro punto álgido. Roy estuvo fantástico al piano en una intro extraordinaria, como es habitual. Además, Trapped hizo enloquecer, por trigésimo séptima vez, a los fans italianos, a pesar de que Bruce se mostró algo torpe con el punteo inicial. I’m a Rocker funcionó muy bien e hizo las delicias de los presentes, que coreaban el estribillo como si se fuese a acabar el mundo inmediatamente después. Bruce continuó con Lucky Town, otra petición desde la pista, bien ejecutada aunque se echó de menos un solo al final algo más brillante.

Del tramo Working on the Highway, Darlington County, I’m On Fire (o similar) no se libra ni el mismísimo San Siro. Supuso un pequeño bajón en la energía del concierto. Puede deberse a que sean temas algo facilones e hipercoreables que, si no estás en las primeras filas, se acaban convirtiendo en algo tediosos, sobre todo si estás en la comodidad de un asiento en grada.

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Los bises arrancaron con Jake Clemons haciendo honor a su apellido, siendo el alma de Jungleland durante el solo de saxo. San Siro se sumergió en la jungla y absorbió, palabra a palabra, la poesía hecha canción más épica del cancionero de Springsteen. Fue, sin duda, el gran momento de la velada. La E Street Band alcanzó la perfección, desde su primer miembro hasta el último. A partir de ahí, pocas sorpresas: Born in the USA, Born to Run, Ramrod, Tenth Avenue Freeze-Out y una inacabable Shout pusieron fin a uno de los conciertos más largos en tierras italianas. Thunder Road en acústico cerró la fiesta con un Bruce visiblemente emocionado tras sentenciar, casi dando un puñetazo sobre la mesa: “San Siro, sois el mejor público del mundo. Os amo”.

En resumen, si bien San Siro corea y ruge con todas y cada una de las canciones, esto puede llegar a ser un problema en algunos de los temas que requieren algo más de tranquilidad y silencio. Unas palmas desacompasadas acompañaron un rato a lo largo de la fenomenal Drive All Night, algo que debería estar castigado con pena de cárcel, como poco. Sin embargo, es preciso mencionar que el comportamiento durante Jungleland y Thunder Road fue ejemplar a la par que emocionante. Cuando eres capaz de escuchar el silencio sepulcral de decenas de miles de personas que, a la vez, contienen el aliento para disfrutar de esos pequeños momentos de los que está hecha la vida, todo lo que has caminado hasta ese instante merece la pena. Un concierto de Bruce es, en esencia, eso. Y este domingo en Milán todo mereció la pena.