El Rey del Mundo

por Julio Valdeón Blanco (New York)

Clarence Clemons hubiera gozado con el espectáculo. Entiéndase, no con la visión de familiares, colaboradores y amigos desolados, sino corroborando que su paso por la Tierra tuvo la altura mítica exigida. Portadas en el New York Times, USA Today, Chicago Tribune, etc. Especiales de 24 horas en tv. Homenajes espontáneos en decenas de bares.

Tanta importancia concedió a la leyenda, bien alimentada por un Springsteen juguetón y entrañable, que sus memorias, publicadas hace dos años, incluían dos tipos de capítulos: los de páginas de fondo blanco, donde supuestamente mentía lo normal, lo que uno miente en ese tipo de artefactos, y las de color gris, dedicadas a contar sus improbables, aunque no descartables, correrías con Groucho Marx o Norman Mailer. La cuestión fiction/faction que tanto ha estudiado Arcadi Espada, resuelta a la brava.

A Clemons, qué duda cabe, le interesaba cultivar una imagen, un personaje que, como explicó Francisco Umbral, tracendiera nuestras chuscas limitaciones. Lo suyo fue un fogonazo que cegaba. Un volcán de raso y cuero que volaba supersónico. Viéndole olvidabas que incluso el más poderoso de los hombres acaba alimentando gusanos. Parecía inmortal. Destinado a sobrevivirnos como mascarón de proa del galeón de una juventud airada. Mitad chulazo mitad superhéroe de Marvel cruzado con pirata, ejercía de polo necesario para que el aceite hirviendo de Springsteen no pusiera todo perdido. Daba réplica al torbellino. Sabía manejarse junto a la fiera rayada. Provocarla y corretear con ella.

Aliviaba en parte la brutal tensión psíquica necesaria para sostener semejantes tormentas, bautizos de fuego imposibles de transitar en ausencia de cómplices. Articulaba, además, la historia de amistad que siempre alentó la E Street Band. El grupo, así, era mucho más que un conjunto de intérpretes ejecutando música. E incluso que una provechosa asociación creativa. Era, es, la pandilla juvenil que trabajaba canina y bebía cerveza. Que perseguía la estela de un cometa cuyas fluorescentes barbas cabalgaban borrachas de velocidad. Envejecieron del brazo a medida que discos, giras, peleas, celebraciones, divorcios y hospitales mordían su armadura de caballeros con tirachinas en vez de espada y guitarra, batería y micrófono en lugar de escudo.

El directo es magia. Espejo donde contemplarnos. Mirador para escapar hacia brillantes desfiladeros, callejones color cerveza, veranos suspendidos, desiertos en exasperado technicolor. En eso, en multiplicar las posibilidades expresivas de una música de por sí rica en matices, asociaciones y hechizo, la dupla Clarence & Bruce no conoció rival. Contemplarlos en los días de gloria, durante las giras del 75, 78 y 80/81, antes del inevitable amaneramiento que trajó el Born in the USA, e incluso hoy, cuando las putas articulaciones impedían aquellos despliegues físicos, pero ya curados del espanto ochentero, sobrios e inteligentes, equivalía a sumergirse en un ritual que hacía buenas las ensoñaciones del rock and roll como blindada camaradería de eternos Peter Pan frente al acantilado. Y aportó más.

Cuando Clarence Clemons se unió a la E Street Band la sangre de Martin Luther King y otros príncipes de los derechos civiles centelleaba fresca. Una banda mestiza llegaba para socavar las repugnantes tiranías de la raza. Explicitaba, de paso, que el rock, y aún más el de Springsteen, era hijo del crisol. Heredero de Elvis Presley y Sam Cooke. Escucha el imprescindible directo del Harlem Square Club, las imprecaciones al público de un Cook poseído, y encontrarás claves. Poco después el soul de Stax, nacido del trabajo, inspiración y valentía de chavales blancos y negros en un antiguo cine de Memphis, había musicado un movimiento liberador que en los discos de Springsteen, y en su puesta en escena, hallaba natural heredero. El beso que ambos, Bruce y Clarence, se daban, era una dentellada incruenta pero explícita contra tanta y tan penosa mierda acumulada en siglos de impostura y odio. Una declaración política, incluso ideológica, sin necesidad de manifiestos. En el segundo que duró quedaba clara la obviedad de que los hombres, por encima de cualquier diferencia, son sustancialmente iguales, hermanos cuyos anhelos musicaban.

En artículo para el Daily News David Hinckley explica que las notas más importantes de Clarence no eran las del saxofón. Ciertamente había siempre algo más en juego, un viaje al fondo de la música que trascendía su contenido. Ese carisma fue su gran arma. Aunque no, ni de lejos, la única. Oh, ya, su digitación quedaba lejos de la de un Charlie Parker o un Coltrane. Carecía de su precisión, de su supertodada técnica. Bueno, jamás pretendió emularles. Lo suyo fue el rock and roll. Tampoco “Be My Baby” debe de compararse, en términos de pura y bruta musculatura mental, con “A Love Supreme”. Ni las rancheras de José Alfredo Jiménez con los discos de Miles Davis. Su territorio es otro.

Quien abjura del rock y demás hierbas silvestres por simples, aquel que las contempla con la mirada del cazador de verbosidades, está perdido. Si se dice, vamos a escuchar algo, mmm, popular, en vez de Adriana Valera, Doc Pomus, Leiber & Stoller, los Stones, la Bernarda de Utrera o Chavela Vargas, o Bruce Springsteen & The E Street Band, optará por el jazz-rock y otras acomplejadas melopeas. Entre el tai-chi de Lou Reed, los recitales poéticos de Lou Reed y el “Heroin” de Lou Reed la elección es obvia, pero el sector cool, incluido el actual Lou Reed, no lo entiende. Springsteen y Clarence sí. Sabían cuál fue su combustible y emblema. No se desviaron.

Volviendo a las disquisiciones sobre Coltrane, la técnica, etc. Lo sustancial, lo que importa, es que en la historia del rock and roll nadie ha firmado más solos memorables de saxo que Clarence Clemons. Tenemos al imperial King Curtis, primera y gran influencia. O a Steve Douglas, que acompañó entre otros a Elvis y fue contratado por Bob Dylan cuando no tenía claro como afrontar su siguiente reinvención. Pero lo de Clarence apabulla: “Born to Run”, “Rosalita”, “Spirit in the Night”, “Jungleland”, “Prove it all Night”, “The Promised Land”, “Badlands”, “Sherry Darling”, “Independence Day”, “I Wanna Marry You”, “Fade Away”, “Drive all Night”, “Bobby Jean”, “Blood Brothers”, “Secret Garden” o “Back in Your Arms” serían impensables sin su aportación.

No es poco para alguien más alabado por su presencia, simpatía y bla bla bla que por su talento. Si se fijan, el listado de clásicos con Clarence de coprotagonista decrece a medida que pasan los años. A finales de los ochenta el sonido del saxo era una herencia del rhythm & blues a la que Springsteen encontraba difícil acomodo. Su escritura, orientada por cuestiones de madurez hacia los tonos sepia y la herencia de Hank Williams, comenzaba a abandonarle. En discos a mi juicio inferiores a los del período clásico, como The rising, Clemons logró reinventarse con una presencia sutil, tal y como señala Luke Lewis en una pieza de NME con la que comparto parte de este argumento. Ya no disparaba aquellos salvajes pasajes marca de la casa, como puede comprobarse escuchando, por ejemplo, el directo del 75 en el Main Point. Se limitaba a dar un paso al frente para clavar el correspondiente solo. Muchas veces calcado del original. Todavía fuerte, poderoso, abrasador o melancólico, a pesar de que la ligereza, la imaginación, no eran las mismas. Para evitar que el ritual se fosilizara ya estaba Springsteen. La misión de Clarence era la del custodio del pasado. Conectaba con el embrujo de una época que rugía, perfumada de vida, mientras tocase.

Creo que con la reciente publicación de The promise Springsteen quiso homenajear la faceta de la E Street Band que auspiciaba Clarence, la que hija de los Four Tops, Sam & Dave o Martha & The Vandellas abrazaba las tapicerías de una América golpeada pero pujante. Recuerdo la última vez que le vi, en el Madison Square Garden, la noche en la que tocaron The river entero. El mejor concierto que les he visto. También estuve la noche anterior, pero fue entonces, con “Fade Away”, “The Price You Pay”, “The Ties That Bind”, etc, con Clarence empujando la carrocería de aquellas canciones que tanto han vivido y tanto nos han vivido, cuando mejor recordé hasta qué punto su sonido, incluso con las inevitables abolladuras, era el sonido del rock and roll que amo. Había que contemplarle levantándose del trono, de la silla eléctrica, de las muletas y aparatajes que disimulaban sus dolores, para creer en milagros. Con un bramido suspendía el tiempo. Con dos minutos por delante te lanzaba a las estrellas. Nadie como él supo acunar los miedos de un público que bajo su sombra volvía a la adolescencia. A apredear farolas. A besar bajo la luz de un candil a la pebeta rubia que ya era dolorido ayer o señora cana. A creer en la mística del coche como vehículo espacial santificado por Chuck Berry que a trompicones, entre saguaros, corre hacia la tierra prometida.

No añadiré que al morir Clarence muere la música, porque es una conclusión necia. Pero sí que, unida a otras muertes privadas y cercanas, el que se va muriendo poco a poco soy yo, mausoleo contra mi voluntad de tantas canciones que me hicieron y que al desaparecer sus hacedores me van dejando solo. Cada día un poco más solo y más triste. Eso sí, mientras duró, apilados en aquel coche desvencijado, desencajados de tanto reírnos, con las ventanillas bajadas, el viento aullando como una llamarada, fue un viaje memorable.

Bruce Springsteen: el mito en directo. Quinta parte: 1977

por Salvador Trepat y Pablo Surja

1977

Hoy hace exactamente 34 años que Bruce Springsteen se subió por cuarta noche consecutiva al escenario del Music Hall de Boston para dar el último concierto de su minigira de 1977. Fue un concierto histórico, pletórico, definitivo, y considerado ya uno de los mejores de su carrera. No fue el único: la noche antes, con un par de canciones distintas, fue igualmente extraordinario. Si la tónica en esa época era dar conciertos inolvidables, esas dos últimas noches se salió, superándose a sí mismo y dejando marca en la historia.

Rebobinemos unos meses: la gira ‘Born to run’ acaba en noviembre del ’76 con los conciertos en el Palladium de Nueva York. Springsteen se toma un respiro en invierno, sólo aparente: siguen sus problemas legales con su mánager Mike Appel y el enfrentamiento en los tribunales. Su rabia y su frustración aumenta. No puede grabar, el juez, a petición de Appel, se lo prohibe momentáneamente. Bruce sigue escribiendo canciones durante este periodo de lucha. A las ya estrenadas en los conciertos (“Rendezvous”, “Something in the Night”, “Frankie” y “The Promise”) se unen “Sherry Darling” (una canción alegre -escrita en el 76- en medio del drama, no estrenada ni en directo en esos momentos), “Action in the Streets” y “Don’t Look Back”.

En enero del ’77 Springsteen entra en un estudio, pero no para grabar sus nuevas canciones sino para colaborar con Ronnie Spector. Con la ayuda de la E Street Band graban el single “Say Goodbye to Hollywood” / “Baby Please Don’t Go”. Al parecer las sesiones se alargaron y grabaron muchas más canciones con destino a un posible álbum, que nunca se editó. El resto del material, por tanto, sigue encerrado en algún archivo y nunca se ha publicado. El 22 de enero Bruce sube a un escenario de nuevo: esta vez en un pequeño club de Hillsdale, Nueva Jersey. Sin previo aviso, canta “Carol” y “Rosalita” con la banda Pegasus . Una noche de diversión para mitigar sinsabores.

Ya en febrero se lanza a la carretera de nuevo con la E Street Band: toca sobrevivir y ganarse el pan. Continúa el llamado The Lawsuit Tour, con 33 fechas por Estados Unidos y Canadá. La gira acaba con cuatro conciertos en Boston en marzo. Hay grabaciones de la mayoría de estos conciertos, incluídos los cuatro finales de Boston.

Bruce sigue incorporando a los Miami Horns en estos conciertos. Es una auténtica delicia escuchar a toda la banda entregando sus mejores interpretaciones justo antes de la gira del Darkness. Los conciertos suponen un cambio de actitud respecto a giras anteriores: aparece el Springsteen más rabioso y enérgico, preludio de la gira que llegará al año siguiente. Springsteen apabulla noche tras noche, estrena nuevas canciones y muestra una capacidad de comunicación y entrega inusitadas.

Debuta “Action In The Streets”, una composición muy soul de Bruce, que incomprensiblemente solo apareció durante estos dos meses de gira y se perdió para siempre. Igual de raro es lo de “Don’t Look Back”, estrenada en marzo en un concierto en Ohio, descartada de la selección de Darkness un año después, y olvidada hasta su publicación en Tracks y su reaparición en el 99 en el Reunion Tour.

Datos curiosos de la gira: el 13 de febrero se tiene constancia del primer show conocido con intermedio (concierto en Toronto, del cual existe un fantástica grabación). Una versión revisada de “Something in the Night” abre el concierto en Rochester del 8 de febrero. El famoso “Detroit Medley” suena por única vez ese año en el concierto de Detroit del 15 de febrero. Dos días después, en Cleveland, Ronnie Spector sube al escenario del Richfield Coliseum para cantar “Be my Baby”, “Walking in the Rain”, “Baby, I Love You” y “Say Goodbye to Hollywood”. Del concierto en St.Paul del 19 de febrero se conserva una filmación en Super8, ampliamente circulada entre coleccionistas, que incluye 11 de las 13 canciones del concierto y nos muestra a un Springsteen pletórico.

Llegado marzo Springsteen toca en Florida, y del concierto en Jacksonville (día 4) se conserva otra fantástica grabación con una increíble versión de “It’s my life”. El día 12 en Latrobe, PA el concierto acaba con un intenso “Twist and Shout” mezclado con el clásico de The Premiers “Farmer John”. Salvo algunas rarezas ocasionales, como las aquí mencionadas, la gira mantiene un repetorio bastante estable, abriendo los conciertos con “Night” y cerrándolos con la espectacular “Quarter to Three”.

Y llegamos a los cuatro conciertos en Boston que cerrarán la gira. Hay que poner atención especial a los dos últimos, considerados como algunos de los mejores de su carrera. Estamos, sin duda, ante algo grande. Por suerte, hay grabaciones de buena calidad de los cuatro conciertos, así que podemos echar un buen vistazo a lo que vieron y escucharon los afortunados que asistieron.

El repertorio de los cuatro conciertos es muy parecido, con pocas variaciones, pero llegados a este punto parece buena idea poner el listado completo del último concierto:

Night
Don’t Look Back
Spirit In The Night
Incident On 57th Street
Thunder Road
Mona – She’s The One
Tenth Avenue Freeze-Out *
Action In The Streets *
It’s Hard To Be A Saint In The City
Backstreets
Jungleland
Rosalita (Come Out Tonight) *
Born To Run
Quarter To Three *
Little Latin Lupe Lu *
You Can’t Sit Down *
Higher And Higher *

* con The Miami Horns (sección de vientos)

(foto: apoteosis en el Boston Music Hall, 23.3.1977)

El núcleo del concierto está formado por 7 de las 8 canciones de Born To Run, solo falta “Meeting Across The River”. Llegados a este punto se puede ver claramente una criba; quedan pocas cosas de giras anteriores. No obstante, lo que queda es muy sólido: nada menos que “Spirit In The Night” (durante la cual Bruce salta a la pista y se pasea entre el público por los pasillos de los teatros y pabellones), una memorable “Incident on 57th Street” y “Rosalita”, auténticos pesos pesados.

El número de canciones por concierto está entre 15 y 17. Puede parecer un repertorio corto porque a partir de giras posteriores aumenta mucho el número de canciones, pero hay que tener en cuenta que varias de esas canciones son deliciosamente interminables. Un “Rosalita” de la época son 13 minutos, “She’s The One” (con su larga intro) son 12, y “Backstreets”, con un maravilloso interludio, llega hasta los 18 minutos en Boston. Definitivamente no son conciertos cortos.

Las habituales canciones rockeras del final de concierto en esta ocasión son “Quarter To Three”, “Little Latin Lupe Lu”, “You Can’t Sit Down” y “Higher and Higher”, todas de marcado aroma soul, llevando el concierto, acompañado por los Miami Horns, a su máximo desenfreno y delirio. “Higher and Higher”, del inolvidable Jackie Wilson, es quizá uno de los momentos definitivos de su carrera sobre un escenario. Es, sencillamente, apabullante.

Los entendidos en analizar las grabaciones hablan del “Backstreets” del día 25 como el mejor “Backstreets” de la historia. Es la interpretación definitiva, y esa es la palabra clave, ‘interpretación’. No se oye nada increíble que no vayas a encontrar en otra grabación, pero está todo tocado con una gran intensidad, con mucha fuerza y convicción.

De hecho, en toda la gira se nota cierto ‘enloquecimento’ (en el sentido más positivo); las interpretaciones no son grandes por su técnica sino por su emoción. Es algo difícil de explicar. Hay muchas cosas que hemos hablado aquí que son fáciles de contar para que todo el mundo las entienda. La magia de estos conciertos no es una de estas cosas: hay que oirlo.

La grabación que circula es de audiencia, con calidad más que suficiente para apreciar todo bien. Sin embargo no se trata de una de esas grabaciones con sonido espectacular, que te hacen creer que el concierto es más de lo que es. Todo suma: desde el momento inicial con Bruce preguntando al público si está preparado para la última noche, la intro de “She’s the One”, los solos de “Saint in the City” y, sobre todo, cada detalle de un “Backstreets” y un “Jungleland” increíbles, llenos de emoción. La culminación de todo llega con el “Higher and Higher” final, sobrecogedor.

A partir de marzo Bruce actúa de manera ocasional en pequeños clubs con otros artistas, tocando en conciertos de Southside Johnny o The Shakes. A mitad de mayo actúa en tres conciertos en Red Bank sustituyendo a Southside Johnny. Southside se pone enfermo, y para no cancelar sus conciertos ofrece a Bruce el cargo de líder de su banda. Un gran premio para los fans, quienes se encuentran con Springsteen liderando a los Asbury Jukes en una serie de conciertos bautizados como The Asbury Park All-Star Revue, que incluyen al propio Springsteen, junto a Miami Steve (cantante principal), los Asbury Jukes, Ronnie Spector y la E Street Band. Una explosiva combinación para tres conciertos mágicos en el Monmouth Arts Center de Red Bank.

El 27 de mayo se produce un hecho relevante: Mike Appel y Bruce Springsteen se ponen de acuerdo ante el juez para solucionar sus diferencias sin tener que llegar a un juicio público. En el acuerdo conseguido Springsteen queda libre para grabar y trabajar con Jon Landau como productor, y Mike y Bruce se reparten los derechos de las canciones, pasando éste a controlarlas. Al día siguiente Bruce y Steve lo celebran viendo un concierto de Elvis Presley en el Spectrum de Philadelphia. Al parecer, el concierto (uno de los últimos de Elvis antes de morir tres meses después) fue decepcionante y ambos volvieron a Nueva Jersey descontentos.

Llega el verano y Springsteen y la E Street Band entran al estudio por fin para grabar su nuevo álbum (hecho perfectamente documentado en el documental The Promise: The Darkness on the Edge of Town Story). En Octubre Bruce graba unas frases en la canción de Lou Reed “Street Hassle”. El disco se publicaría en marzo de 1978. También cede “Because the Night” a Patti Smith, con quien acaba tocando en directo (piano y guitarra) en clubs de Nueva York. Ya en diciembre Bruce cede la canción “Fire” a Robert Gordon e incluso participa en la sesión de grabación de éste, tocando el piano. También sube a tocar con él en clubs de Nueva York.

(foto: con Robert Gordon y Link Wray en 1977)

El año acaba en New Jersey con un concierto de fin de año de Southside Johnny en el Capitol Theatre de Passaic. Un concierto transmitido por radio y con sorpresa final: Springsteen y la E Street Band suben al escenario durante los bises y el teatro explota con “You Can’t Sit Down”, “The Fever”, “Higher and Higher” y otras. Acabado el concierto siguen las sorpresas: Bruce y la E Street Band y los Asbury Jukes deciden seguir la fiesta por su cuenta, regresan al escenario y tocan la primera versión conocida de “Drive All Night” (en una versión abreviada) como intro a una memorable “Backstreets”. La ingesta de alcohol pasa factura, y Springsteen, claramente ebrio, se olvida la letra de “Born to Run” y acaba arrastrándose por los suelos en una delirante “Quarter to three”. Gran parte del show fue transmitido por radio, y la parte final fue filmada para la posteridad por las cámaras fijas del teatro (como lo harían al año siguiente, inmortalizando dos de los conciertos en Passaic de la gira Darkness). La calidad de imagen es bastante mala pero permite ver/disfrutar de esos momentos históricos.

El delirio de fin de año:

(foto: fin de año en Passaic)

En cuanto a las grabaciones de ese intenso año, el concierto del día 25 de marzo es el que más fama tiene entre los coleccionistas, aunque hay otros que le van a la zaga. Estas son las más recomendables:

13 de febrero de 1977 Maple Leaf Gardens, Toronto, Canadá
22 de febrero de 1977 Arena, Milwaukee, Wisconsin
4 de marzo de 1977 Auditorium, Jacksonville, Florida
13 de marzo de 1977 Towson Center, Towson (Baltimore), Maryland
24 de marzo de 1977 Music Hall, Boston, Massachussets
25 de marzo de 1977 Music Hall, Boston, Massachussets
31 de diciembre de 1977 Capitol Theatre, Passaic, New Jersey

Leer la primera parte (1973).
Leer la segunda parte (1974).
Lee la tercera parte (1975).
Lee la cuarta parte (1976).





Bruce Springsteen: el mito en directo. Cuarta parte: 1976

por Pablo Surja y Salvador Trepat

1976

Bruce Springsteen se afeitó la barba el 22 de junio del 76, y nunca más se le ha visto con barba. Hasta entonces siempre la había tenido, más o menos arreglada. Este es un dato frívolo pero si tenemos en cuenta la importancia de Bruce y su Telecaster como icono visual sobre todo en los 80, no está de más reseñar que fue este día cuando Bruce dejó de lucir su barba y dio un cambio en su imagen. (Foto derecha: primavera 1976, una de las últimas fotos con barba y pelo largo)

Pero vamos a lo que nos importa, este año hay 68 shows, de los que hay 40 grabados con mayor o menor calidad. Sigue habiendo datos incompletos y no se conocen todos los repertorios.

La gira se bautizó como “The Chicken Scratch tour” (el rasguño del pollo), por los grandes saltos geográficos en el itinerario de la misma, y las distancias entre las ciudades, como si un pollo hubiera rasgado un mapa y elegido así el itinerario. También desde el verano y hasta el 77 se le denominó, off the record, como “The Lawsuit Tour”, en referencia a los problemas legales que hicieron que Bruce no pudiera grabar nuevo material hasta verano del 77.

Quizá no tengamos en este año una grabación clave, no hay un concierto que sobresalga claramente por calidad de sonido o repertorio. Pero el nivel general es impresionante. Vamos a resumir lo más destacable.

Siguen desapareciendo canciones, “Blinded By The Light” dice adios en abril del 76 y no volverá hasta el 2000. Hablemos de algunas de las nuevas canciones más reseñables: son “Something In the Night”, “Frankie”, “Rendezvous” y “The Promise”.

Aunque estamos en plena gira Born To Run, ya está aquí la primera canción del siguiente disco: “Something In The Night”. No es exactamente la misma versión, ni la letra ni la música, pero ya se va perfilando.

“The Promise”, “Frankie” y “Rendezvous” son joyas perdidas, incomprensiblemente olvidadas en los discos publicados. Son muy diferentes entre sí. El Bruce más íntimo en “The Promise”, el de los himnos rockeros en “Rendezvous”, y el de las armonías densas de “Frankie”.

Este es el momento en que entran en escena los Miami Horns, con sus diferentes formaciones a lo largo de los años. Es impensable un “Raise Your Hand” sin esos metales, que por cierto tenían un arreglo más elaborado que en la versión del Live 75/85 (caja que, por otro lado, lamentablemente obvia por completo las giras de 1973 a 1977 -con la excepción de “Thunder Road”, único testigo de esas épocas de lucha y giras constantes-).

Todos conocemos la importancia de esos metales en “Tenth Avenue Freeze-Out”, pero también se usaban en otras canciones de manera muy sorprendente, por ejemplo en “Rosalita”. Hay otras versiones de canciones con metales bastante desconocidas, por ejemplo la estupenda “A Fine Fine Girl” (originalmente “A Fine Fine Boy”, cantada en 1963 por Darlene Love).


Merece comentario aparte el clásico de los Animals, “It’s My Life”, tocado a cámara lenta, muy intenso, con introducción larga y Bruce contando anécdotas sobre su vida y su padre en sus años de adolescente (una versión parcial de esta canción se puede ver en el documental The Promise).

Los primeros flirteos de Bruce con la armónica son en la intro de “She’s The One”, pero durante el año, esa intro experimenta un cambio. Desaparece la armónica y hay una nueva parte de guitarra durante los golpes iniciales de la batería, al estilo Bo Diddley. Es el precedente de lo que se convertirá en la intro de “Mona” a “She’s the One” en 1977 y 1978.

Bruce sigue añadiendo el latiguillo “I’m just a prisoner of Rock and Roll”, al final de “Quarter To Three”. Se trata de una de esas frases ya míticas que grita al público en momentos clave y que va a ser tan habitual de ahora en adelante.

Los conciertos de 1976 van un paso más allá en comparación con los del inicio de la gira Born to Run en 1975. El álbum ha sido un éxito absoluto y Bruce empieza a tocar en recintos más grandes. Deja los clubs y empieza a tocar en teatros, auditorios municipales de mayor aforo y, por primera vez, un palacio de deportes. Será en octubre de 1976 cuando llene, por duplicado, el pabellón Spectrum de Philadelphia. Su carrera despega y los conciertos arrancan con un nivel superior de energía. Bruce empieza a ser una bestia de escenario (más aun), controla audiencias mayores y acelera su intensidad. El concierto suele empezar con “Night” y “Rendezvous” a ritmo trepidante, seguidas de un “Spirit in the Night” donde inicia el que será su clásico paseo por las primeras filas. Con sólo tres canciones tiene al respetable en el bolsilo y totalmente enloquecido. Canciones como “Backstreets” empiezan a alargarse con el inicio del que será el famoso interludio “Sad Eyes”.

El concierto del 4 de abril en la Universidad de East Lansing, en Michigan, es uno de los pocos en los que interpreta todas las canciones de Born to Run,  incluyendo “Meeting Across the River”, en una versión con toda la banda, exquisita, a medio tiempo. Esa noche estrena también “Frankie”, tocada en público por primera vez. Tres días después toca en Cleveland, donde interpreta, seguidas, tres joyas: “Incident on 57th Street”, “Frankie” y “Backstreets”. De ese concierto, y de la actuación en la misma sala al día siguiente, circulan grabaciones de la mesa de mezclas.

La Springsteenmania va en aumento, y unos días después, para su actuación en la Universidad Penn State, los fans pasan la noche entera durmiendo en la calle para conseguir entradas. El premio será un largo concierto que incluye “Incident on 57th Street” y un final de infarto con “Quarter to three”, “Detroit Medley” y “Twist and Shout”.

Llega el 29 de abril y se produce un hecho histórico. Esa noche dan un concierto en el Ellis Auditorium de Memphis, y sube al escenario el cantante de soul Eddie Floyd, para cantar con Bruce dos de las joyas que escribió: “Raise Your Hand” y “Knock on Wood”. Ya de noche, tras el concierto, Bruce y Steve toman un taxi y se acercan a Graceland, la mansión de Elvis Presley. Allí ocurre el famoso incidente, Bruce salta la valla, intenta ver a Elvis, el guardia le dice que no está y le echan. Bruce afirmó sentirse avergonzado del hecho y ha contado la historia posteriormente en numerosos conciertos.

Del concierto del 11 de mayo en Alabama tenemos un documento único: un vídeo. Gracias a un aguerrido fan que se llevó su cámara muda de película Super8 (hoy en desuso), a la que recientemente se añadió el audio del concierto. El 28 de mayo toca concierto en la academia naval de Annapolis, y Bruce estrena su versión del clásico “Sea Cruise”, dedicada a todos los marineros presentes. Con este concierto acaba la primera parte de la gira oficial. En los siguientes días Bruce tocará en varios conciertos benéficos y tocará con Southside Johnny en Asbury Park, en la presentación del primer disco de Southside con los Asbury Jukes, producido por Van Zandt. Del 21 de junio es la última foto conocida con barba (ver foto), la noche que se acercó a ver un concierto del grupo de David Sancious, Tone, en en Main Point de Bryn Mawr. Cuando reaparece en un escenario el 4 de julio Bruce ha cambiado ya de imagen.

Esa noche del 4 de julio, Springsteen y al E Street Band hacen una sorprendente aparición en el escenario del Stone Pony de Asbury Park. Tras finalizar el concierto programado de Southside Johnny, éste vuelve al escenario acompañado de Bruce y toda la E Street Band. Ante la eminente sorpresa del público tocan furiosas versiones de “Night” y “Rendezvous”. La noche no acaba allí, Bruce va desbocado y acaba dando casi un concierto completo con su banda.

Con el verano llegan los cambios. Bruce reinicia su gira con 6 conciertos seguidos en el Monmouth Arts Center de Red Bank, NJ (antes conocido como Carlton Theatre y actualmente Count Basie Theatre), donde mantiene las nuevas “Rendezvous” y “Something in the Night” en el set list y añade exhilarantes versiones de “You Can’t Sit Down” de los Dovells y “She’s Sure the Girl I Love” de las Crystals (adaptada del original “He’s Sure the Boy I Love”). La característica principal de los conciertos de esta segunda parte de la gira es la adición de una sección de vientos: la de los Asbury Jukes de Southside Johnny, que se convierten aquí en “Miami Horns”. El nombre se debe a “Miami” Steve Van Zandt, quien se ocupó de seleccionar a los músicos. Durante el mes de agosto acompañan a la E Street Band Carlo Novi (saxo), Ed Manion (saxo), Tony Palligrosi (trompeta) y Rick Gazda (trompeta). Los conciertos adquieren nuevo color y más ímpetu con estos cuatro músicos, dando nueva vida (si cabe) a temas como “Rosalita” o “Tenth Avenue Freeze-Out”.

El concierto del 22 de agosto en Springfield quedó registrado con sonido de la mesa de mezclas, y ha circulado ampliamente durante muchos años, aunque bajo nombres y fechas erróneas (“Live in Philadelphia”, “Streets of Life”, “Arena Rock”…).

Pasado el verano los Asbury Jukes vuelven con Southside Johnny, y Miami Steve recluta nuevos músicos para el resto de la gira. El 26 de septiembre debutan los nuevos Miami Horns en Phoenix, Arizona, con estos músicos: Ed De Palma (saxo), John Binkley (trompeta), Steve Paraczky (trompeta) and Dennis Orlock (trombón).


(Foto: Bruce en el Palladium de Nueva York)

La gira crece en intensidad según avanza el año, y culmina con los dos primeros conciertos en pabellones (como cabeza de cartel), con dos conciertos en el Spectrum de Philadelphia, seguidos de 6 noches memorables en el Palladium de Nueva York, donde Bruce cuenta con invitados especiales. Gary US Bonds y Patti Smith cantan en algunos de los conciertos, y la última noche, el 4 de noviembre de 1976, Bruce da un largo e intenso concierto donde cuenta con la colaboración de la mítica Ronnie Spector. Juntos cantan “Baby I Love You”, “Walking in the Rain” y “Be My Baby”. El concierto se retrasó debido a una amenaza de bomba, pero se compensó con el, posiblemente, mejor concierto del año, dos horas intensas y vibrantes que permanecen vigentes gracias a una fantástica grabación de mesa de mezclas. El show acabó con una brutal versión del “We Gotta Get Out of This Place” de los Animals (Carl D’Errico, autor de la canción, estaba entre el público), seguida de la inperecedera “Born to Run”.

Aquí tenéis las grabaciones más recomendadas de este año:

+ sonido de mesa de mezclas

4 de Abril de 1976 – Michigan State University, East Lansing, Michigan
7 y 8 de Abril de 1976 – Allen Theatre, Cleveland, Ohio +
29 de Abril de 1976 – Ellis Auditorium, Memphis, Tennesee +
22 de Agosto de 1976 – Civic Center, Springfield, Massachusets +
9 de Octubre de 1976 – Notre Dame University, South Bend, Indiana
4 de Noviembre de 1976 – Palladium, New York City, New York +

Leer la primera parte (1973).
Leer la segunda parte (1974).
Lee la tercera parte (1975).

The Promise: Luces y sombras de un documental

por Julio Valdeón Blanco

Leve decepción. Me refiero a The promise, el documental de una hora y veintisiete minutos que acompañará a la caja dedicada al Darkness on the edge of town. Dicho en corto, jamás se lo pondría a un neófito como intro al de New Jersey. Ni ciego de estupefacientes, en pleno delirio de apostolado acrítico, aspiraría a que sea la invitación que atice el deseo, la fragante postal que inocule centellas en su pecho.

Tal honor correspondería, sin dudarlo, a Houston 78, también incluido en la caja. Ahí sí, ahí sí puedes tirarte el nardo de lo increíble que era Springsteen, consciente de que no vendes un coche usado, de que se trata de uno de los conciertos más salvajes que jamás hayas visto. Si John Lennon sostenía que para explicarle a un extraterrestre qué fue aquello del pop bastaría con ponerle “Be my baby”, el himno de las Ronettes, yo afirmo que para contar en qué consistía el rock and roll, la música del diablo, el misterioso elixir, hijo bastardo del blues y el country, sobra con este concierto. ¿Tan bueno es? Tanto, que sólo el asombroso doble disco de inéditas que también incluye la caja puede eclipsarlo. Houston 78, con independencia de filias y fobias, más allá de banderías y devociones, imagino que decepcionará a los audiófilos, empeñados en que una grabación añeja ha de sonar perfecta. Para ellos, cualquier caca con reluciente envoltorio bastaría. Para nosotros, sobra con chutarse un directo arrasador, que muge como un búfalo en celo y acuna con la tersura de un campo de estrellas.

Si buscas arte, belleza sin cortar, emociones no adulteradas, opiaceos de primera, si quieres recordar porque cojones amas la música y olvidaste las razones del romance, si creciste enamorado de Jerry Lee Lewis y Mississippi John Hurt, de los Stones y Roy Orbison, de Neil Young, los Stooges, las Crystals, Sam Cooke, los Ramones, Brian Wilson, Doc Pomus, Steve Earle, Johnny Cash o Etta James, entonces te encuentras ante uno de tus conciertos de cabecera, un must incluso si Springsteen te da pereza merced a la insufrible insistencia de unos medios que siempre apuestan ganador con varias décadas de retraso. Lo de sus últimas giras, con tanto principito en la grada y tanto bombo en el telediario, quizá canse, pero amigo, con Houston 78, y con el doble de luminosos descartes, hablamos de algo mágico.

Quizá por eso, comparado con semejante gloria, el documental sabe a poco.

¿Ocasión perdida dice usted? ¿Cómo es posible? ¿Cómo puede ser un frenazo en falso una película rodada por el ganador de un premio Grammy, Thom Zimny, repleta de imágenes inéditas, con Bruce y la banda tocando en el estudio, que ha contado con la participación de protagonistas como Patti Smith, y dedicada a una de sus obras mayores, al disco fundacional de su voz adulta?

Hummm. No negaré que abundan los instantes sublimes, ensayos del 77 en el salón de casa de Springsteen, directos en Red Bank cantando “It’s my life” junto a los vientos de los Asbury Jukes, tomas primerizas de “Factory” y “Something in the night”, aquella gloriosa “Candy’s boy” que mutó en “Candy’s room”, confesiones de los miembros de la E Street Band, discusiones sin edulcorantes, una “Talk to me” sobrecogedora, etc.

Y sin embargo, ay, el listón de los documentales musicales alcanzó la estratosfera merced al magnífico No direction home que Scorsese dedicó a Bob Dylan (o al enciclopédico Runnin’ down a dream de Peter Bogdanovich sobre Tom Petty, o a los rutilantes trabajos de Jonathan Demme con Neil Young) y Darkness on the edge of town no merecía menos.

No si dispones de horas de filmación histórica, con la cámara de Barry Rebo husmeando en el Record Plant, pero obvias que antes grabaron en los Atlantic Studios (con todo lo que eso significa). No si pasas de ampliar el campo de batalla con la gira del 78, a la que apenas dedicas cinco minutos, y guardas bajo llave unas actuaciones, léase Passaic, Largo o, cielos, el cameo de Cleveland junto a Soutshside Johnny, que hubieran salpimentado el guiso con pasajes electrizantes y desconocidos por el noventa y nueve por ciento del personal, que no tiene ni sabe donde encontrar bootlegs (por no hablar de Red Bank 76, que debiera de ocupar el hueco de Paramount 2009).


Claro que toca atenerse al rollo de que ahora, en 2010, la E Street Band suena como nunca, etc. Una impostura comprensible, humana, necesaria para justificarse, pero que avergüenza al colocar aquella enloquecida máquina de facturar r&r, r&b y soul, que tenía todo por demostrar y nada que perder, con el grupo de virtuosos profesionales del show business en que se transformaron hace siglos. Asunto distinto, puestos a comparar, sería el Springsteen de las giras en blanco y negro, en solitario, de “Tom Joad” y “Devils”, encarnación en la que intuyo se encuentra más cómodo y que siempre nos escamotean (¿Para cuándo un DVD y doble CD de la gira de 2005? ¿Los conciertos del Christic Institute del 90?).

Encima, costumbre obliga, el asunto debe salir barato: recuerda el relativo truño del DVD de Hyde Park tras descartar St. Louis 08, etc. Así pues, nada de comprar treinta segundos de Centauros del desierto, Las uvas de la ira, Gun crazy o Retorno al pasado para ilustrar el momento en el que te refieres a Ford, Joseph H. Lewis o Tourneur, y mucho menos, que son aún más caros, fotogramas de las películas de Terrence Malick o Sidney Lumet (¿Tarde de perros?, ¿no?, el ¿Taxi driver de Scorsese con el que tanto comparte Darkness? ¿Ni siquiera Malas tierras?), y cero grabaciones de Hank Williams, los Animals, Woody Guthrie, John Fogerty, las Shirelles, Dion, Elvis Presley o Ray Charles, por no hablar de las hordas punk, Ramones, etc., a las que Springsteen seguía con atención.

¿Qué tal, de paso, haber contextualizado un poquito la época, haber tirado de imágenes del convulso Nueva York de finales de los setenta? El viaje superficial que trazan sufre sobremanera al no salir del estudio, al escamotear las referencias a una ciudad sitiada, con la bragueta abierta y picada de heroína, donde el Bronx ardía y un haz de mierda y devoción, miedo y creatividad, bañaba las calles. Por supuesto, prohibido invitar a alguien ajeno a la organización, no vayan a dar puntos de vista antagónicos con el guión oficial. ¿Dónde están los músicos que se reunían en el Roxy de West Hollywood, aquella bohemia de cantautores californianos, Jackson Browne y cía.? ¿A nadie se le ocurrió entrevistar a Warren Zevon antes de que palmara? ¿Y a Southside Johnny, con el que trabajaron en This time it’s for real y Hearts of stone? ¿Y los críticos, dónde olvidaron a los críticos? ¿Acaso Robert Christgau, Greil Marcus y el resto, que seguían su carrera entonces, no hubieran añadido comentarios sabrosos? ¿No hubiera sido interesante escuchar a Robert Hilburn, crítico de Los Angeles Times, quien tras escuchar a la banda en el Roxy se volvió hacia Dave Marsh, otra inexplicable ausencia, y preguntó «¿Cómo vuelvo y hago la crítica de esto después de haber dicho que el concierto del Forum era uno de los mejores que jamás hayamos visto en Los Angeles. Quién va a creerme?».

También echamos de menos a oyentes más jóvenes, músicos que hayan sido influidos por el Darkness, por ejemplo a Patterson Hood y Mike Cooley, de los Drive-By Truckers, al ubicuo Connor Oberst, al matrimonio formado por Régine Chassagne y Win Butler, núcleo de Arcade Fire, a Carla Torgerson y Chris Eckman de los Walkabouts, acaso a Jeff Tweddy, a Mark Olson y a Gary Louris, o a Brian Fallon, de los Gaslight Anthem.

Los Rolling Stones, siempre tan zorros, han comprendido bien la importancia de autoproclamarse contemporáneos, todavía relevantes, por el procedimiento de invitar a un puñado de cachorros en el reciente documental dedicado a Exile on Main Street. Por no hablar de veteranos con, fijo, mucho que contar, caso de Steve Earle, Emmylou Harris, que versioneó “Racing in the street” en aquel Last date de 1982, Lucinda Williams, etc. Tampoco hubiera sido malo que tipos como Bob Benjamin, amigo temprano y manager de Joe Grushecky, Lou Cohan, cofundador de Thunder road, o Charles Cross, de Backstreets, y presentes, respectivamente, en los directos de Buffalo, Seattle y Winterland 78, hubieran aportado lo suyo.

¿Qué tal, uh, Lynn Goldsmith? ¿Obie? ¿Ken Viola? ¿Peter Knobler o Richard Meltzer de la seminal revista Crawdaddy!? Por si fuera poco, y decididos a que todo lo que cuentan tenga su respectiva traducción en imágenes, The promise obvia la mayoría de las canciones que no fueron registradas por Rebo. Pero ya digo que el defecto esencial, fruto de no haber contado con nadie ajeno a la organización, sea el de escuchar a Springsteen y la E Street Band ejerciendo como reseñistas de su propia carrera en lugar de emplearse a fondo en los hechos para complementarlos luego, con mayor y más creíble enjundia, por la visión histórica y el apunte crítico de testigos, discípulos y escribas.

Ese empeño, el de colocar a los sujetos protagonistas como actor principal, guionista y crítico, jugando a juez y parte, torpedea un documento para el que existía una millonaria cantidad de mimbres. Merecían mejor suerte, y una mano ajena, más fría y también más dotada para la poesía, que el funcionarial, solvente e intuyo que dócil Zimny. Con todo, justifican el gasto Houston 78, el memorable libreto de la caja, y el disco The promise, doble CD que, descontada la opinión de los talibanes (que si el segundo coro, a partir de los 3:08 minutos, es nuevo, que si ese acorde de guitarra no estaba en la original y blablablá. ¡Cómo si alguna vez hubiéramos dispuesto de las originales remachadas y no de una puta mierda de copias que nunca supimos si eran definitivas!), y si bien deja fuera la parte de la historia más salvaje y sombría (siguen pendientes de edición “Preacher’s daughter”, la monumental “Janey needs a shooter”, las bestiales “Goin’ back” y “Crazy rocker”, etc.), no desmerece junto a los clásicos del autor.

Bruce Springsteen: el mito en directo. Tercera parte: 1975

por Pablo Surja

1975

Para entender este año en profundidad tenemos la suerte de tener el documental Wings for Wheels, que se centra en las sesiones de grabación de Born To Run. Bruce y la banda comentan muchos de los datos que os contamos aquí. Este es el año en el que todo explota:

– Jon Landau toma las riendas de la carrera de Bruce, co-produciendo Born To Run.
– El álbum sale al mercado en agosto y confirma que Bruce ya no es una promesa.
– Es el año de las portadas simultáneas en Time y Newsweek, ya no es una estrella local.
– Primer viaje a Europa, a Londres, con el mítico concierto que fue editado recientemente de manera oficial, además de Amsterdam y Estocolmo.
– Steve se une a la banda en directo.

Este año por fin la banda se toma un descanso tras años sin apenas dejar de tocar: no hay conciertos desde el 9 de marzo hasta el 19 de julio. Durante este tiempo de ausencia en los escenarios, Bruce se dedica a las maratonianas sesiones de mezcla de Born To Run.

Decir que aquello fue un descanso es muy relativo, ya que Bruce se encerró en el estudio para volverlos locos a todos con su constante búsqueda de algo que sólo existía en su cabeza. Hablemos mejor de ausencia temporal de los escenarios.

No pretendemos hacer una biografía de lo que fue la vida de Bruce en el 75. A lo que queríamos llegar es a oir las grabaciones de este año, pero se hacía necesario un poco de contexto.

Hasta ahora no hemos hablado en profundidad de conciertos concretos, pero ya tenemos algunos lo suficientemente interesantes antes incluso de la gira oficial de Born To Run. El 5 de febrero del 75 en el club The Main Point, cerca de Philadelphia, Bruce y la E Street dan un concierto que sabemos que fue memorable porque la grabación que ha llegado hasta nuestros días es impecable, debido a que el concierto se grabó y emitió por la radio.

El concierto empieza con una versión de “Incident on 57th Street” al piano, con el violín de Suki Lahav jugando con la voz de Bruce durante partes de la canción. Suki también hace los coros, es muy sorprendente oir una voz de mujer que no es Patti a estas alturas de la historia. El final es indescriptible, Roy y Suki ejecutan unas últimas notas cargadas de sensibilidad, a la vez que se añade de fondo una sirena de policía.

Video: Incident on 57th Street (Widnener College, 6 Febr. 1975, con Suky Lahav al violin)

La violinista Suki Lahav nunca formó parte de la banda oficial, siempre fue presentada como artista invitada durante el periodo en el que estuvo con ellos, desde septiembre del 74, con la llegada de Max y Roy, hasta el parón de marzo del 75. Además, participó en las sesiones de grabación de Born To Run.

Pero sigamos con el concierto. “Mountain of Love” ratifica la mejora del aire más rockero de la banda, y llegamos a una versión limpísima de “Born To Run”, majestuosa, mucho más relajada que las versiones a las que nos hemos acostumbrado después en los estadios, muy agradable de escuchar. Está todo el arreglo ya hecho, todos tocan lo mismo que tocan ahora, la obra de arte que es esta canción ya está aquí, está completa.

La versión lenta de “The E Street Shuffle” da paso a “Wings for Wheels”, la curiosa primera versión de “Thunder Road”, con título, letra y música diferente, aunque ya está la canción más o menos perfilada. En la primera frase Bruce no hace referencia a Mary sino a una tal Angelina. Esta es la primera versión conocida en directo de “Thunder Road”, aunque no sea la versión definitiva del disco. Sólo por este hecho este concierto ya debería tener un significado especial.

La siguiente sorpresa es una versión de “I Want You”, de Bob Dylan, otra vez con el hipnótico violín de Suki como protagonista; y de ahí pasamos a un bloque de canciones que la banda ya domina a la perfección: “Spirit In The Night”, “Growin’ Up”, “It’s Hard To Be a Saint In the City” y “Kitty’s Back”.

Audio: I Want You, de Bob Dylan (The Main Point, Bryn Mawr, Pennsylvannia 5 febrero de 1975)

Y las nuevas, aún inéditas y con arreglos poco conocidos, “She’s The One”, y “Jungleland”. El solo de saxo de Jungleland pasa por ser de los mejores… ¡pero no existía en esta época! En su lugar, Bruce ejecuta un emotivo solo de guitarra en una pelea de lamentos con el violín de Suki, que puede que hasta mejore el solo de saxo posterior.

“New York City Serenade” ha perdido la larga introducción de piano de David Sancious, pero suena más potente en las partes fuertes, y la parte lenta del final acaba con unos golpes simultáneaos de piano y caja muy bonitos y sobrecogedores.

Bruce habla con el público al acabar la canción, les dice que están saliendo en la radio y les pregunta si alguien quiere decir algo. La gente saluda a sus familias, “hola mamá”, “Scott, mejórate”, “hola a Candy”, en un ambiente muy divertido con Bruce muy animado. Todo esto en un club tan pequeño que algunos fans estaban sentados en el borde del escenario y ¡encima del piano!

Ya en la recta final llegan “Rosalita”, “Sandy” y “A Love so Fine”, que suena a la E Street Band de toda la vida, festiva y desenfadada, y que acabaría convirtiéndose en “So Young and In Love” posteriormente.

Aún queda “For You”, la versión al piano, lentísima, la verdad es que no mejora a la versión con banda, pero es muy intensa, con el propio Bruce tocando el piano. Y para acabar, “Back In The USA”, una canción de Chuck Berry, el rock and roll más clásico con solos para todos.

Dos horas y media de concierto, uno de los conciertos más largos hasta el momento, que tenemos la suerte de poder disfrutar hoy. Hay quien dice que esta grabación es el mejor concierto de todas las épocas que hay disponible. Es complicado afirmarlo, pero sin duda es uno de los mejores.

El mes siguiente finaliza la gira del The Wild, The Innocent and the E Street Shuffle, en Washington. Se pone punto final a años dando vueltas por todo el país, pero la banda vuelve a los escenarios en julio, tras un solo ensayo de 19 horas que tuvo lugar la víspera. Comienza la gira de Born To Run, con Steve Van Zandt a la guitarra como novedad.

En este primer concierto hace su primera aparición “Tenth Avenue Freeze-Out”, pero hasta agosto no empieza a haber cambios importantes en los repertorios. “New York City Serenade” y “A Love So Fine” desaparecen y no volverán hasta el año 2000 (hay rumores no confirmados de que “New York City” sonó en la gira del 78, pero no existen documentos sonoros).

A cambio ya están aquí las canciones del nuevo disco: “Backstreets”, “Night” y, en menor medida “Meeting Across The River”, junto al estreno del potente “Detroit Medley”, que se va a hacer habitual al final de los conciertos. La incorporación de Van Zandt a la banda le da más empaque, y permite a Springsteen librarse en parte de sus labores a la guitarra. Una especie de liberación que le permite mostrar sus dotes de showman, lanzándose al público, corriendo por la sala, subiendo a las mesas de los bares donde tocan y aumentado la conexión y complicidad con el público.

Hablemos de más conciertos interesantes: Bottom Line. Nombre del mítico club neoyorquino donde Springsteen dio 10 conciertos en 5 días en agosto del 75, con un lleno total y una repercusión mediática importante. Toda la prensa y los ejecutivos de Columbia acudieron a esos conciertos. Era la prueba del algodón para Springsteen, y todo el mundo salió trastornado por lo visto. Queda un documento: el concierto del 15 de agosto se retransmitió en directo por radio y es la prueba del salto cualitativo del cantante ese año. Iba ya desbocado, camino a la gloria. Sin vuelta atrás.

Audio: A Love So Fine / Shout (Main Point, Bryn Mawr, Pennsylvannia, 5 de febrero de 1975)

Audio: Then She Kissed Me (Bottom Line, New York City, 15 de agosto de 1975)

Audio: When You Walk in the Room (Bottom Line, New York City, 15 de agosto de 1975)

Milwaukee, 2 de octubre, el famoso concierto que fue interrumpido por una amenaza de bomba. No es el único concierto en el que ocurrió esto, pero sí que es el único en el que se llega a desalojar el local. Bruce y la banda se van al bar durante el incidente, y vuelven con unas copas de más.

La segunda parte de este concierto está grabada con gran calidad, directamente de la mesa de sonido, y se nota el puntillo extra que Bruce y la banda llevan. La E Street Band ejecuta los temas con la precisión habitual, pero Bruce está vacilón, y grita repetidamente al público “are you loose?” (algo así como “¿estáis colocados?”) en varias canciones.

Este curioso grito de guerra se ha mantenido hasta la fecha, cada vez que Bruce toca en esta ciudad, siempre grita al público, “are you loose?”.

Audio: Going Back (The Roxy, Los Angeles, California, 17 de octubre 1975)

Otro concierto maravilloso: 17 de octubre, en The Roxy Theater, Los Angeles. Se trata de una serie de cuatro conciertos, del 16 al 19, pero la grabación que hay disponible con buen sonido es la del primer pase del día 17, emitido en directo por la radio, e incluyendo una memorable version del “Going Back” de Carole King. Nada menos que el “Thunder Road” al piano de la caja Live 75/85 es del concierto del día 18. Todo el concierto fue grabado profesionalmente, pero solo ha salido a la luz esta canción. De la misma gira existen grabaciones excelentes (todas grabadas directamente de la mesa de sonido) de los conciertos en Atlanta, Austin, Iowa, Detroit (con una impecable “Ain’t Too Proud to Beg” de los Temptations) y los conciertos de fin de año en Philadelphia, con gran variedad de repertorio y versiones distintas.

En 2005, Bruce y Landau nos dieron la oportunidad de degustar el concierto del 18 de noviembre en el Hammersmith Odeon en Londres, gracias a su impecable edición en vídeo. Es un auténtico placer poder ver este concierto de hace más de 30 años con esta calidad.

La banda vuelve de su viaje por Europa a finales de noviembre, donde tocaron en Estocolmo, Amsterdam y Londres (2 conciertos), y el año acaba con 20 conciertos durante el mes de diciembre, entre actuaciones y entrevistas de radio, finalizando con un show el día 31 en Philadelphia, que también podemos disfrutar con un sonido maravilloso. Bruce interpreta la versión lenta de “Tenth Avenue Freeze-Out”, que no mejora a la versión habitual, pero tiene su gracia como curiosidad.

El mítico teatro Roxy de Los Angeles, donde tocó en 1975 y 1978

Aquí tenéis las grabaciones más recomendadas de este año:

* emitido por radio
+ sonido de mesa de mezclas

5 de Febrero de 1975 – Main Point, Bryn Mawr, Pennsylvannia *
15 de Agosto de 1975 – Bottom Line, New York *
23 de Agosto de 1975 – Atlanta, Georgia +
12 de Septiembre de 1975 – Austin, Texas +
2 de Octubre de 1975 – Milwaukee, Wisconsin +
4 de Octubre de 1975 – Detroit, Michigan +
17 de Octubre de 1975 – The Roxy Theatre, Los Angeles *
30 de diciembre de 1975 – Tower Theatre, Philadelphia +
31 de diciembre de 1975 – Tower Theatre, Philadelphia +

Leer la primera parte (1973).
Leer la segunda parte (1974).

Video: Spirit in the Night (Music Hall, Houston, Texas, 13 de septiembre de 1975, filmado en película Super8 muda, sonido de mesa de mezclas añadido posteriormente, del propio concierto)

Audio: Back in the USA, de Chuck Berry (Main Point, Bryn Mawr, Pennsylvannia, 5 de febrero de 1975)

Audio: Jungleland (Main Point, Bryn Mawr, Pennsylvannia, 5 de febrero de 1975)

Audio: Tenth Avenue Freeze-Out (versión lenta al piano, Tower Theatre, Philadelphia, 31 de diciembre de 1975)

Audio: Mountain of Love (Tower Theatre, Philadelphia, 31 de diciembre de 1975)