Bruce Springsteen ha publicado en su sitio web oficial el texto completo que leyó en el funeral de Clarence Clemons en Florida, un discurso emocionante donde revisa los 40 años de amistad con Clarence, y la particular personalidad del saxofonista de la E Street Band.
“La habilidad de Clarence para pasárselo bien era increíble. Llegados los 69, había corrido mucho mundo, porque había vivido ya casi diez vidas, 690 años en la vida de una persona corriente”.
“Estar junto a Clarence era como estar al lado del tío más salvaje del planeta. Te sentías orgulloso, fuerte, emocionado y te reías de lo que pudiera suceder, de lo que seríamos capaces de hacer juntos. Sentías que no importaba lo que trajera el día o la noche, nada podía afectarnos”.
“Clarence no deja la E Street Band al morir. La dejará cuando muramos nosotros”.
Bruce’s eulogy to Clarence Clemons has been posted on BruceSpringsteen.net.
“Clarence’s ability to enjoy Clarence was incredible. By 69, he’d had a good run, because he’d already lived about 10 lives, 690 years in the life of an average man”.
“Standing next to Clarence was like standing next to the baddest ass on the planet. You were proud, you were strong, you were excited and laughing with what might happen, with what together, you might be able to do. You felt like no matter what the day or the night brought, nothing was going to touch you.”
“Clarence doesn’t leave the E Street Band when he dies. He leaves when we die.”
Por si quedaban dudas en el fandom springsteeniano, Steve Van Zandt lo dejó claro en su programa de radio el pasado fin de semana: “Seguiremos creando música y tocando. En la E Street Band, nuestro corazón, Clarence y Danny siempre estarán allí, en el lado derecho del escenario”.
Foto: Bruce y Clarence imitando la portada de Born to Run en uno de los conciertos finales de la gira 2009.
El programa de radio de Van Zandt, “Underground garage“, emitió recientemente un largo especial dedicado a la figura del desaparecido Clarence Clemons, recuperando grabaciones de su carrera en solitario, colaboraciones con otros artistas, conciertos con la E Street Band o incluso sus primeras grabaciones con Norman Seldin a finales de los años 60, antes de conocer a Springsteen. También el reputado Tom Cunningham, de la emisora de Nueva Jersey The Hawk, emitió el 19 de junio un especial radiofónico de una hora (puede descargarse aquí).
Van Zandt aprovechó el programa para hablar de Clarence, del también fallecido Danny Federici, del pasado y del presente. Estos son algunos de los comentarios más interesantes y clarificadores, recopilados y transcritos por NJ.com:
“El rock ha perdido a un artista irreemplazable. La E Street Band ha perdido un segundo miembro. Personalmente he perdido un amigo de toda la vida y un hermano. Los historiadores del rock discutirán largo y tendido las profundas implicaciones raciales y el efecto de una banda blanca de rock en los primeros 70 con un hombre negro de presencia fuerte e inconfundible, y peligrosamente fuera de modas. (…) El Glam había empezado, pero Springsteen decidió mantener un pie firme en el pasado mientras miraba hacia adelante. Suicidio comercial para cualquiera con menos talento que él.
Los miembros de un grupo tienen un vínculo especial. Una gran banda es mucho más que algunas personas que trabajan juntas. Es como una unidad del ejército altamente especializado, o un equipo deportivo ganador. Una combinación única de elementos que se convierten en más fuertes juntos que separados. Vamos a seguir haciendo música y tocando. Seamos realistas, eso es todo lo que realmente sabemos hacer. Pero será muy diferente sin él. Así como ha sido diferente sin Danny (Federici), nuestro primer camarada perdido.
La calidad de nuestra vida se reduce cada vez que perdemos un gran artista. Es un mundo diferente sin Sam Cooke, Otis Redding, Jimi Hendrix, Janis Joplin, Jim Morrison, Curtis Mayfield, Brian Jones y el resto. Pero como los anteriores, Clarence nos deja su obra, que seguirá inspirándonos y motivándonos, y a las futuras generaciones. El rock and roll es nuestra religión, y vamos a seguir perdiendo discípulos a medida que avanzamos, pero levantamos la bandera caída y seguimos adelante, portando las buenas noticias que nuestros héroes han ayudado a crear, con sus cuerpos perdidos, pero dejando su espíritu y su buen trabajo para la eternidad.
En la E Street Band, nuestro corazón, Clarence y Danny, siempre estarán ahí, a la derecha del escenario. Así que gracias, Clarence. No he tenido la oportunidad de decir adiós. Pero voy a verte de nuevo, pronto. Gracias por la explosión de energía vital y la esperanza que aportabas a este mundo miserable con tus grandes y maravillosos pulmones. Y gracias por compartir un pedazo de ese gran corazón todas las noches con el mundo. Lo necesita. Tú y ese saxofón magnífico, celebrando, confesando, buscando redención y proporcionando salvación a la vez. Hablando sin decir palabra, pero de manera tan elocuente, con ese sonido puro que creabas. El sonido de la vida misma.”
Mientras tanto se han sucedido los homenajes a Clarence por parte de la prensa (ver un extenso listado en nuestra noticia del 20 de junio, en constante actualización), así como de compañeros de profesión. Eddie Vedder cantó “Without You” en el programa de televisión de David Letterman (con una guitarra con la inscripción “Clarence”). Pocos días después, en un concierto en el Tower Theatre de Philadelphia, Eddie cantaba “Drive all night” con dos invitados especiales: Glen Hansard (voz) y Jake Clemons (saxo). Jimmy Buffet dedicó “Stories We Could Tell” a Clarence en un concierto reciente en Pittsburgh, y dos días después cantaba “Glory Days” en otra de sus actuaciones. The Gaslight Anthem, banda de New Jersey recomendada por el propio Springsteen, dedicaron a Clemons “Meet Me by the River’s Edge”, mientras que los Phish cantaron “Thunder Road” en su concierto de Portsmouth (ver vídeo), y Drive by Truckers entraron en el escenario del festival Clearwater al son de “Tenth Avenue Freeze-Out” (canción que Bon Jovi interpretaron recordando a Clarence en un concierto hace pocos días).
Más homenajes llegan de la mano de Dave Marsh (en su blog: “Clarence and Bruce, Friendship and Race“), de Nils Lofgren (en su página web: “La pérdida de Clarence es devastadora“) o del gran saxofonista Branford Marsalis (en el sitio web Do The Math), quien tras indicar que Clarence no era un virtuoso del saxo (comparado con los grandes del jazz) le reconoce otras cualidades igualmente valiosas:
“sus solos elevan la canción, la llevan a un nivel superior, un nivel que el Jefe iguala con alegría.
Y creedme, escucharlo en directo ¡era aún más intenso!”.
Continúa después recordando la gira de Amnistía Internacional que compartió con Springsteen y la E Street Band:
“Yo era entonces crítico con Clarence, porque, como músico joven, me centraba en la habilidad y la ‘modernez’, en lugar de en el poder y la profundidad musical. En esa gira aprendí mucho sobre Bruce, y lo mucho que sabe de música, y fui invitado a tocar con su banda. Aparte de mi propia banda, nunca había experimentado tal intensidad sobre el escenario. Por más duro que tocaba, no era suficiente. Y eso que sólo toqué una hora con ellos. Cuando acabó mis labios estaban como cuando no he tocado el saxo durante dos semanas.”
Para terminar, un homenaje visual a cargo de Nick Mead, director del documental sobre Clarence “Who Do I Think I Am?“. Nick ha usado parte del documental y de las muchas horas que filmó a Clarence para crear este vídeo, titulado “Do I Have to Say His Name?”, con música de Springsteen (según Mead, “Gotta Get That Feeling” era la canción de The Promise favorita de Clarence).
A private funeral for Clarence Clemons, with over 150 guests, family and friends, was held yesterday in Palm Beach, Florida, informs the Palm Beach Daily News. Amongst the guests were CC’s wife, Victoria, his four sons, three ex-wives, current and former E Street Band members, plus Bruce Springsteen and Jackson Browne. Bruce sang “Tenth Avenue Freeze-Out”, in a slow acoustic version, while Jackson sang “You’re A Friend of Mine”, with Bruce & The E Street Band.
Clarence had asked Victoria, his fifth wife, to scatter his ashes in a cherished spot in Hawaii. At the ceremony Springsteen remembered the first time he and the Big Man met in Asbury Park in 1971, and how Clarence “was a man of unconditional love, but his love came with a lot of conditions. He was a complex guy… an ongoing project. But when you were in his presence, it was like being in a sovereign nation”.
In New Jersey, governor Chris Christie ordered that flags be flown at half-staff on Thursday in honor of E Street Band saxophonist Clarence Clemons “in special recognition of his contributions to the state, people, and culture of New Jersey”. Meanwhile in Asbury Park many fans gathered at the legendary Stone Pony club to pay homage to Clarence.
Photographer Barbara Pyle has a Youtube videomontage as a tribute to Clarence, with many unreleased photos that she took during the 1975 Born to Run tour.
Ayer tuvo lugar en Palm Beach, Florida el funeral por Clarence Clemons, según informa el diario Palm Beach Daily News. Fue una ceremonia privada para 150 personas, entre familiares y amigos. Entre ellos Bruce Springsteen y Jackson Browne. Bruce cantó “Tenth Avenue Freeze-Out” en homenaje a su amigo de 40 años, en una lenta versión acústica, mientras que Jackson cantó “You’re A Friend of Mine” (el tema que grabaron juntos a mitad de los años 80) acompañado por Bruce y la E Street Band.
Por expreso deseo de Clarence, sus cenizas serán esparcidas por su actual mujer, Victoria, y sus ex-esposas, en un lugar concreto de Hawaii. En la ceremonia de ayer en la capilla Royal Poinciana Springsteen pronunció unas palabras en recuerdo de Clarence: “Clarence fue un hombre de amor incondicional, pero su amor tenía muchas particularidades. Era un tipo complejo… un proyecto en evolución. Pero cuando estabas en su presencia, era como estar en un país soberano“. Springsteen se emocionó contando la historia de su primer encuentro con Clemons en un bar de Asbury Park, hacia 1971.
Mientras tanto, en Nueva Jersey, el gobernador del estado, Chris Christie, ha ordenado que todas las banderas oficiales en el estado ondeen a media asta en homenaje al saxofonista. Christie ha declarado que Clarence “representó el alma y el espíritu de Nueva Jersey. Su asociación con Bruce Springsteen y el resto de la E Street Band dio gran orgullo a nuestro estado y alegría a todos los fans del alrededor del mundo”.
En Asbury Park el club Stone Pony fue se ha convertido en el centro de peregrinación de muchos fans, y se ha llenado de flores, fotos y otros objetos. El club abrió sus puertas y reunió a cientos de personas que fueron a rendir tributo al desaparecido saxofonista.
La fotógrafa Barbara Pyle tuvo la oportunidad de seguir a Bruce y la banda durante las sesiones de grabación de Born to Run y parte de la gira. Hoy ha publicado en internet un vídeo-montaje con fotos inéditas de esa época, en honor a Clarence.
por Julio Valdeón Blanco (New York)
Clarence Clemons hubiera gozado con el espectáculo. Entiéndase, no con la visión de familiares, colaboradores y amigos desolados, sino corroborando que su paso por la Tierra tuvo la altura mítica exigida. Portadas en el New York Times, USA Today, Chicago Tribune, etc. Especiales de 24 horas en tv. Homenajes espontáneos en decenas de bares.
Tanta importancia concedió a la leyenda, bien alimentada por un Springsteen juguetón y entrañable, que sus memorias, publicadas hace dos años, incluían dos tipos de capítulos: los de páginas de fondo blanco, donde supuestamente mentía lo normal, lo que uno miente en ese tipo de artefactos, y las de color gris, dedicadas a contar sus improbables, aunque no descartables, correrías con Groucho Marx o Norman Mailer. La cuestión fiction/faction que tanto ha estudiado Arcadi Espada, resuelta a la brava.
A Clemons, qué duda cabe, le interesaba cultivar una imagen, un personaje que, como explicó Francisco Umbral, tracendiera nuestras chuscas limitaciones. Lo suyo fue un fogonazo que cegaba. Un volcán de raso y cuero que volaba supersónico. Viéndole olvidabas que incluso el más poderoso de los hombres acaba alimentando gusanos. Parecía inmortal. Destinado a sobrevivirnos como mascarón de proa del galeón de una juventud airada. Mitad chulazo mitad superhéroe de Marvel cruzado con pirata, ejercía de polo necesario para que el aceite hirviendo de Springsteen no pusiera todo perdido. Daba réplica al torbellino. Sabía manejarse junto a la fiera rayada. Provocarla y corretear con ella.
Aliviaba en parte la brutal tensión psíquica necesaria para sostener semejantes tormentas, bautizos de fuego imposibles de transitar en ausencia de cómplices. Articulaba, además, la historia de amistad que siempre alentó la E Street Band. El grupo, así, era mucho más que un conjunto de intérpretes ejecutando música. E incluso que una provechosa asociación creativa. Era, es, la pandilla juvenil que trabajaba canina y bebía cerveza. Que perseguía la estela de un cometa cuyas fluorescentes barbas cabalgaban borrachas de velocidad. Envejecieron del brazo a medida que discos, giras, peleas, celebraciones, divorcios y hospitales mordían su armadura de caballeros con tirachinas en vez de espada y guitarra, batería y micrófono en lugar de escudo.
El directo es magia. Espejo donde contemplarnos. Mirador para escapar hacia brillantes desfiladeros, callejones color cerveza, veranos suspendidos, desiertos en exasperado technicolor. En eso, en multiplicar las posibilidades expresivas de una música de por sí rica en matices, asociaciones y hechizo, la dupla Clarence & Bruce no conoció rival. Contemplarlos en los días de gloria, durante las giras del 75, 78 y 80/81, antes del inevitable amaneramiento que trajó el Born in the USA, e incluso hoy, cuando las putas articulaciones impedían aquellos despliegues físicos, pero ya curados del espanto ochentero, sobrios e inteligentes, equivalía a sumergirse en un ritual que hacía buenas las ensoñaciones del rock and roll como blindada camaradería de eternos Peter Pan frente al acantilado. Y aportó más.
Cuando Clarence Clemons se unió a la E Street Band la sangre de Martin Luther King y otros príncipes de los derechos civiles centelleaba fresca. Una banda mestiza llegaba para socavar las repugnantes tiranías de la raza. Explicitaba, de paso, que el rock, y aún más el de Springsteen, era hijo del crisol. Heredero de Elvis Presley y Sam Cooke. Escucha el imprescindible directo del Harlem Square Club, las imprecaciones al público de un Cook poseído, y encontrarás claves. Poco después el soul de Stax, nacido del trabajo, inspiración y valentía de chavales blancos y negros en un antiguo cine de Memphis, había musicado un movimiento liberador que en los discos de Springsteen, y en su puesta en escena, hallaba natural heredero. El beso que ambos, Bruce y Clarence, se daban, era una dentellada incruenta pero explícita contra tanta y tan penosa mierda acumulada en siglos de impostura y odio. Una declaración política, incluso ideológica, sin necesidad de manifiestos. En el segundo que duró quedaba clara la obviedad de que los hombres, por encima de cualquier diferencia, son sustancialmente iguales, hermanos cuyos anhelos musicaban.
En artículo para el Daily News David Hinckley explica que las notas más importantes de Clarence no eran las del saxofón. Ciertamente había siempre algo más en juego, un viaje al fondo de la música que trascendía su contenido. Ese carisma fue su gran arma. Aunque no, ni de lejos, la única. Oh, ya, su digitación quedaba lejos de la de un Charlie Parker o un Coltrane. Carecía de su precisión, de su supertodada técnica. Bueno, jamás pretendió emularles. Lo suyo fue el rock and roll. Tampoco “Be My Baby” debe de compararse, en términos de pura y bruta musculatura mental, con “A Love Supreme”. Ni las rancheras de José Alfredo Jiménez con los discos de Miles Davis. Su territorio es otro.
Quien abjura del rock y demás hierbas silvestres por simples, aquel que las contempla con la mirada del cazador de verbosidades, está perdido. Si se dice, vamos a escuchar algo, mmm, popular, en vez de Adriana Valera, Doc Pomus, Leiber & Stoller, los Stones, la Bernarda de Utrera o Chavela Vargas, o Bruce Springsteen & The E Street Band, optará por el jazz-rock y otras acomplejadas melopeas. Entre el tai-chi de Lou Reed, los recitales poéticos de Lou Reed y el “Heroin” de Lou Reed la elección es obvia, pero el sector cool, incluido el actual Lou Reed, no lo entiende. Springsteen y Clarence sí. Sabían cuál fue su combustible y emblema. No se desviaron.
Volviendo a las disquisiciones sobre Coltrane, la técnica, etc. Lo sustancial, lo que importa, es que en la historia del rock and roll nadie ha firmado más solos memorables de saxo que Clarence Clemons. Tenemos al imperial King Curtis, primera y gran influencia. O a Steve Douglas, que acompañó entre otros a Elvis y fue contratado por Bob Dylan cuando no tenía claro como afrontar su siguiente reinvención. Pero lo de Clarence apabulla: “Born to Run”, “Rosalita”, “Spirit in the Night”, “Jungleland”, “Prove it all Night”, “The Promised Land”, “Badlands”, “Sherry Darling”, “Independence Day”, “I Wanna Marry You”, “Fade Away”, “Drive all Night”, “Bobby Jean”, “Blood Brothers”, “Secret Garden” o “Back in Your Arms” serían impensables sin su aportación.
No es poco para alguien más alabado por su presencia, simpatía y bla bla bla que por su talento. Si se fijan, el listado de clásicos con Clarence de coprotagonista decrece a medida que pasan los años. A finales de los ochenta el sonido del saxo era una herencia del rhythm & blues a la que Springsteen encontraba difícil acomodo. Su escritura, orientada por cuestiones de madurez hacia los tonos sepia y la herencia de Hank Williams, comenzaba a abandonarle. En discos a mi juicio inferiores a los del período clásico, como The rising, Clemons logró reinventarse con una presencia sutil, tal y como señala Luke Lewis en una pieza de NME con la que comparto parte de este argumento. Ya no disparaba aquellos salvajes pasajes marca de la casa, como puede comprobarse escuchando, por ejemplo, el directo del 75 en el Main Point. Se limitaba a dar un paso al frente para clavar el correspondiente solo. Muchas veces calcado del original. Todavía fuerte, poderoso, abrasador o melancólico, a pesar de que la ligereza, la imaginación, no eran las mismas. Para evitar que el ritual se fosilizara ya estaba Springsteen. La misión de Clarence era la del custodio del pasado. Conectaba con el embrujo de una época que rugía, perfumada de vida, mientras tocase.
Creo que con la reciente publicación de The promise Springsteen quiso homenajear la faceta de la E Street Band que auspiciaba Clarence, la que hija de los Four Tops, Sam & Dave o Martha & The Vandellas abrazaba las tapicerías de una América golpeada pero pujante. Recuerdo la última vez que le vi, en el Madison Square Garden, la noche en la que tocaron The river entero. El mejor concierto que les he visto. También estuve la noche anterior, pero fue entonces, con “Fade Away”, “The Price You Pay”, “The Ties That Bind”, etc, con Clarence empujando la carrocería de aquellas canciones que tanto han vivido y tanto nos han vivido, cuando mejor recordé hasta qué punto su sonido, incluso con las inevitables abolladuras, era el sonido del rock and roll que amo. Había que contemplarle levantándose del trono, de la silla eléctrica, de las muletas y aparatajes que disimulaban sus dolores, para creer en milagros. Con un bramido suspendía el tiempo. Con dos minutos por delante te lanzaba a las estrellas. Nadie como él supo acunar los miedos de un público que bajo su sombra volvía a la adolescencia. A apredear farolas. A besar bajo la luz de un candil a la pebeta rubia que ya era dolorido ayer o señora cana. A creer en la mística del coche como vehículo espacial santificado por Chuck Berry que a trompicones, entre saguaros, corre hacia la tierra prometida.
No añadiré que al morir Clarence muere la música, porque es una conclusión necia. Pero sí que, unida a otras muertes privadas y cercanas, el que se va muriendo poco a poco soy yo, mausoleo contra mi voluntad de tantas canciones que me hicieron y que al desaparecer sus hacedores me van dejando solo. Cada día un poco más solo y más triste. Eso sí, mientras duró, apilados en aquel coche desvencijado, desencajados de tanto reírnos, con las ventanillas bajadas, el viento aullando como una llamarada, fue un viaje memorable.

Route 61: The Edge of Glory, by Ermano Labianca
Do the Math: Clarence Clemons, by Brandford Marsalis
Virtual Dave Marsh: Clarence and Bruce, Friendship and Race, by Dave Marsh
NJ.com: Steven Van Zandt: ‘We will continue to make music and perform‘, by Jay Lustig
NJ.com: After Clarence Clemons’ death, what’s next for the E Street Band?, by Jay Lustig
The New York Times: Bromance with the Big Man, by Timothy Egan
The Footy Almanac (Australia): The Passing of a musical inspiration, by Peter Baulderstone
Beyond The Boss: Beef and the Big Man, by Neil van Harte
Huffington Post: Why Clarence Clemons matters to race relations, by Ben Mankiewicz
The Guardian: Clarence Clemons obituary, by Adam Sweeting
NJ.com: A tour of Clarence Clemons’ legacy at the Jersey shore, by Stan Goldstein
On Point: Remembering Clarence Clemons
The Promised Land: El tesoro que nos dejó el gran hombre, con Juan Martín Nogueira
CBC Radio: Interview with Clarence Clemons, by Q Magazine
The Daily: Big Man on Campus, by Kevin B. Blackistone
The New Yorker: Bloodbrother Clarence Clemons, by David Remnick
Matt Orel: King of the entire known universe
Bruceoke.com: Instrumental Jungleland, tribute to Clarence, by Pablo Surja
The Telegraph UK: The Devil’s horn always plays the best tunes, by William Langley
Salon: Teardops on the city, by Wallace Stroby
Variety: My moment with Clarence, by Stuart Levine
The Asbury Park Press: Clemons integrated rock scene, by Chris Jordan
USA Today: E Street Band sax player Clarence Clemons dies, by Edna Gundersen
Nightly News: Brian Williams remembers Clarence
Southside Johnny: Message from Johnny
The Second Disc: We remember Clarence, by Joe Marchese
The Lefsetz letter: Clarence Clemons, by Bob Lefsetz
Examiner.com: A love note to the Big Man, by Jane Murphy
Jersey Style Photography: Remembering the Big Man, by Mark Krajnak
A Deeper Shade of Soul: Notes on the Big Man, by Ben Lazar
Backstreets Magazine: Clarence Clemons 1942-2011
The Virginian Pilot: Clarence Clemons: A big man by every definition, by Rashod Ollison
NME: Clarence Clemons’ Five Best Springsten Sax Solos, by Luke Lewis
The Syracuse Post-Standard: Clemons and Springsteen: An iconic rock photo, in their image, by Sean Kirst
New York Daily News: With Clarence Clemons, the notes that mattered the most weren’t on the saxophone, by David Hinckley
The New York Times:Grieving, from Asbury Park, by Nate Schweber
Life Magazine: Remembering Clarence Clemons (Photo Gallery)
The Claw: Remembering the Big Man, by BW Clausen
New Black Man: RIP Clarence Clemons, by Bob Davis
Paul Schattel: On the death of Clarence Clemons
Blogness on the Edge of Town: Clarence Clemons, An Appreciation, by Pete Chianca
Scott Kemper: On Clarence Clemons
The Screen Door: Clarence Clemons: Cross the river to the other side, by Anthony Kuzminski
El Periódico: Muere Clarence Clemons, el saxofonista de la E Street Band, por Jordi Bianciotto.
El País: Muere Clarence Clemons, el saxofonista de Bruce Springsteen, por Fernando Navarro.
ABC: Clarence Clemons, el saxofón de Eolo, por Manuel de la Fuente.
Blog ‘Esa Canción Me Suena’: El día que la música murió, por Chema Doménech.
Público: Fallece Clarence Clemons, alma de la E Street Band de Bruce Springsteen, por Guillermo Rodríguez
The New York Times: The Big Man, much more than Springsteen’s sideman, by Jon Pareles.
The New York Times: Clarence Clemons, Springsteen’s Soulful Sideman, Dies at 69, by Ben Sisario.
The Star-Ledger: RIP: Clarence Clemons, most essential voice in Springsteen’s E Street Band, by Jon Bream.
The Oakland Press: Clarence Clemons’ death mourned by Springsteen, others, by Gary Graff
The Star-Ledger: Clarence Clemons dies of complications from stroke, by Tris McCall
NJ.com: Clarence Clemons: Some special memories from over the years, by Stan Goldstein
L.A. Times: Photo Gallery
Washington Post: Springsteen sax man Clarence Clemons, 69, dies, by Terence MacArdle
The Asbury Park Press: Clarence Clemons Guest Book
Yahoo News:At NJ haunt, big tears for Springsteen’s Big Man, by Josh Lederman
Visit msnbc.com for breaking news, world news, and news about the economy
The Big Man, Clarence Clemons, the legendary E Street Band’s sax player, passed away Saturday evening, June 18th, at age 69, in Florida, as a result of complications from the stroke he suffered last June 12th. His family and friends, including Bruce Springsteen, have spent the last days with him.
BruceSpringsteen.net posted the following statement last night:
It is with overwhelming sadness that we inform our friends and fans that at 7:00 tonight, Saturday, June 18, our beloved friend and bandmate, Clarence Clemons passed away. The cause was complications from his stroke of last Sunday, June 12th.
Bruce Springsteen said of Clarence: Clarence lived a wonderful life. He carried within him a love of people that made them love him. He created a wondrous and extended family. He loved the saxophone, loved our fans and gave everything he had every night he stepped on stage. His loss is immeasurable and we are honored and thankful to have known him and had the opportunity to stand beside him for nearly forty years. He was my great friend, my partner, and with Clarence at my side, my band and I were able to tell a story far deeper than those simply contained in our music. His life, his memory, and his love will live on in that story and in our band.
Clarence Clemons, saxofonista de la E Street Band y mano derecha de Bruce Springsteen, falleció la noche del sábado en Florida, a los 69 años, a consecuencia de las secuelas del derrame cerebral que sufrió el pasado 12 de junio. Su familia y amigos, incluyendo a Springsteen, han pasado los últimos días junto a él. Con él acaba una era y se hace difícil imaginar ahora una E Street Band sin él.
Bruce Springsteen ha dicho, en un comunicado en su web: Clarence tuvo una vida maravillosa. Creó una familia amplia y extraordinaria. Llevó con él un amor por la gente que hizo que la gente le amara. Quiso a su saxofón, quiso a nuestros fans y dio todo lo que tenía cada noche que subió al escenario. Su pérdida es inconmensurable y estamos honrados y agradecidos de haberle conocido y tener la oportunidad de estar junto a él durante casi cuarenta años. Fue mi gran amigo y compañero, y con Clarence a mi lado, mi banda y yo conseguimos contar una historia mucho más profunda que la que simplemente contenía nuestra música. Su vida, su recuerdo y su amor continuarán viviendo en esa historia y en nuestra banda.
Momentos inolvidables: “Rosalita” (1978)