18 junio, 2014

Los 30 años del disco más famoso de Bruce Springsteen

born-in-the-usaEl 4 de junio cumplió 30 años el disco que catapultó a Springsteen a la fama en todo el mundo. Aunque con The River pasó de artista de culto a llenar pabellones noche tras noche y ofrecer su primera gira extensa por Europa, le faltaba aun el empujón definitivo. Entre finales de 1981 y la primavera de 1984 Springsteen dedicó casi todo su tiempo a grabar docenas y docenas de canciones en sus casas de Nueva Jersey y California y en estudios de Nueva York.

La cosecha fue inmensa: de sus primeras grabaciones con un multipistas en su pequeña casa de Colts Neck (Nueva Jersey) surgieron las canciones de Nebraska (publicado en septiembre de 1982). Pero el proceso no fue fácil: intentó grabar con la E Street Band la quincena de canciones de su maqueta casera pero no consiguió el sonido adecuado y descartó la idea. Acabó grabando meses después dos temas más (“My Father’s House” y “The Big Payback”) de la misma forma y eligiendo diez de esas maquetas para su publicación en Nebraska.

27116bSimultáneamente escribió docenas de canciones para la E Street Band, mientras su vida personal se iba a pique: se separó de Joyce Heiser, entró en una profunda depresión en 1982 y atravesó los desiertos norteamericanos hasta llegar a California, donde escribió nuevas canciones en la soledad de su apartamento. Volvió a reunir a la banda en 1983 y continuó grabando incesantemente.

El camino fue tortuoso. Steve Van Zandt solo participó en el primero de los cuatro periodos de sesiones del disco (Enero-Mayo 1982, Enero-Abril 1983, Mayo-Junio 1983 y Septiembre ’83-Febrero ’84), antes de abandonar la E Street Band para empezar su carrera en solitario. Los cambios de ánimo de Bruce dieron lugar a todo tipo de canciones que reflejaban su estado de ánimo. Grabó canciones con sintetizadores, cajas de ritmos, en formato acústico, con toda la E Street Band… temas alegres, tristes, oscuros, trágicos, himnos, baladas…

De las sesiones surgieron Nebraska, Born in the U.S.A. y algunas canciones publicadas en caras B de singles, en la caja Tracks o el recopilatorio The Essential, además de decenas de canciones publicadas en discos piratas y otras que siguen inéditas. La suma de las canciones conocidas llega a la impresionante cifra de 86 temas.

HitFactoryAwardEn la recta final, y a petición de Jon Landau, Bruce escribió “Dancing in the Dark” y su carrera cambió para siempre. Con el disco ya masterizado cambió de opinión de nuevo y añadió “No Surrender” a la cara B en el último minuto.

El 3 de mayo se publicó el single “Dancing in the Dark”, con la inédita “Pink Cadillac” en la cara B, y todo explotó. Un mes después se publicó el LP Born in the USA y, como se suele decir, el resto es historia.

Con motivo de su 30 aniversario publicamos dos artículos sobre el disco más famoso de la carrera de Springsteen, a cargo de Héctor G. Barnés y Miguel Martínez:

MUERTE Y GLORIA
por Héctor G. Barnés

BORN IN THE U.S.A., cómo no te voy a querer
por Miguel Martínez

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18 junio, 2014

BORN IN THE U.S.A. – 30 ANIVERSARIO (II)

tumblr_mhanp7hkPN1qk04hlo2_500BORN IN THE U.S.A., cómo no te voy a querer
por Miguel Martínez

El cinismo, esa obscenidad descarada, la desvergüenza en el mentir, cada vez está más arraigado. Son los tiempos, que marcan la pauta. En ese sentido, renegar de Born In The U.S.A., más o menos sacando pecho, podría considerarse desde hace años, y diría que la costumbre no va a menos, un estándar cínico, en el mundo springsteeniano y en el otro, sobre todo cuando los listillos de turno, que abundan, como en casi todo, se las dan de auténticos. Uhm, demasiado comercial. Uhm, es el preferido de los que no entienden, de los arribistas. Uhm, es cuando Bruce se vendió. Y que si Jon Landau por aquí, ese fenicio, y que si Born To Run por allá, que aquello sí eran himnos, y que si el sintetizador de “Dancing In The Dark”. Zzzzzzz. Aburrido.

Born In The U.S.A. es un disco magnífico. Fue un disco magnífico. Aquel fogonazo de rock’n’roll en technicolor en el ecuador de los 80, con un single detrás de otro, sonando en las radios (importantísima, la radio, entonces era fundamental como correa de transmisión) y colándose entre banalidad y banalidad. No tenía precio estar en casa y, de repente, notar que ponían “Bobby Jean”. Subidón adolescente en la onda media. Accesible, dinámico, con dobles lecturas música-letra, musculoso… Un pepinazo que abrió la puerta del planeta del de Nueva Jersey a decenas de miles que no lo conocían y que le abrió a él la puerta a otro planeta, el que habitaban esas decenas, centenares, de miles a quienes quería llegar, porque un porcentaje de Bruce superior al 50 por ciento siempre soñó ser Elvis Presley, Chuck Berry, The Rolling Stones… Le gustarán todo lo que le gusten Slim Dunlap y Peter Case, Phosphorescent y, si miramos hacia atrás, Frank Wilson, pero él quería jugar en la Gran Liga. Le puso palos a esa rueda porque tenía la mosca de la inseguridad detrás de la oreja (mayor palo que Nebraska es difícil que exista), pero en 1984 se decidió, por fin, a asumir esa realidad.

xkpzbqA pesar de lo que dijo Dave Marsh con aquel (¿cínico?) comentario de que “Downbound Train” era lo peor que Springsteen había hecho hasta la fecha (puesto en entredicho, sin ir más lejos, por la versión que de ese tema ha hecho Kurt Vile, o las del propio Bruce sobre el escenario, pongamos las de 2009 a esta parte), el álbum está lleno de estados de shock de principio a fin. El corte titular, canción protesta en pleno paroxismo, “Cover Me” o el tema que hoy sería el hit ochentero de culto de Donna Summer de habérsela pasado a la diva, “Working On The Highway” o cómo debió sonar / sonará el Nebraska eléctrico, esa joya de la corona de los mitos ocultos que tanto tiempo llevamos esperando (¿en el Tracks 2?), los saxos de Clarence entrando y saliendo como cartuchos de postas en asaltos de bar band que están a la par con los mejores de The River, ya sea “Darlington County” o “I’m Going Down”, Johnny Cash puesto al día en “I’m On Fire”, tan tórridamente… Y “Dancing In The Dark”, su single valiente en mayúsculas. Qué momento, en 2002, Barcelona, cuando la entonó y una pareja de ciegos delante mío se levantó de sus asientos para bailarla cogida de las manos, mientras lloraban a lágrima tendida. Donde otros no entendían nada ellos lo entendían todo. Porque esa es la lacra que arrastra este álbum, la de haber sido malentendido, a pesar de ser el que se facturó de manera más clara para llegar a un mayor número de gente, etcétera. Volví a percibir lo mismo cuando “Queen Of The Supermarket” (¿tan diferente es su forma y fondo de “I Wanna Marry You”?), por no hablar de varios momentos del doble lanzamiento de 1992 (el cinismo se quedó a gusto: a Bruce tocaba entonces apalearlo, de tal manera que quién iba a sacar punta a “Cross My Heart” y su relación con Sonny Boy Williamson II, etcétera).

Reflexiones de un sábado por la tarde, con el verano llamando a la puerta. No me hagáis mucho caso, para qué, pero poneros una vez más “I’m Goin’ Down”. Sin esa canción igual yo no estaría aquí escribiendo esto. Ni habría descubierto “Highway Patrolman”.

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18 junio, 2014

BORN IN THE U.S.A. – 30 ANIVERSARIO (I)

Alternate Flag ShotFoto: Annie Leibovitz

MUERTE Y GLORIA
por Héctor G. Barnés

Las discusiones sobre la autenticidad resultan por lo general bastante baldías y mucho más anacrónicas de lo que nos gustaría pensar. Como explica recientemente Bob Stanley en su entrevista con Kiko Amat, citando el libro Faking It de Hugh Barker y Yuval Taylor, si Robert Johnson registró un puñado de oscurísimos blues a mediados de los años 30, no fue porque hubiese descendido al último círculo del infierno de Dante y hubiese vuelto para contarlo, sino entre otras cosas, porque su productor, Don Law, prefirió obviar la parte más pop, jazz y swing de su repertorio y quedarse únicamente con la leyenda del negro maldito con el objetivo de vendérsela al público blanco. No es que Johnson vendiese su alma al capital. Más bien, entendió que el mundo gira a una velocidad diferente a la que nos gustaría, y si no nos adaptamos, terminaremos perdiendo pie.

En 1982, Springsteen se encontraba en una de las grandes encrucijadas de su vida. The River lo había depositado a las puertas de la fama y el éxito incipiente de estrellas como Michael Jackson sugería que los ochenta podían ser la época de los grandes blockbusters discográficos. En su mano estaba hacer con el rock lo que Jackson había hecho con el soul, pero, ¿estaba preparado (mental, emocionalmente) para amplificar el estallido de Born to Run hasta el infinito? En la vida americana, el éxito lo justifica todo: llegar a la cima te concede la legitimación definitiva. En ese sentido, Born in the USA era el último paso, el final de su carrera. Al otro lado del espejo, Nebraska se erigía la seductora alternativa al megaestrellato. Una vida anónima, convertido en un corredor de fondo, escribiendo y grabando lo que quisiera, tocando en pequeños teatros. Pero Springsteen nunca quiso tener un perfil bajo. Así que decidió dejar de grabar canciones y pasar a hacer historia.

nebraska teac 144 3Eso sí, tomó para ello la vía más inteligente: repetir Nebraska, ese disco deprimente y asfixiante, con el sonido panorámico de la E Street Band. Born in the USA es Nebraska y Nebraska es Born in the USA, y no sólo porque «Born in the USA», «Working on the Highway» o «Downbound Train» fuesen grabadas para aquel, al igual que otras canciones como «Atlantic City». Ambos discos describen, en primera persona en Nebraska, y en tercera persona en Born in the USA (o, mejor dicho, en primera persona del plural, ese “nosotros” que se ha convertido en el principal sujeto de la obra de Springsteen) el estado de ese país que se sitúa en los miles de kilómetros que separan Nueva York de Los Ángeles. Se ha utilizado a menudo el apelativo de heartland rock para definir esa declinación tan propia de Springsteen de la experiencia del rock’n’roll: no se trata sólo de una música escapista, bailable o que permite expresar la propia subjetividad de su autor, sino de una experiencia compartida que trasciende la relación entre artista y oyente. Es el sonido del país entero. De ahí que Bobby Jean tenga un nombre tan rústico, que se hable de béisbol, que se aluda al condado de Darlington y de que, finalmente, se vuelva al pueblo para decirle a Kate que es hora de irse. El telón de fondo no es esa Nueva York mítica, ni la oscuridad en las afueras de la ciudad. Son todas las multitudes que contenía Walt Whitman. Una arriesgada empresa que debía responder una pregunta: ¿cómo se hace un super ventas rockero? Springsteen (y Landau) tenían la respuesta. Y quizá Little Steven tuviese algo que objetar en todo ello.

Tiende a olvidarse, pero Born in the USA es un prodigio de marketing. Tan bueno como la fórmula de la Coca-Cola, pero menos dañino que esta. Todas las reservas que Springsteen ha planteado posteriormente a la edición del disco suenan a excusa. ¿Deberían haber figurado «This Hard Land», «Frankie», «Murder Incorporated» o «My Love Will Not Let You Down», canciones probablemente mejores que la mayoría de las editadas? No está tan claro: Born in the USA funciona como una síntesis de The River que, como aquel, utiliza la infalible estructura de pares de canciones para construir su narración: de la desesperación de la América moderna («Born in the USA», «Cover Me») a la frívola diversión con trasfondo un tanto nihilista («Darlington County», «Working on the Highway») y los claroscuros del amor, el deseo y el sexo («Downbound Train», «I’m on Fire»). La cara B arranca con dos himnos de resistencia y amistad, «No Surrender» y «Bobby Jean», seguidos por la traca final: «I’m Goin’ Down», «Glory Days» y «Dancing in the Dark». «My Hometown» es el retorno a casa, y también una despedida. Tengo 35 años, ha nacido mi hijo, quizá sea hora de dejar todo lo que conocí atrás. El sueño del rock and roll se había cumplido para Springsteen, ahora tenía otro reto más importante por delante: el de la madurez. «Life and How to Live It», como cantaban REM.

WITH COURTNEY COXLa serie de álbumes comprendidos entre The Wild, the Innocent & the E Street Shuffle y Nebraska no tiene parangón en la historia del rock, ni siquiera con Dylan o los Beatles. El destino llamó a la puerta del camerino de Springsteen quizá en esa noche de agosto de 1981 cuando tocó delante de los veteranos de Vietnam y miró a los ojos de su público. Puede ser que fuese en ese momento cuando se dio cuenta de que tenía a su país en el bolsillo, que ya no tenía que ganar seguidores uno a uno. Podía dar jaque mate al espíritu de América si movía la pieza adecuada. Así lo hizo, claro está, y la odisea que siguió a aquel éxito es la propia del guerrero que vuelve de un lugar maravilloso en el que sólo se puede vivir poco tiempo. Como todo hombre llamado por el destino, Springsteen se dejó llevar por él en volandas, rechazando sus propios deseos (y principios). Quizá en algunos momentos, como en el primer concierto en estadio en Slane Castle, sintiese algo parecido a lo que le pasaría por la cabeza a Napoleón en Waterloo: el destino se ha cumplido pero quizá no como lo imaginaba. Hacía ya unos cuantos meses que había tomado la decisión de su vida. Entre la muerte y la gloria, entre ser olvidado y recordado, Springsteen eligió ambas cosas. Siempre lo quiso todo, y lo quiso ya.

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10 junio, 2014

4 junio, 2014