Springsteen en Barcelona: rock and roll en vena

river original LPpor Cris Magdaleno

El 21 de Abril de 1981, Bruce Springsteen llegó por primera vez a Barcelona para presentar el disco The River. Era su primer concierto en España. Para los fans que pudieron asistir, la sensación de épica y misticismo respecto a aquella noche sólo aumenta a medida que pasan los años. No es casual que su biógrafo, Dave Marsh, diga que es uno de los mejores recitales que el de New Jersey ha dado jamás.

35 años después, y conmemorando la publicación de ese mismo álbum, Springsteen volvía a Barcelona para el inicio de la gira europea de The River, tras pasar varios meses recorriendo pabellones en América durante cuatro meses. Con las expectativas muy altas y un Camp Nou con 65.000 personas a punto de hermanarse en torno a la E Street Band, Barcelona ansiaba el regreso del Boss después de cuatro años de espera.

Como ocurre con sus primeros discos, la música de The River rebosa atemporalidad. Es un álbum capaz de acompañarte a lo largo de tu vida, adaptándose y cambiando de significado, pero que jamás se se torna viejo o anacrónico. Crece contigo.

IMG_2857 pulseras“¡Hola Barcelona! ¡Hola Catalunya!” y a partir de ahí… éxtasis absoluto. El concierto que anoche abrió la gira es toda una declaración de intenciones por parte de Bruce, que encadenó éxito tras éxito haciendo vibrar desde las primeras filas del pit hasta la Grada Nord del estadio. Badlands, No Surrender, My Love Will Not Let You Down y The Ties That Bind, con un espectacular Max Weinberg relampagueando y haciendo trizas su batería, marcando el ritmo de la noche, casi sin parpadear y chorreando sudor desde la primera nota. Una tras otra, sin medias tintas, sin mediar palabra: no hacía falta decir absolutamente nada. The Ties That Bind inició la veda para que Springsteen nos adentrase en el río.

A pesar de las quejas de algunos fans, que refunfuñaban porque Bruce había anunciado en América que no tocaría en Europa The River entero y en orden, lo cierto es que el álbum fue el hilo conductor de la primera parte del concierto. En el setlist hubo 12 canciones de las 20 que conforman el disco. Aunque de vez en cuando Springsteen se permitía la licencia de tocar algunos éxitos con los que sabía que el fan medio enloquecería, como Glory Days o I’m Goin’ Down, o outtakes para compensar a los más exigentes, como I Wanna Be With You.

IMG_2874 riverLas posibilidades de Bruce Springsteen, con un repertorio tan amplio, son infinitas. Sus conciertos, de manera general bastante imprevisibles, dejan gratas sorpresas que difícilmente olvidas. Los conciertos de Bruce son catárticos y liberadores, pero también cuenta con partes profundas y un tanto oscuras que estremecen. La voz desgarrada de Bruce dejó sin aliento a sus fans durante el tramo en el que tocó I Wanna Marry You (la intro con Here She Comes es sumamente bella y perfecta), The River, Atlantic City (que aunque no pertenezca al disco que da nombre a la gira, su temática encaja muy bien con las demás piezas) y Point Blank. La crudeza de la vida. Por eso The River es nosotros. Porque hay momentos de alegría (Sherry Darling, Out in the Street…), o de amor (Drive All Night), pero también hay lágrimas, decepciones y fracasos. Fue difícil no tener escalofríos mientras los dedos de Roy Bittan acariciaban las primeras notas dePoint Blank.

Las dos últimas canciones de The River que sonaron ayer en el Camp Nou fueron Drive All Night y The Price You Pay. La gira americana ha permitido a Springsteen y a la E Street Band gozar de un gran estado de forma, con una enorme precisión y coordinación entre los músicos. La máquina estaba perfectamente engrasada y Jake Clemons nos condujo con su saxo a través de la balada por excelencia de este disco. The Price You Pay volvió a demostrar que Roy Bittan es un genio imprescindible y que la voz de Bruce en esta etapa vital demuestra un vigor y una potencia fantástica.

El último trozo del concierto antes de los bises volvió a ser un trallazo de rock y adrenalina. Bruce se recreó con Prove It All Night (sin la increíble intro del ’78 que sí que tocó hace cuatro años en la ciudad condal), The Promised Land y Because The Night. Cerró el mainset con Thunder Road, que es ese momento en el que a todos nos brillan un poco los ojos, por unas cosas o por otras, porque es la canción de nuestra vida.

No hubo casi tiempo para aplausos. Después de tres horas empezaron los bises, las luces se volvieron violetas y los primeros acordes de Purple Rain empezaron a sonar. La nostalgia hizo corear la canción a todo el estadio durante uno de los momentos más mágicos de la noche, por inesperado. El solo de Nils Lofgren fue uno de los highlights de la noche.

El maratón acabó con las previsibles Born in the USA, de la que no se desprende, especialmente en Europa, Born to Run,Dancing in the Dark, Tenth Avenue Freeze-out, Shout, Bobby Jean y Twist and Shout. 3 horas y 40 minutos de Rock and Roll. En vena.

PanoramicaMucho se  ha comentado sobre los posibles problemas de salud del Boss. “Tiene dolores en la espalda”. “Está un poco más viejo”. “Ya no corre por el escenario como antes y está más lento”. Vi muy poco de eso ayer en Barcelona. Lo que vi fue a un Springsteen enérgico, con ganas de entregarse, como es habitual, muy a gusto sobre el escenario y aparentemente contento. La E Street Band toca como nunca. O como siempre, según se vea.

Poco se puede decir de los directos de Bruce que no se haya dicho ya. Consigue meterse al público en el bolsillo sin demasiado esfuerzo. Springsteen nos hizo un regalo en 1999 con el Reunion Tour y todavía lo estamos disfrutando. Si todo se mantiene como ayer, hay Bruce y E Street Band para rato. Y ojalá que dure muchos, muchos años. En los conciertos, como ocurre en The River o en la vida, ríes, bailas, cantas, lloras, gritas y te emocionas… Springsteen simplemente intenta hacernos más felices. Y lo consigue.

Barcelona… “You’ve just seen the heart stopping, pants dropping, house rocking, earth quaking, booty-shaking, Viagra-taking, history-making, le-gen-da-ry… E – Street – Band!”

Repertorio concierto Barcelona
Fotos: S.Trepat/J.Aguilera-Point Blank

Documental The Ties That Bind: Conversación consigo mismo

acousticpor Miguel Martínez

Casualmente, la aparición de la caja de ‘The River’ me ha pillado leyendo “Esperanto”, de Rodrigo Fresán. Digo casualmente porque un par de párrafos de ese libro expresan cosas que vienen muy a cuento para captar el sentido de lo que cuenta Bruce en el documental -para mí, apasionante- de esta reedición con extras. En uno se apunta: “Tuviste la mala suerte de crecer con la televisión en colores. Cuando yo era joven la televisión era en blanco y negro y no costaba demasiado pensar que todo no podía pasar por ahí. Porque era una tosca imitación de la realidad. No buscaba suplantarla…”. Y en el otro párrafo, que empieza diciendo “¿sabes lo que pasa? Vos sos de la era del CD y yo soy de la era del LP. Vinilo. En mi tiempo todo tenía un lado A y un lado B. Como el yin y el yang”, se recuerda que “la cuestión estaba en que había que trabajar. Había que levantarse para dar la vuelta al disco y darse vuelta uno. Había que dar vuelta a un disco que los músicos se había tomado el trabajo de concebir a partir de una estructura, de un lado A y de un lado B. Ahora todo es igual. En los CD todo va seguido. No hay orden y siempre está el shuffle o el repeat all. No hay un crescendo y no hay pautas para reflexionar acerca de lo que fue y acerca de lo que vendrá. Ahora todo se reedita con tomas descartadas y bonus tracks que debilitan la idea de algo sólido, armónico y coherente. La idea de un principio y un final necesaria (…) a veces la ayuda de un principio y un final sirve porque, alguna vez, en algún momento, ciertas cosas tienen que terminar…”. Los lazos que ataban.

Captura35Durante casi una hora, Springsteen relata, en una conversación consigo mismo, por más que mire a la cámara o a nosotros a través de ella, cómo nació y creció su cuarto disco. Aquella lucha sin cuartel, componiendo, grabando demos solo en aquella casa de Telegraph Hill Road, enseñándoselas luego a la banda, descartando el resultado, se titulase “Night Fire”, “Under The Gun” o “The Man Who Got Away”, que no le llevaban al álbum adonde quería ir, volviendo a empezar de nuevo, buscando algo. Un algo que era su voz adulta, la que había empezado a desarrollar en “Darkness On The Edge Of Town”, para a partir de ella crear una comunidad de personajes que lo reflejasen a él, con su edad, y a su familia, y también las fuerzas sociales que habían moldeado la historia de los suyos. Un algo que debía mover sus canciones hacia el “mainstream” y las preocupaciones que percibía en la música más vieja que el rock que tanto escuchaba aquellos días, como era el country de Roy Acuff, Johnny Cash, George Jones, Tammy Wynette. Un algo que debía mezclar esa sensibilidad con la excitación de su banda. Un algo que se enfrentara al éxito y el fracaso de las relaciones personales, ese gran misterio para él entonces, que vivía solo por y en la música. No quería ser un mero observador y quedarse “outside looking in”, deseaba involucrarse en lo mundano. Necesitaba algo que le diese coraje suficiente para alejarse de sus inclinaciones más oscuras y no perderse en ellas. “Una vida creada, una vida imaginada, no es una vida, es solo algo que has creado. Una mera historia. Pero una historia no es una vida. Una historia es solo una historia”.

Bruce desgrana eso en el documental con un diálogo que es monólogo, porque su voz es la única que se escucha. Su voz y unos silencios en los que se ensimisma, escarbando en el pasado, en 35 y 36 años atrás, para recordar cómo se esforzó, con la ayuda de su “Rat Pack” particular, aquella E Street Band que asistía estoica a la búsqueda del nuevo santo grial, cada vez más sofisticada, más llena de recursos -pequeño homenaje incluido a Danny Federici y su Hammond B3 en “Hungry Heart”-, más su prolongación, hasta que por fin apareció la canción “The River” y abrió la compuerta al nuevo mundo, a aquel algo que perseguía: y llegó la comunidad de personajes, la voz adulta, también con implicación política, la autobiografía emocional. Ese tema lo interpreta en directo en la película, en el jardín, y lo hace como si lo cantase hacia dentro, o para él, igual que ocurre con el resto de los que toca, dos más en ese mismo lugar, “Two Hearts” e “Independence Day”, y tres en una cocina, “Point Blank”, “Wreck On The Highway” y por último “The Ties That Bind”. Entre una y otra nos va relatando la manera en que fue creciendo el proyecto en su cabeza, desde que comprobó que “The Ties That Bind”, el que iba ser el disco inicial, sencillo, no le parecía “lo suficientemente grande” porque no podía contener todos los colores y sentimientos que quería meter en él. No fue hasta que se decidió que el álbum sería doble que se hizo la luz y ya hubo espacio para baladas y rock de banda de bar, para las canciones del palo Steve Van Zandt (más ruidosas) y las del palo Jon Landau (más formales), los dos produciendo, mientras Springsteen se situaba en el medio y entre los tres se inventaban antídotos contra la esterilidad de algunas grabaciones de la época. Para así sonar como las de Gary US Bonds y The Dave Clark Five, para así mostrar todo el espectro de su directo -la respiración, la profundidad-, para así componer pasajes específicos donde Clarence Clemons y sus solos clásicos evocasen los discos de Dion.

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En las cuatro piezas finales, “Ramrod”, “The Price You Pay”, “Drive All Night” y “Wreck On The Highway”, Bruce nos cuenta que el epicentro son los adioses, cada una afrontándolo a su manera. Las despedidas. Las pérdidas. No hay “happy ending”. Afirma que escogió para el punto final esa pequeña gema que es “Wreck On The Highway” porque quería dejar al oyente pensando en la muerte. “Todos hemos perdido familiares, compañeros. Alguien está ahí y de repente ya se ha ido”. Todo un golpe de efecto, bajar así el telón, “in a very real way”, que nos conduce al principio de este texto. Porque “The River” no quiere ser una tosca imitación de la realidad, ni suplantarla. Va más allá de esa idea estética. Porque en “The River” el reloj que dicta nuestros segundos aquí, que son finitos como bien sabemos a partir de una edad, suena y lo notas. Porque en “The River” el lado A y el lado B te van marcando la pauta para reflexionar acerca de lo que fue y de lo que vendrá, con una secuencia de canciones que refuerza una idea (sólida, armónica y coherente) de un principio y un final. Porque en algún momento ciertas cosas tienen que terminar.

El Springsteen lector

NYCtimesbook interview 2014El pasado mes de octubre el periódico The New York Times entrevistó a Bruce Springsteen en su suplemento dominical literario. Una jugosa entrevista que muestra facetas poco conocidas del artista y donde éste revela sus autores favoritos, de García Márquez a Chekhov pasando por Philip Roth, Bertrand Russell o Cormac McCarthy.

 

por Miguel Martínez

Recuerdo que entre aquellas conversaciones clásicas, o tópicas, que solían darse entre los aficionados a Bruce en los años 90, o pongamos que a partir de la portada de Tunnel Of Love, aparecía muy a menudo el factor Jon Landau. Jon Landau y “la” Sony (el “la” siempre precedía a la mención del sello, como si fuera una especie de bruja mala con escoba). Que si son unos peseteros, que si Bruce se ha vendido por culpa de ellos, que si nos lo han robado, que si ya no es auténtico (?) porque Landau y su discográfica solo quieren que llene estadios… Bendita inocencia. Vivíamos en otro mundo, sin Google ni YouTube ni el maldito euro. A otro ritmo. Imaginábamos más las cosas, la información secreta nos caía encima gota a gota. Supongo que eso, la inocencia, sigue siendo todavía un poco así, porque románticos nunca suelen faltar, solo que ahora es un sentimiento que se vive de otra manera, muy acelerado. Han pasado muchos años y pocos de los que leáis esto, por no decir nadie, escucha casetes piratas del de Nueva Jersey.

AmericanPastoralPhilipRothHa llovido mucho, sí, y uno ya puede preguntarse, casi sin miedo a errar la respuesta, cómo habría sido la carrera de Springsteen sin la guía de Landau. En el documental sobre la elaboración de Darkness On The Edge Of Town ya vimos varias claves iniciales de aquel empujón. En el artículo publicado estos días en “The New York Times” sobre la faceta lectora de Bruce vemos las literarias consecuencias de aquella apertura mental. ¿Habría acabado considerando a Philip Roth el súper ídolo que hoy, o desde hace ya unos cuantos años, es para él? No sin Jon. “La sensación de leer a Roth en su plenitud me recuerda cómo te sientes cuando escuchas una gran canción de Bruce Springsteen. Hay una encantadora simplicidad que enmascara una gran verdad. Un respeto por la vida y las aspiraciones de la gente corriente, y un deseo de confrontar las grandes preguntas”, han escrito en ‘The Guardian’. Su gran escenario sobre los hombros, hasta nuestros días.

La apertura mental, decíamos. Jon se la inyectó a Bruce en aquella segunda mitad de los 70 y luego él le dio rienda suelta. “Estaban Flannery O’Connor, James M. Cain, John Cheever, Sherwood Anderson, y Jim Thompson, el gran escritor de novela negra. Esos autores contribuyeron grandiosamente al giro que dio mi música entre 1978 y 1982. Trajeron un sentido de la geografía y flanneryoconnorwisebloodesa oscura tensión en mi escritura, ampliaron mis horizontes sobre qué debe conseguirse con una canción pop y son todavía, literalmente, la piedra angular de lo que intento conseguir hoy día”, afirma Springsteen en el citado artículo del “The New York Times”. Seguramente sin ellos, y sin Landau, su lenguaje post-Born To Run se podría haber descompuesto, su diálogo caer en la parodia, su carácter, en el estereotipo. Podría haber ocurrido porque era un riesgo más que evidente. Como dice Greil Marcus en su reciente libro “La historia del rock and roll en diez canciones”: “En 1976, el rock and roll podría haber parecido la misma historia de siempre, fijo y estático, con todos sus secretos revelados y una realidad que había que aceptar: precisamente con un gobierno, dirigido por unas pocas discográficas y media docena de iconos sin vida”. Marcus andaba en esa página con el nacimiento del punk. Bruce andaba en 1976 con lo de cómo aplicarle gravedad terrestre al hijo de Johnny B. Goode y Peggy Sue para que no fuera absorbido por el agujero negro que se llevó a Elvis. Ese hijo era él y tenía que luchar para llegar donde necesitaba ir mientras se escabullía de lo que estaba seguro. Tocaba subirse a una nueva alfombra mágica. Y, en buena parte, fueron los libros.

CormacMcCarthyBloodMeridianLo del ‘The New York Times” está ahí fuera, podéis repasarlo. Quién sabe, tal vez os sirva de acicate para descubrir algunos de esos autores y libros que cita, si no los conocéis y habéis leído ya. Tal vez ese artículo de Springsteen os sirva igual que a él le sirvieron aquellas recomendaciones de Landau. Llegué tarde a Philip Roth y lo hice por la insistencia de Bruce en alabarle en las entrevistas de cuando The Rising. Pienso ahora en la historia de “Reno”, en esa crudeza sexual tan a lo “El teatro de Sabbath”, una de las obras maestras de Roth, cómica, épica. “Todo el mundo se masturba en las bibliotecas, para eso están”, en ese plan. O en “My Best Was Never Good Enough” y lo mucho que te conduce a Lou Ford, el protagonista de “El asesino dentro de mí” de Jim Thompson. Por no hablar de la presencia constante de Flannnery O’Connor, ya desde “The River” (título también de un relato de la autora sureña, al igual que “A Good Man Is Hard To Find”, como aquella otra de Tracks) y sobre todo a lo largo de “Nebraska” y en su captura de la maldad. Os recomiendo sus “Cuentos completos”, más de ochocientas páginas sin desperdicio. Poco hay que discurrir para ver que “Hunter Of Invisible Game” es puro Cormac McCarthy (y si quedaba alguna duda, ahí está ese largo vídeo) ni para palpar que a través de las canciones de The Ghost Of Tom Joad va chorreando aquí y allá su meridiano de sangre… Y así podríamos seguir con decenas de ejemplos. Pero no me voy a extender más para no hacerme pesado en la divagación. Y ojalá Bob Dylan publique pronto la segunda parte de sus “Crónicas”. Le tengo tantas ganas a esas páginas como les tenía a aquellas casetes piratas que nos llegaban contra reembolso. Cuánto ha llovido.

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BORN IN THE U.S.A. – 30 ANIVERSARIO (II)

tumblr_mhanp7hkPN1qk04hlo2_500BORN IN THE U.S.A., cómo no te voy a querer
por Miguel Martínez

El cinismo, esa obscenidad descarada, la desvergüenza en el mentir, cada vez está más arraigado. Son los tiempos, que marcan la pauta. En ese sentido, renegar de Born In The U.S.A., más o menos sacando pecho, podría considerarse desde hace años, y diría que la costumbre no va a menos, un estándar cínico, en el mundo springsteeniano y en el otro, sobre todo cuando los listillos de turno, que abundan, como en casi todo, se las dan de auténticos. Uhm, demasiado comercial. Uhm, es el preferido de los que no entienden, de los arribistas. Uhm, es cuando Bruce se vendió. Y que si Jon Landau por aquí, ese fenicio, y que si Born To Run por allá, que aquello sí eran himnos, y que si el sintetizador de “Dancing In The Dark”. Zzzzzzz. Aburrido.

Born In The U.S.A. es un disco magnífico. Fue un disco magnífico. Aquel fogonazo de rock’n’roll en technicolor en el ecuador de los 80, con un single detrás de otro, sonando en las radios (importantísima, la radio, entonces era fundamental como correa de transmisión) y colándose entre banalidad y banalidad. No tenía precio estar en casa y, de repente, notar que ponían “Bobby Jean”. Subidón adolescente en la onda media. Accesible, dinámico, con dobles lecturas música-letra, musculoso… Un pepinazo que abrió la puerta del planeta del de Nueva Jersey a decenas de miles que no lo conocían y que le abrió a él la puerta a otro planeta, el que habitaban esas decenas, centenares, de miles a quienes quería llegar, porque un porcentaje de Bruce superior al 50 por ciento siempre soñó ser Elvis Presley, Chuck Berry, The Rolling Stones… Le gustarán todo lo que le gusten Slim Dunlap y Peter Case, Phosphorescent y, si miramos hacia atrás, Frank Wilson, pero él quería jugar en la Gran Liga. Le puso palos a esa rueda porque tenía la mosca de la inseguridad detrás de la oreja (mayor palo que Nebraska es difícil que exista), pero en 1984 se decidió, por fin, a asumir esa realidad.

xkpzbqA pesar de lo que dijo Dave Marsh con aquel (¿cínico?) comentario de que “Downbound Train” era lo peor que Springsteen había hecho hasta la fecha (puesto en entredicho, sin ir más lejos, por la versión que de ese tema ha hecho Kurt Vile, o las del propio Bruce sobre el escenario, pongamos las de 2009 a esta parte), el álbum está lleno de estados de shock de principio a fin. El corte titular, canción protesta en pleno paroxismo, “Cover Me” o el tema que hoy sería el hit ochentero de culto de Donna Summer de habérsela pasado a la diva, “Working On The Highway” o cómo debió sonar / sonará el Nebraska eléctrico, esa joya de la corona de los mitos ocultos que tanto tiempo llevamos esperando (¿en el Tracks 2?), los saxos de Clarence entrando y saliendo como cartuchos de postas en asaltos de bar band que están a la par con los mejores de The River, ya sea “Darlington County” o “I’m Going Down”, Johnny Cash puesto al día en “I’m On Fire”, tan tórridamente… Y “Dancing In The Dark”, su single valiente en mayúsculas. Qué momento, en 2002, Barcelona, cuando la entonó y una pareja de ciegos delante mío se levantó de sus asientos para bailarla cogida de las manos, mientras lloraban a lágrima tendida. Donde otros no entendían nada ellos lo entendían todo. Porque esa es la lacra que arrastra este álbum, la de haber sido malentendido, a pesar de ser el que se facturó de manera más clara para llegar a un mayor número de gente, etcétera. Volví a percibir lo mismo cuando “Queen Of The Supermarket” (¿tan diferente es su forma y fondo de “I Wanna Marry You”?), por no hablar de varios momentos del doble lanzamiento de 1992 (el cinismo se quedó a gusto: a Bruce tocaba entonces apalearlo, de tal manera que quién iba a sacar punta a “Cross My Heart” y su relación con Sonny Boy Williamson II, etcétera).

Reflexiones de un sábado por la tarde, con el verano llamando a la puerta. No me hagáis mucho caso, para qué, pero poneros una vez más “I’m Goin’ Down”. Sin esa canción igual yo no estaría aquí escribiendo esto. Ni habría descubierto “Highway Patrolman”.

BORN IN THE U.S.A. – 30 ANIVERSARIO (I)

Alternate Flag ShotFoto: Annie Leibovitz

MUERTE Y GLORIA
por Héctor G. Barnés

Las discusiones sobre la autenticidad resultan por lo general bastante baldías y mucho más anacrónicas de lo que nos gustaría pensar. Como explica recientemente Bob Stanley en su entrevista con Kiko Amat, citando el libro Faking It de Hugh Barker y Yuval Taylor, si Robert Johnson registró un puñado de oscurísimos blues a mediados de los años 30, no fue porque hubiese descendido al último círculo del infierno de Dante y hubiese vuelto para contarlo, sino entre otras cosas, porque su productor, Don Law, prefirió obviar la parte más pop, jazz y swing de su repertorio y quedarse únicamente con la leyenda del negro maldito con el objetivo de vendérsela al público blanco. No es que Johnson vendiese su alma al capital. Más bien, entendió que el mundo gira a una velocidad diferente a la que nos gustaría, y si no nos adaptamos, terminaremos perdiendo pie.

En 1982, Springsteen se encontraba en una de las grandes encrucijadas de su vida. The River lo había depositado a las puertas de la fama y el éxito incipiente de estrellas como Michael Jackson sugería que los ochenta podían ser la época de los grandes blockbusters discográficos. En su mano estaba hacer con el rock lo que Jackson había hecho con el soul, pero, ¿estaba preparado (mental, emocionalmente) para amplificar el estallido de Born to Run hasta el infinito? En la vida americana, el éxito lo justifica todo: llegar a la cima te concede la legitimación definitiva. En ese sentido, Born in the USA era el último paso, el final de su carrera. Al otro lado del espejo, Nebraska se erigía la seductora alternativa al megaestrellato. Una vida anónima, convertido en un corredor de fondo, escribiendo y grabando lo que quisiera, tocando en pequeños teatros. Pero Springsteen nunca quiso tener un perfil bajo. Así que decidió dejar de grabar canciones y pasar a hacer historia.

nebraska teac 144 3Eso sí, tomó para ello la vía más inteligente: repetir Nebraska, ese disco deprimente y asfixiante, con el sonido panorámico de la E Street Band. Born in the USA es Nebraska y Nebraska es Born in the USA, y no sólo porque «Born in the USA», «Working on the Highway» o «Downbound Train» fuesen grabadas para aquel, al igual que otras canciones como «Atlantic City». Ambos discos describen, en primera persona en Nebraska, y en tercera persona en Born in the USA (o, mejor dicho, en primera persona del plural, ese “nosotros” que se ha convertido en el principal sujeto de la obra de Springsteen) el estado de ese país que se sitúa en los miles de kilómetros que separan Nueva York de Los Ángeles. Se ha utilizado a menudo el apelativo de heartland rock para definir esa declinación tan propia de Springsteen de la experiencia del rock’n’roll: no se trata sólo de una música escapista, bailable o que permite expresar la propia subjetividad de su autor, sino de una experiencia compartida que trasciende la relación entre artista y oyente. Es el sonido del país entero. De ahí que Bobby Jean tenga un nombre tan rústico, que se hable de béisbol, que se aluda al condado de Darlington y de que, finalmente, se vuelva al pueblo para decirle a Kate que es hora de irse. El telón de fondo no es esa Nueva York mítica, ni la oscuridad en las afueras de la ciudad. Son todas las multitudes que contenía Walt Whitman. Una arriesgada empresa que debía responder una pregunta: ¿cómo se hace un super ventas rockero? Springsteen (y Landau) tenían la respuesta. Y quizá Little Steven tuviese algo que objetar en todo ello.

Tiende a olvidarse, pero Born in the USA es un prodigio de marketing. Tan bueno como la fórmula de la Coca-Cola, pero menos dañino que esta. Todas las reservas que Springsteen ha planteado posteriormente a la edición del disco suenan a excusa. ¿Deberían haber figurado «This Hard Land», «Frankie», «Murder Incorporated» o «My Love Will Not Let You Down», canciones probablemente mejores que la mayoría de las editadas? No está tan claro: Born in the USA funciona como una síntesis de The River que, como aquel, utiliza la infalible estructura de pares de canciones para construir su narración: de la desesperación de la América moderna («Born in the USA», «Cover Me») a la frívola diversión con trasfondo un tanto nihilista («Darlington County», «Working on the Highway») y los claroscuros del amor, el deseo y el sexo («Downbound Train», «I’m on Fire»). La cara B arranca con dos himnos de resistencia y amistad, «No Surrender» y «Bobby Jean», seguidos por la traca final: «I’m Goin’ Down», «Glory Days» y «Dancing in the Dark». «My Hometown» es el retorno a casa, y también una despedida. Tengo 35 años, ha nacido mi hijo, quizá sea hora de dejar todo lo que conocí atrás. El sueño del rock and roll se había cumplido para Springsteen, ahora tenía otro reto más importante por delante: el de la madurez. «Life and How to Live It», como cantaban REM.

WITH COURTNEY COXLa serie de álbumes comprendidos entre The Wild, the Innocent & the E Street Shuffle y Nebraska no tiene parangón en la historia del rock, ni siquiera con Dylan o los Beatles. El destino llamó a la puerta del camerino de Springsteen quizá en esa noche de agosto de 1981 cuando tocó delante de los veteranos de Vietnam y miró a los ojos de su público. Puede ser que fuese en ese momento cuando se dio cuenta de que tenía a su país en el bolsillo, que ya no tenía que ganar seguidores uno a uno. Podía dar jaque mate al espíritu de América si movía la pieza adecuada. Así lo hizo, claro está, y la odisea que siguió a aquel éxito es la propia del guerrero que vuelve de un lugar maravilloso en el que sólo se puede vivir poco tiempo. Como todo hombre llamado por el destino, Springsteen se dejó llevar por él en volandas, rechazando sus propios deseos (y principios). Quizá en algunos momentos, como en el primer concierto en estadio en Slane Castle, sintiese algo parecido a lo que le pasaría por la cabeza a Napoleón en Waterloo: el destino se ha cumplido pero quizá no como lo imaginaba. Hacía ya unos cuantos meses que había tomado la decisión de su vida. Entre la muerte y la gloria, entre ser olvidado y recordado, Springsteen eligió ambas cosas. Siempre lo quiso todo, y lo quiso ya.